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¿Los verdaderos ganadores del acuerdo entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos?: los traficantes de armas

Oct 26 2020

Por Sahar Vardi *

El acuerdo de normalización entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos se presenta como un acuerdo de paz. En realidad, es una autorización para que los fabricantes de armas amplíen su base de clientes.

El acuerdo de normalización entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos es, según los líderes de la industria armamentística israelí, una situación en la que todos ganan. Hablando a fines de agosto en una conferencia de negocios virtual sobre el potencial del acuerdo con los Emiratos Árabes Unidos, el director ejecutivo adjunto de Israel Aerospace Industries, EyalYounian, se puso poético sobre la capacidad tecnológica de Israel en la región y los grandes bolsillos de los Emiratos Árabes Unidos y el «gran apetito por tecnologías avanzadas». IAI es el mayor fabricante de armas de propiedad pública de Israel, y las declaraciones de Younian fueron dictadas por el objetivo evidente de posibles acuerdos de compras de armamento en la conferencia. Desde esta perspectiva, la normalización es de hecho una victoria tanto para Israel como para los Emiratos Árabes Unidos, y quizás también para los Estados Unidos: una situación en la que todos ganan.

También se rumorea que los EAU tendrán acceso al software de vigilancia israelí. En 2007, los Emiratos Árabes Unidos contrataron a 4D Security Solutions, una empresa con sede en Estados Unidos dirigida por un expatriado israelí, MatiKochavi, para implementar un sistema de vigilancia «inteligente» en todo Abu Dhabi.

En realidad, una parte crucial de la tecnología fue proporcionada por una subsidiaria con sede en Israel, Kochavi’sLogic Industries. (En 2015, la compañía despidió a más de un tercio de su fuerza de trabajo israelí para mantener un contrato con un cliente del Golfo). Este proyecto, finalizado en 2016, se concreto en «FalconEye«, uno de los sistemas de vigilancia urbanos más intrusivos del mundo.

En 2016, los Emiratos Árabes Unidos utilizaron el software espía israelí, Pegasus, operado por el infame NSO Group, en un intento de piratería informática contra Ahmed Mansoor, un defensor de los derechos humanos emiratí. Hoy, Mansoor cumple una condena de 10 años por su defensa de los derechos humanos.

DarkMatter, un programa de inteligencia cibernética emiratí dedicado a la vigilancia de otros gobiernos, militantes y activistas de derechos humanos críticos con la monarquía, también tiene vínculos con Israel.

Estos son solo algunos de los acuerdos que se han hecho públicos hasta ahora. Según algunos trabajadores en la industria cibernética israelí, que prefieren el anonimato, es un secreto a voces que empresas israelíes start-up se han establecido en Chipre para facilitar las ventas a los países del Golfo que prefieren ocultar sus negocios con empresas israelíes. Debemos asumir que esto incluyó a los Emiratos Árabes Unidos y Bahrein.

Sin embargo, el escenario de beneficio mutuo para las industrias de armas es mucho más importante que una expansión del mercado negociada diplomáticamente. Al margen del acuerdo tripartito entre Israel, los Emiratos Árabes Unidos y los Estados Unidos, estos dos últimos países llegaron a un acuerdo por el que Estados Unidos venderá aviones de combate F-35 estadounidenses de quinta generación al estado del Golfo a un precio mínimo de $ 77,9 millones por unidad. Israel está ahora sopesando qué tipo de «paquete de compensación» puede obtener del gobierno de los EEUU, a cambio de la supuesta erosión en su «ventaja militar cualitativa» en la región, cuya preservación había impedido previamente este tipo de acuerdos. Esta «compensación» se implementará como parte de la ayuda militar de Estados Unidos a Israel.

En resumen, el acuerdo de normalización permite que tanto la industria de armas israelí como la estadounidense aumenten las ventas a los Emiratos Árabes Unidos, que la industria de armas estadounidense posiblemente aumente (o al menos acelere) las ventas de armas a Israel a través del acuerdo de ayuda militar y, como resultado, a los Emiratos Árabes Unidos para poner a su disposición sistemas de armas más avanzados.

Hay también un beneficio adicional para Israel en el acuerdo, precisamente en el área donde se supone que Israel «saldrá perdiendo». A mediados de septiembre, el gigante armamentistico estadounidense Lockheed Martin otorgó a ElbitSystems de Israel un contrato para suministrar partes del ensamblaje para el F35. El contrato se suma a otros componentes del F35, como sus sistemas de visualización montados en el casco y la pantalla panorámica de la cabina, que ElbitSystems ha estado fabricando durante años.

Con esta formula en la que las industrias armamentistas ganan todas ¿quién sale perdiendo? Dado que los Emiratos Árabes Unidos ya están utilizando tecnologías israelíes para vigilar a sus súbditos disidentes y opositores, y considerando el papel de Abu Dhabi en la guerra contra Yemen, los verdaderos perdedores de esta «normalización» son evidentes: la gente.

En Jerusalén, quienes pierden localmente también es evidente: en primer lugar, los palestinos, que acaban de ser testigos de como estados que históricamente han afirmado apoyar sus derechos e independencia firman un acuerdo de normalización con su ocupante.

En segundo lugar, los israelíes, que ahora se encuentran en un segundo confinamiento total por el COVID-19 en medio de una recesión económica devastadora, tienen que ver a su primer ministro gastar su tiempo y energía en acuerdos de normalización que no tienen ningún efecto en su vida diaria, y que solo benefician a los escalones superiores de la sociedad israelí.

Para los ciudadanos estadounidenses, mientras tanto, este acuerdo es solo otro reflejo del complejo militar-industrial-diplomático del país gracias al cual Estados Unidos comprometió un billón de dólares en el desarrollo del avión de combate F35, dinero que podría haberse gastado en educación, bienestar y, ahora más que nunca, sanidad. Unos y otros pierden sin remedio.

Como activista por la paz, debería apoyar cualquier tratado de paz. Pero con este acuerdo de normalización, que el gobierno israelí está tratando de vender como un acuerdo de paz, nos obliga a recordar lo que realmente queremos decir cuando hablamos de «paz». Un acuerdo en el que los principales beneficiados son las industrias armamentistas y las élites económicas, y los perdedores son el pueblo, no es un acuerdo de paz. Es un acuerdo de guerra, de los gobiernos contra los pueblos.

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En “Bitácora” de Montevideo, el 26.10.2020.

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(*) Sahar Vardi es un activista antimilitarista israelí y uno de los fundadores de Hamushim, un observatorio crítico de la industria militar y el comercio de armas de Israel. Fuente: https://www.972mag.com/israel-uae-deal-arms-industry/ Traducción: Enrique García

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