Comercio, Conflictos armados, Economía y Finanzas, Fuerzas Armadas, Salud

LA GUERRA

May 11 2020

Por Fernando Ayala*

Países productores de armas sufren por igual el ataque de dos poderosos enemigos

“Si conoces al enemigo y a ti mismo, tu victoria es segura. Si te conoces a ti mismo y no al enemigo, tus posibilidades de vencer y perder son iguales.  Si no conoces al enemigo y tampoco a ti mismo, perderás en cada batalla”. Sun Tzu

Dos enemigos han puesto en jaque a la humanidad, ambos sin disparar un solo tiro.  El primero es un pequeño virus, solo visible con un microscopio electrónico y que,  hasta el 23 de abril, ha tomado 2.634.640 millones de prisioneros (contagiados) y ha eliminado a 183.910 personas.  Ni las agencias de inteligencia, ni los sistemas de defensa, han servido para detenerlo. 

El segundo ataque, es el cambio climático.  En parte auto provocado por los mismos que gobiernan el mundo, que han hecho oídos sordos de la comunidad científica, así como al sentido común de la gente.  Ha provocado una secuela de desastres en el planeta que tienden a agravarse al aumentar la temperatura media, el derretimiento de los polos, las inundaciones, los incendios forestales, las sequías, amenazando la vida humana.   ¿Entonces, para qué nos sirve la acumulación de arsenales de armas atómicas, químicas  y convencionales, que representan un despilfarro de miles de millones de dólares?

Los países ricos son los principales productores de armas del planeta. Invierten sumas enormes en investigación científica en la búsqueda de medios para aniquilar y destruir al enemigo.  El año 2019, de acuerdo con el informe del organismo sueco, SIPRI, Stockholm International Peace Research Institute, el gasto militar llegó a 1,8 billones de dólares, es decir, casi la misma cifra que Estados Unidos contempla para apoyar a las empresas y personas a raíz de la pandemia del Covid-19. 

Nunca la humanidad ha gastado tanto dinero en producir armas. La cifra representa el 2,1% del PIB mundial o 239 dólares por cada uno de los 7.750 millones de habitantes. No hay que olvidar que los 90 millones de pobres que habrá a fin de año en América Latina, subsisten con menos de dos dólares diario.

De acuerdo con el informe sueco, en 2018, Estados Unidos gastó 649 mil millones de dólares; casi el triple de lo que gastó China, 250 mil millones. Estos dos países más Rusia, Francia y Alemania son los principales vendedores de armas del mundo mientras que los mejores clientes, en ese año, fueron la India y Arabia Saudita. Podemos agregar que el arsenal de los 9 países que poseen bombas atómicas suma 13.865 unidades, de las cuales Rusia y Estados Unidos tienen el 90%. El mismo está siendo “modernizado” para hacerlo más letal.

Con la Primera Guerra Mundial debutaros las armas químicas, es decir, los gases venenosos que dejaron decenas de miles de muertos en las trincheras. En 1925 se prohibió su uso, pero de nada ha servido.  Las armas químicas y biológicas se han seguido produciendo y usando tanto en Vietnam y recientemente en el Medio Oriente.  Es conocido que las grandes y medianas potencias mantienen arsenales de ellas.  En 2018, de acuerdo con SIPRI, había 27 conflictos armados en el mundo. Afganistán dejó 43 mil víctimas.  El Observatorio de Derechos Humanos de Siria señala que el 2019 hubo 371.222 muertes en ese país, de la cuales 112.623 correspondieron a civiles. En otras palabras, hay buen mercado para la venta de armas.

El Covid-19 y el cambio climático han desnudado la estupidez de quienes gobiernan el mundo. El día después, las potencias deberían escuchar a la gente y poner freno a esta carrera que tiene a la humanidad al borde del precipicio. De nada sirven los miles de millones invertidos en armas para destruir a un enemigo que está en nosotros mismos. Es una quimera pensar que quienes nos gobiernan cambiarán el orden internacional o pondrán fin a la producción irracional de armas.

La única posibilidad está en el voto de las personas por aquellos que realmente deseen poner fin a la locura y legislar con acciones concretas para solucionar la crisis que tiene su origen en un capitalismo voraz y el deseo de poder, que ha provocado la devastación de los ecosistemas vitales de nuestro planeta.

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*Economista de la Universidad de Zagreb  y Máster en Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile. Ha sido embajador de Chile en Vietnam, Portugal, Trinidad-Tobago,  Italia y ante los Organismos Internacionales con sede en Roma.  Trabajó dos años para FAO y actualmente es subdirector de desarrollo estratégico de la Universidad de Chile.  Artículo enviado a Other News por el autor, publicado por la revista chilena “Off the Record”.

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