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Con la reelección de Duda, Polonia da un gran salto hacia lo desconocido

Jul 28 2020

Por Roman Krakovsky (*)

El domingo 12 de julio, los polacos reeligieron presidente de Polonia a Andrzej Duda (PiS, Partido de la Ley y la Justicia), con el 51.03% de los votos, frente al 48.97% que obtuvo el liberal Rafal Trzaskowski (Plataforma Cívica).

Dado que las próximas elecciones (legislativas) no tendrán lugar antes de 2023, la victoria de Duda ofrece al PiS continuar aplicando con total libertad el programa de su primera legislatura: el desmantelamiento de los contrapoderes, con la subordinación del sistema judicial y la sumisión de los medios de comunicación, el distanciamiento de sus socios europeos y la glorificación de una identidad nacional hasta el punto de la caricatura. Con la reelección de Duda, Polonia da un gran salto hacia lo desconocido.

Un revés para la oposición

Las elecciones presidenciales fueron la última oportunidad para que la oposición recompusiera el equilibrio de poder entre la coalición actual dominada por el partido conservador PiS y la oposición liberal, y garantizar un mejor funcionamiento de la democracia. Porque incluso si Polonia es un régimen parlamentario, con predominio del Primer Ministro sobre el Presidente (a diferencia de Francia), este último tiene ciertos poderes, especialmente el derecho de veto legislativo. La cohabitación entre un presidente que pertenece a un partido diferente de la mayoría parlamentaria podría haber permitido bloquear la aprobación de ciertas leyes controvertidas, como la reforma de la justicia, de los medios de comunicación o el aborto (que el parlamento necesita una mayoría de tres quintos para anular). El presidente también confirma el nombramiento de los jueces del Tribunal Constitucional, cuyo papel ha demostrado ser esencial en el enfrentamiento entre al partido gobernante y el sistema de justicia durante años.

Las urnas decidieron lo contrario y el único instrumento que le queda a la oposición para frenar o contrarrestar la acción del gobierno es el control del Senado.

¿Estos tres años de libertad de acción (casi absoluta) agravarán  el endurecimiento político y la transformación del régimen conservador polaco, hasta ahora bastante cercano a lo que el país experimentó en la década de 1930, a un régimen de nuevo tipo, una democracia contra-liberal, siguiendo el ejemplo húngaro? Los próximos meses sin duda darán respuesta a esta pregunta. Pero el desarrollo de las elecciones y sus resultados ya dan algunas pistas sobre lo que se avecina.

Radicalización de las divisiones dentro de la sociedad polaca

En la primera vuelta, los dos candidatos obtuvieron juntos el 73% de los votos, lo que refleja las profundas divisiones de la sociedad polaca. Agregue a eso una participación récord en la segunda vuelta (68.18%), casi tanto como en las elecciones presidenciales de 1995 (68.23%), un récord nacional. La estrecha victoria de Andrzej Duda (solo el 2,06% de los votos lo separan de Rafal  Trzaskowski) subraya aún más esta polarización del país entre una «Polonia A» y una «Polonia B», entre los ganadores y los perdedores de la transición, una división que también se traduce en diferencias en temas relacionados con estilos de vida, Europa o la identidad nacional.

Pero las líneas de fractura no siempre son las habituales. Es cierto que hay una división entre las ciudades (esencialmente pro-Trzaskowski) y el campo (mayoritariamente pro-Duda), y la división entre el Este del país, más conservador y el Oeste, más liberal. El pasado vuelve dolorosamente, como si Polonia no pudiera liberarse de sus viejos demonios … Pero los estudios electorales muestran que la división entre las dos Polonia a nivel social y político es más compleja. Es cierto que los votantes del PiS pertenecen sobre todo a las categorías populares y quienes sienten que son las víctimas del liberalismo y que han podido salir de la pobreza gracias a las medidas sociales de PiS. Aunque estos grupos están principalmente en las áreas rurales, también se encuentran en las zonas urbanas. Y el discurso nacionalista del gobierno actual también encuentra eco entre los representantes de la clase media que se han beneficiado del crecimiento económico en los últimos años y que están comenzando a reclamar un reconocimiento internacional.

