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Orden y desorden

Abr 17 2020

Editorial – El País

Trump utiliza la pandemia contra el sistema multilateral

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la congelación de los fondos que su país aporta a la Organización Mundial de la Salud (OMS), equivalentes al 15% de su presupuesto. El motivo de la decisión sería la deficiente labor de esta agencia de Naciones Unidas en la gestión de la crisis del coronavirus, relacionada, siempre según Washington, con las presiones que habría ejercido el Gobierno chino para que no se informara de la aparición de la nueva enfermedad. Por el momento, ningún otro miembro ha secundado la suspensión presupuestaria del presidente Trump ni sus especulaciones conspirativas. Y aunque el vacío financiero que dejará Estados Unidos podría ser colmado por otros donantes privados o estatales, evitando que los principales programas se vean afectados, lo cierto es que el alcance político del gesto norteamericano sobrepasa la mera cuestión presupuestaria.

En esta ocasión, Washington se ha valido de la pandemia para abrir un nuevo frente de tensión con China, y, de paso, avanzar en el objetivo declarado de desmantelar el sistema multilateral construido al término de la Segunda Guerra Mundial. Otros organismos de Naciones Unidas, como la Unesco o la agencia encargada de aliviar la situación de los refugiados palestinos, la UNRWA, han estado en el punto de mira de la diplomacia norteamericana, y no es posible descartar que la nómina se amplíe a medida que se vayan sucediendo las crisis de alcance mundial. Los papeles internacionales de las dos mayores potencias del momento parecen estar invirtiéndose: mientras que Estados Unidos apuesta bajo la dirección de Trump por un nuevo proteccionismo, China se inclina por la apertura de los mercados. De ahí que no sea posible descartar nuevas tensiones en las agencias consagradas al comercio y la economía.

La posibilidad de que la realidad internacional esté asistiendo a un cambio en la hegemonía no puede ocultar un proceso más profundo que, de progresar y consumarse, tendrá unos efectos más desestabilizadores que el simple hecho de que China ocupe la posición de Estados Unidos. Se trata de que las reglas que conformaron el orden mundial se encuentran en unos casos amenazadas y en otros en abierto retroceso, inclinando las relaciones entre las grandes potencias, y, en general, entre los Estados, hacia una descarnada competición de poder. Este debería ser el mundo según Trump, convencido no solo de que su poder internacional es el mayor en estos momentos, sino también de que seguirá siéndolo indefinidamente. Un error más modesto que este, como el de que Estados Unidos estaba capacitado para librar guerras con éxito en dos frentes distintos, concebido por la Administración de Bush, marcó el inicio de un desorden mundial del que Washington no parece el mayor beneficiario.

El confinamiento individual y el cierre de fronteras e intercambios que ha propiciado la pandemia de coronavirus está rehabilitando, simultáneamente, las actitudes insolidarias y los reflejos proteccionistas. Esta circunstancia juega a favor de los objetivos inmediatos de la diplomacia de Trump, por más que puede poner en peligro el papel internacional que ha venido desempeñando Estados Unidos durante más de medio siglo. El verdadero peligro no es que China llegue a ser hegemónica, sino que tarde o temprano llegara a serlo en un mundo sin reglas.

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Cheques contra el virus electoral

Ramón Lobo – El País

Congelar el pago a la OMS no ayudará al magnate a ganar la reelección el 3 de noviembre, pero puede costar la vida a decenas de miles de personas en países vulnerables

Congelar el pago a la Organización Mundial de la Salud (OMS) no ayudará a Donald Trump a ganar la reelección el 3 de noviembre, pero puede costar la vida a decenas de miles de personas en países vulnerables. El coronavirus que ridiculizó y minusvaloró en febrero va a superar en breve los 30.000 fallecidos, tres veces más muertos que en el cerco de Sarajevo. La economía se dirige a una recesión que se prolongará más allá de las elecciones. De momento se han perdido 22 millones de empleos.

Sus objetivos son embarrar y desviar la atención, aunque tiene un problema, la hemeroteca. Estados Unidos se enfrenta a la mayor crisis desde Pearl Harbor con el líder menos capacitado para entender cualquier realidad que no sea él mismo. Sus ruedas de prensa son un reality show en las que exhibe su desprecio a la ciencia y a la Constitución. Fue una provocación afirmar que tiene el poder legal para decretar el fin del confinamiento por encima de los gobernadores. No es cierto.

Acaba de retrasar el envío de millones de cheques de ayuda a sus compatriotas porque quiere que lleven estampado su nombre. Se trata de otro caso de abuso y de utilización de recursos del Estado para fines particulares. No es EE UU, es él. Aún falta mucho para noviembre, la tinta de los cheques se evaporará. El desempleo y el pago de cuentas desorbitadas a los hospitales permanecerán.

La semana pasada tuvo lugar una batalla barriobajera en Wisconsin, un anuncio de las que vendrán. Estaban previstas las primarias demócratas y se elegía un juez para el Tribunal Supremo de ese Estado, uno de los que pueden decidir la presidencia. En 2016, Trump ganó a Hillary Clinton por 22.748 votos. El gobernador demócrata intentó aplazar los comicios para habilitar el voto ausente, previsto en casos de emergencia. Hubo un bloqueo republicano apoyado por los jueces. La gente respondió echándose a la calle a votar. Algunos llevaban carteles alusivos al peligro que corrían por defender la democracia. El resultado fue la victoria contra pronóstico de la juez Jill Karofsky. Perdió la opción de Trump. Se trata del primer aviso en las urnas desde que estalló la pandemia.

La retirada de Bernie Sanders de la carrera demócrata tiene que ver con estos sucesos, y con sus nulas posibilidades de ganar la nominación. El camino queda expedito para el oficialista Joe Biden. Sanders le ha brindado su apoyo y ha pedido a los suyos que se vuelquen en la defensa de cada candidato demócrata. El objetivo es echar a Trump de la Casa Blanca. Esto puede indicar que se ha alcanzado un compromiso entre las dos alas del partido que influirá en el perfil de la futura candidata a la vicepresidencia y en un programa basado en tres pilares: una sanidad más justa y universal, un New Deal verde y una pronta salida de la crisis. Hay un cuarto urgente: restaurar los principios éticos de EE UU, ahora en peligro.

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