Derechos Humanos, Mujeres, Religión, Sociedad civil

Cómo Argentina se resistió a la tradición conservadora en América Latina y legalizó el aborto

Dic 31 2020

Por Richard Pérez-Peña* –  New York Times en español

La región, donde las iglesias católica y evangélica mantienen una gran influencia, ha sido territorio hostil para los defensores del derecho al aborto. Sin embargo, Argentina en 2020 ofreció un escenario distinto.

América Latina ha sido durante mucho tiempo un terreno hostil para los defensores del derecho al aborto, incluso en las últimas décadas, cuando el aborto legal se hizo accesible en la mayor parte de Europa, Norteamérica y otras partes del mundo.

Pero un movimiento feminista de base consiguió una victoria en Argentina el miércoles cuando el Senado legalizó el aborto en una votación sorprendentemente resonante, que convirtió a Argentina en el primer país grande de América Latina en dar ese paso.

Estas son algunas de las fuerzas detrás de la presión por el cambio en Argentina, y algunas de las preguntas que plantea.

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¿Por qué sucede ahora?

El movimiento por los derechos de la mujer ha adquirido una nueva urgencia en toda América Latina en los últimos años. Y en Argentina más que en ningún otro país.

Un movimiento que surgió en 2015 por los asesinatos de mujeres —incluidos los terribles asesinatos de una niña de 14 y una adolescente de 16 años— se convirtió con los años en una amplia campaña nacional en favor de los derechos llamada Ni Una Menos. La legalización del aborto se convirtió en su principal objetivo político, impulsado en gran medida por jóvenes activistas que han construido un movimiento bien organizado.

El movimiento #MeToo, que surgió en Estados Unidos en 2017 y se extendió por todo el mundo, ha añadido impulso a esos esfuerzos.

En algunos países, como México, la atención principal se ha centrado en la violencia contra la mujer. Pero también ha ganado terreno un esfuerzo de cada estado de México para hacer más accesibles los abortos legales, y el año pasado el estado de Oaxaca fue el segundo, después de Ciudad de México, en legalizar el procedimiento.

El creciente laicismo en Argentina y en muchos otros países, especialmente entre los jóvenes, también ha reducido las barreras para las causas liberales.

Un factor importante en Argentina fue la elección el año pasado del presidente Alberto Fernández, uno de los líderes más liberales de América Latina. Ha hecho campaña a favor del derecho al aborto, la igualdad de género y los derechos de los homosexuales y transexuales, y el mes pasado legalizó el cultivo doméstico de marihuana para uso médico.

¿Cómo son las leyes sobre el aborto en el resto de América Latina?

Alrededor de dos docenas de países en todo el mundo tienen leyes que no solo prohíben el aborto, sino que no hacen ninguna excepción, según los grupos que vigilan de cerca el acceso al aborto.

Entre esos países, principalmente de América y África, se encuentran Honduras, Nicaragua, El Salvador, República Dominicana, Haití, Jamaica y Surinam. La prohibición se ha aplicado con celo, y las mujeres cuyos embarazos no terminan en el nacimiento de un bebé sano a veces se convierten en sospechas, y las condenadas por haber tenido un aborto son sentenciadas a décadas de prisión.

Desde México hasta Chile, una región predominantemente católica, la mayoría de los países prohíbe el aborto, incluso en las primeras etapas del embarazo, pero hacen excepciones cuando el embarazo pone en peligro la vida de la mujer.

Algunos países también permiten el aborto, hasta cierto punto de la gestación, cuando los embarazos son el resultado de una violación o incesto, o cuando hay anormalidades fetales graves. Chile se unió a esos países en 2017, cuando retiró una de las prohibiciones de aborto más estrictas del mundo.

Paraguay, llamó la atención internacional cuando una niña embarazada de 10 años, que según reportes fue violada por su padrastro, no pudo tener un aborto porque su vida no estaba en peligro. El caso originó llamados para que el gobierno conservador liberalizara la ley, pero no se modificó.

En toda América Latina solo tres países han legalizado el aborto por cualquier motivo en las primeras etapas del embarazo, y los tres son pequeños y también se salen de lo normal en otros aspectos importantes.

Cuba, gobernada por el Partido Comunista durante más de 60 años, legalizó el aborto en la década de 1960. Guyana, antigua colonia británica con una gran población no cristiana del sur de Asia, dio ese paso en la década de 1990. Y Uruguay, donde cerca del 40 por ciento de las personas reportan no tener afiliación religiosa, lo hizo en 2012.

¿Cuál es el papel de la religión?

Históricamente, más del 90 por ciento de la población en América Latina era católica, y la Iglesia, que se opone firmemente al aborto, ejerció una poderosa influencia no solo sobre las creencias religiosas, sino también sobre los gobiernos y las normas éticas y sociales.

Pero la influencia de la Iglesia se ha ido debilitando desde los años setenta, y para 2014, menos del 70 por ciento de los latinoamericanos se llamaban a sí mismos católicos, según el Centro de Investigación Pew.

Los escándalos de abusos sexuales que han sacudido a la Iglesia han golpeado tan fuerte en América Latina como en muchas otras partes del mundo, lo que alejó a algunas personas de la institución y debilitó su autoridad moral. Un número creciente de personas que aún se identifican como católicas, particularmente los jóvenes, se sienten cómodos yendo en contra de las enseñanzas de la Iglesia.

Pero los evangélicos protestantes, que a menudo adoptan una línea más conservadora que muchos católicos en temas sociales, aumentan en número y ahora constituyen alrededor de una quinta parte de los latinoamericanos. Eso ayuda a explicar por qué Centroamérica, donde las iglesias evangélicas son más fuertes, tiene algunas de las leyes de aborto más estrictas.

Al mismo tiempo, el número de personas que no tienen afiliación religiosa, y tienden a ser liberales en cuestiones sociales, también ha crecido, aunque sus filas siguen siendo mucho más pequeñas que la población evangélica.

Aunque es la patria del papa Francisco, el primer pontífice de América, Argentina es uno de los países más laicos de América Latina. No es inusual que las encuestas muestren que las personas sin religión superan a los evangélicos.

¿Se extenderá el movimiento más allá de Argentina?

El debate en Argentina ha llamado mucho la atención en América Latina, y seguramente provocará la discusión sobre el aborto en otros países.

Los recientes esfuerzos para facilitar el acceso al aborto —exitosos, en el caso de Argentina, Chile y el estado mexicano de Oaxaca, e infructuosos, en el caso de El Salvador, Brasil y Colombia— muestran una región que se enfrenta a cambios sociales, culturales y políticos.

El impulso para el cambio ha venido a menudo de los movimientos de base. Los presidentes de izquierda que asumieron el poder en América Latina en las dos últimas décadas mostraron poco o ningún interés en modificar las leyes sobre el aborto. Entre ellos se encuentran Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff de Brasil, Andrés Manuel López Obrador de México, Daniel Ortega de Nicaragua y Hugo Chávez y Nicolás Maduro de Venezuela.

El gobierno de izquierda de Bolivia despenalizó el aborto en 2017 para “estudiantes, adolescentes o niñas”, y semanas después derogó el cambio.

El presidente Fernández de Argentina, como un izquierdista que hizo del acceso al aborto una de sus principales prioridades, representa una nueva generación y un cambio con respecto a sus predecesores.

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*Richard Pérez-Peña, editor de noticias internacionales en Nueva York. Como reportero y editor ha estado en  The Times desde 1992. Ha trabajado en las áreas de Metro, Metro, nacional, empresas y medios de comunicación internacionales.

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