Se añaden otras divisiones, más recientes. En particular, entre una Polonia de jóvenes, educados y abiertos al mundo y una Polonia de más de 50 años, gentes que consideran, correcta o incorrectamente, no haber recibido suficientes frutos de su trabajo o que tienen miedo de perder lo que ‘han adquirido con dificultad, y están menos formados. El PiS debería preocuparse por estas divisiones, porque nunca es bueno apoyarse en aquellos cuyas vidas han transcurrido en buena medida y que piensan más en mantener lo que tienen que en abrirse a otras posibilidades, o en aquellos con menor formación. Con el riesgo de fomentar una cierta inercia a nivel empresarial, de alentar el conservadurismo en término de valores y una baja competitividad, todo ello tristes activos para el  siglo XXI…

Durante la campaña electoral, el PiS trató de radicalizar estas contraposiciones, en particular al instrumentalizar el discurso sobre la «ideología LGBTI». Aunque este intento de desarrollar una animadversión movilizadora ha funcionado peor que con el tema «migrante» en 2015-2016, ha radicalizado aún más las divisiones que atraviesan la sociedad polaca, transformando las diferencias políticas en un conflicto existencial (cuestión de vida o muerte para la nación).

Profundización de la crisis política

El estrecho margen entre el ganador y el perdedor de las elecciones presidenciales y las muchas irregularidades observadas a lo largo de la campaña indudablemente conducirán en las próximas semanas a que se cuestionen los resultados. A medio y largo plazo, también corren el riesgo de deslegitimar a Andrzej Duda a los ojos de una parte sustancial de la población y las élites políticas del país.

A esto hay que sumar la complejidad del funcionamiento de la coalición gubernamental (Derecha Unida) en la que el PiS es mayoritario pero no gobierna solo. Durante la campaña electoral, en medio de la crisis del Covid-19, el jefe de Porozumenie,  Jaroslaw Gowin, se opuso públicamente a la celebración de las elecciones y ofreció posponer la votación dos años. Su propuesta fue ignorada y finalmente renunció a su cargo como ministro responsable de Ciencia y Educación Superior. Otros miembros de Porozumenie también se opusieron a la propuesta del PiS de mantener las elecciones el 10 de mayo, lo que condujo a unas extrañas «elecciones sin voto». Pero los socios de la coalición también divergen en muchos otros asuntos internacionales y nacionales.

Finalmente, también hay tensiones dentro del PiS, entre el ala moderada representada por el primer ministro Mateusz Mazowiecki y el ala más radical dirigida por Jaroslaw Kaczynski y Zbigniew Ziobro. Pero, sobre todo, Jaroslav Kaczynski, que técnicamente es únicamente presidente del PiS y miembro de la cámara baja del Parlamento, encabeza de facto el país. Él es quien realmente lo decide todo y permanente arbitra entre los funcionarios del partido, mientras se intensifica la batalla por su sucesión.

Como la coalición solo está al comienzo de su mandato (2019-2023), no se excluye que el Sejm sea disuelto y se convoquen nuevas elecciones para remodelar el panorama político. En cualquier caso, este clima negativo de inestabilidad corre el riesgo de profundizar aún más la crisis política en el país.

Debilitamiento estructural de la democracia

Para que la democracia funcione, debe existir un sistema de controles y equilibrios que proteja a los actores que intervienen en el espacio público y garantice a todos la oportunidad de expresarse libremente y criticar sin problemas la acción de otros actores, en primer lugar el estado. El término «contrapoderes» es algo simplista e induce a pensar len una oposición entre la sociedad civil y las instituciones, por un lado, y el Estado, por el otro. El término inglés «check and balances» expresa mejor la mecánica sutil del juego democrático en el que cada poder influye en los otros y el equilibrio resultante mantiene el estado de derecho, es decir, una situación en la que la ley es se aplica de la misma manera a todos, ya sea un ciudadano, una administración o un político.

Estos controles y equilibrios, como el sistema de justicia y los medios de comunicación, han estado en la mira del PiS desde su regreso al poder en 2015. Para fortalecer el poder del Estado erigido en «protector de la nación», las reformas legislativas y constitucionales han reducido considerablemente la independencia del Tribunal Constitucional, del Tribunal Administrativo y el Consejo Superior de Justicia. En cuanto a los medios, todavía hay libertad de información y pluralidad de opiniones. Pero la televisión pública se ha convertido en el portavoz del gobierno y en un instrumento para las campañas difamatorias contra la oposición. Durante las elecciones presidenciales, transmitió un discurso plebiscitario sobre Duda bordeando la caricatura. Durante el primer debate entre los candidatos, las preguntas fueron redactadas por asesores de Duda, mientras que los otros candidatos estaban en desventaja ante las cámaras y no se respetaba su tiempo de intervención. Todo esto atestigua el debilitamiento estructural de la democracia.

