Historia, Política, Sociedad civil

Manifiesto Russell-Einstein: más necesario ahora de lo que era antes

Jul 13 2020

By Garry Jacobs y Donato Kiniger-Passigli (*)

Esta semana se cumplen sesenta y cinco años desde que Albert Einstein, Bertrand Russell y otros nueve premios Nobel lanzaron un documento histórico que sería conocido como el Manifiesto de Russell-Einstein. El Manifiesto llamó a los gobiernos del mundo a abolir las armas nucleares para eliminar el peligro inminente de la guerra nuclear que constituía una amenaza existencial para la raza humana.

El Manifiesto no condujo a la erradicación de las armas nucleares pero sí generó una conciencia generalizada sobre los peligros catastróficos de la guerra nuclear. Allanó el camino para la aparición de las Pugwash Conferences on Science and World Affairs (1957) la World Academy of Art & Science (1960) y el Partial Test Ban Treaty (1963), además de otros numerosos otros acuerdos de control de armas. Sirvió de inspiración para el crecimiento del movimiento de abolición nuclear, que alcanzó su punto máximo en la década de 1980, condujo finalmente a la eliminación de decenas de miles de ojivas nucleares al final de la Guerra Fría, y culminó con la concesión del Premio Nobel de la Paz en 1995 a Pugwash y Joseph Rotblat, cofundador de Pugwash y uno de los cuatro signatarios del Manifiesto que también cofundó la World Academy of Arts and Sciences.

El Manifiesto Russell-Einstein fue el precursor de muchas campañas exitosas dirigidas por individuos visionarios para promover la paz y el bienestar global, como por ejemplo la campaña de erradicación de minas terrestres que Jody Williams y una pequeña coalición de ONGs pusieron en marcha y que logró llamar la atención de las altas esferas: actores políticos, los gobiernos y el público en general.

La gravedad del peligro descrito por los autores del Manifiesto en 1955 refleja de cerca la situación mundial actual, aunque ahora las fuentes de las amenazas, la magnitud de las mismas y el alcance global del peligro son muchos mayores. La presencia de armas de destrucción masiva todavía nos amenaza, pero las crisis que enfrenta la humanidad se han multiplicado exponencialmente en número, intensidad, complejidad e impacto en la seguridad humana. La pandemia actual es solo la punta del iceberg. Las enfermedades infecciosas, el hambre y la pobreza, el desempleo y la desigualdad, la inestabilidad financiera y la incertidumbre económica, la retirada de la democracia, la reversión al nacionalismo competitivo y la amenaza general del cambio climático cobran más importancia que nunca. Juntas amenazan la estabilidad y la riqueza de las naciones, la fortuna de las corporaciones, la vida de los ciudadanos y los ecosistemas, la libertad, la seguridad y el bienestar de toda la humanidad. Algunos de estos desafíos discriminan a los pobres y desfavorecidos, a las minorías o a los poblaciones urbanas o costeras propensas a las inundaciones. Esta combinación de factores representa amenazas catastróficas que incluso los más poderosos y ricos encontrarán imposibles de escapar.

En este preciso momento en que se necesita con tanta urgencia liderazgo estos desafíos se ven magnificados por un vacío en el liderazgo global y una pérdida de confianza en las instituciones nacionales e internacionales (en el gobierno, los medios de comunicación, las empresas, la ciencia y las instituciones académicas). Estos han alcanzado su punto máximo en un momento en que el multilateralismo está bajo ataque y las instituciones internacionales establecidas para prevenir la guerra mundial en 1945 están siendo amenazadas y socavadas por los Estados-nación miembros de la ONU.

Las diversas fuentes de estos problemas son bien conocidas. La globalización ha creado un Salvaje Oeste para que las corporaciones multinacionales operen fuera de las fronteras y los límites de la regulación. La teoría económica neoliberal ha llevado a políticas que socavan los derechos laborales, reducen el empleo, proporcionan recortes de impuestos a los ricos y amplían la desigualdad. La financiarización de la economía ha generado un casino global en el que la gran proporción de los 360 billones de dólares en recursos financieros mundiales da la vuelta al mundo en busca de retornos especulativos en lugar de invertir en la economía real que crea empleos y proporciona bienes y servicios para satisfacer las necesidades reales de los seres humanos. La democracia ha degenerado en plutocracia y ha sido subvertida por el populismo. Una gran parte de los medios de comunicación han sido corporativizados o politizados para servir a determinados intereses. Toda la economía global se basa en principios y prácticas que ignoran el valor real y el costo de los recursos naturales, el verdadero precio de la contaminación por combustibles fósiles y los riesgos incalculables que plantea el calentamiento global.

Las posibles soluciones a la mayoría de estos desafíos globales son conocidas y están bien documentadas diversas investigaciones. El mundo posee todos los conocimientos, capacidades organizativas, recursos tecnológicos y financieros necesarios para abordar estos problemas. Lo que ha faltado hasta ahora [R1] es el poder de superar la ignorancia de las creencias obsoletas, el poder arraigado de los intereses creados, la inercia de los procedimientos burocráticos y la resistencia de los privilegiados para la transición a un mundo más equitativo para todos.

El Manifiesto de Russell-Einstein puso en marcha un largo y lento proceso de cambio social evolutivo durante medio siglo. Hoy no podemos permitirnos el lujo de esperar tanto para enfrentar los desafíos a los que se enfrenta la humanidad. La magnitud y la urgencia de nuestra situación nos obligan a buscar formas de convertir el largo y lento proceso de prueba y error de la evolución en un proceso rápido y directo de transformación social consciente.

La World Academy of Arts and Sciences en colaboración con las Naciones Unidas en Ginebra se ha embarcado en un proyecto en colaboración con una multitud de organizaciones asociadas para formular el proceso necesario para esta transformación. Sus principales elementos ya son de sobra conocidos. Sus objetivos se establecen en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU adoptados por 193 naciones para atacar las causas raíces de la violencia, la guerra y el sufrimiento en sus raíces y proporcionar Seguridad Humana para Todos.

Lo que se necesita hoy en día son estrategias catalizadoras para generar conciencia, movilizar las energías y organizar las acciones de la sociedad global para aplicar soluciones conocidas. Esa energía no puede y no vendrá de líderes políticos a nivel nacional preocupados por ganar o preservar sus propias posiciones. Requiere la sabiduría y el coraje del liderazgo en el pensamiento que conduce a la acción. Solo puede provenir de forjar y desatar un movimiento social global de organizaciones e individuos con ideas afines dedicadas al bien común de todos.

Nuestro desafío es aprovechar este momento global y generar a partir de él el impulso necesario para lograr en unos pocos años lo que de otro modo podría llevar muchas décadas. Sucedió después de la Segunda Guerra Mundial cuando casi un tercio de la humanidad fue liberada por la disolución de los imperios coloniales y el número de estados-naciones independientes se duplicó en 15 años y se triplicó en 30. Sucedió, pero mucho más rápidamente, hace sólo cuarenta años cuando la caída repentina del Muro de Berlín, la ruptura de la URSS, el colapso del comunismo, la disolución del Pacto de Varsovia, la reunificación de Alemania, la fundación de la Unión Europea y la creación de Internet como la primera institución social verdaderamente global transformó un mundo previamente dividido por una cortina de hierro impenetrable, eventos que nadie fue capaz de prever y que pocos creían que ocurrirían dentro de cincuenta años.

Estos eventos recientes demuestran que los cambios trascendentales son posibles a pesar de que parezca lo contrario. La retrospectiva histórica rara vez ha resultado útil para anticipar el futuro. Ahora es el momento de demostrar que los cambios de esta magnitud pueden volver a ocurrir con mayor velocidad, sabiduría, previsión y sinceridad que en cualquier otro momento del pasado. Incluso en medio de la amenaza sin precedentes planteada por COVID-19 a la humanidad, percibimos una creciente conciencia de que tal cambio es, de hecho, posible y está dentro de nuestro poder realizarlo.

El Manifiesto de Russell-Einstein mostró la sabiduría y el poder que once individuos podían liberar gracias a su iniciativa. Sus palabras son tan relevantes hoy como lo fueron en 1955: «Hacemos un llamamiento como seres humanos a los seres humanos: recuerden su humanidad y olviden el resto».

Hoy estamos llamados a demostrar la sabiduría y el poder que las fuerzas progresistas de la humanidad pueden ejercer al unir valores compartidos y objetivos comunes para trabajar por la de toda la humanidad.

[R1]Pl también incluye la necesidad de organizar recursos. Si hay una cosa que falta, es la organización de los recursos existentes.

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(*) Garry Jacobs, Presidente y  CEO, World Academy of Art and Science – Donato Kiniger-Passigli, Vicepresidente, World Academy of Art & Science. Artículo enviado a Other News por los autores.

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