Pero para que la democracia funcione, también hay una serie de estándares no escritos que deben cumplirse. Uno de los más importantes es una forma de tolerancia mutua que implica aceptar al oponente político como legítimo y contenerse a la hora de ejercer el poder sobre él. Estos estándares informales son los que garantizan la confianza colectiva en el funcionamiento del sistema democrático.

La campaña presidencial polaca ha sido una demostración de todo lo contrario. Durante la crisis del Covid-19, el presidente saliente Duda continuó viajando por el país y ocupando cotidianamente los medios, mientras que los otros candidatos tuvieron que limitarse a su presencia en las redes sociales. Para capitalizar esta imagen de protector de la nación y de buena gestión de la crisis, el PiS trató de mantener las elecciones durante el confinamiento, modificando los métodos de votación. Sin embargo, la ley que generaliza el voto por correo, aprobada solo unos meses antes de las elecciones, tenía muchas deficiencias y no garantizaba el acceso de todos los polacos al voto, en otras palabras, la universalidad del sufragio, uno de los principios fundacionales de las democracias actuales.

Entre las dos vueltas, el debate televisado de los dos candidatos se frustró. Andrzej Duda se negó a participar en el debate organizado por los canales de televisión privados, acusando a Rafal Trzaskowski de «querer organizar un debate bajo la protección de medios de comunicación extranjeros «, mientras que Trzaskowski se negó a ir al de la televisión pública porque el debate sería una puesta en escena a favor del presidente saliente. El «debate» tuvo lugar en dos lugares diferentes, cada candidato solo …

Tras las elecciones, Duda comenzó a celebrar la victoria antes de que se anunciara el resultado final, invitando a su oponente derrotado a estrechar su mano en el palacio presidencial para marcar el fin de las hostilidades …

Esta falta de respeto por las reglas democráticas de juego puede matar la democracia, porque traspasado cierto punto, se hace imposible trabajar con el otro, y lo que queda es la violencia…

Unas elecciones europeas

Pero las elecciones presidenciales en Polonia no fueron solo nacionales: también fueron europeas. Porque Polonia tiene un gran peso en la UE, con sus 38 millones de habitantes, su 6 º lugar en términos de PIB y el 5 º en poder adquisitivo y su dinamismo económico (crecimiento del 5% antes del Covid-19). El Brexit ya está provocando un reforzamiento del eje franco-alemán, y al desplazamiento de su centro hacia Europa Central, como demostró el presidente francés Emmanuel Macron con su visita a Polonia en febrero de 2020, cuando intentó relanzar el Triángulo de Weimar, este foro informal de cooperación que reúne a Polonia, Francia y Alemania.  

La victoria del PiS en las elecciones presidenciales fortalece el campo anti-liberal en Europa, que ya se enfrenta en muchos temas a las democracias liberales. La semana pasada, cuando la campaña polaca estaba en pleno apogeo, los líderes de Hungría, Serbia y Eslovenia reafirmaron su compromiso con el principio de soberanía nacional. El viernes 10 de julio, víspera de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y una semana antes de una cumbre extraordinaria de jefes de estado y de gobierno que supuestamente resolverá la cuestión del plan de estímulo post-covid y el próximo presupuesto europeo (2021- 2027), el presidente del Consejo Charles Michel presentó sus propuestas. Incorporan un mecanismo que condiciona la concesión de subsidios por parte de los Estados miembros al respeto de las normas del estado de derecho.Esta propuesta debe ser aprobada por una mayoría calificada del Consejo (al menos el 55% de los Estados miembros que representan el 65% de la población). Como era de esperar, Viktor Orbán ha amenazado con vetar el plan: ahora tiene un aliado seguro en Polonia…

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(*) Roman Krakovsky. Historiador, profesor en la Universidad de Ginebra, autor de Europe Central et Oriental de 1918 à nos jours, Paris 2017.

En “Bitácora” de Montevideo, Fuente: https://courrierdeuropecentrale.fr/avec-la-reelection-de-duda-la-pologne-fait-un-grand-saut-dans-linconnu/ . Traducción: Enrique García

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