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Con Biden habrá más revoluciones de color en AL

Ene 15 2021

Raúl Zibechi*

Las formas cambian, pero el fondo sigue siendo el mismo. En vez del muro, las restricciones a los inmigrantes y el discurso ultra de Donald Trump, vendrán las declaraciones correctas sobre la democracia, las mujeres y los afrodescendientes de Joe Biden. En vez del militarismo descarnado, las revoluciones de color ideadas por la Open Society de Soros para promover cambios de régimen que favorezcan sus intereses.

La pista la dio Thomas Shannon el primero de enero en una carta abierta en medios brasileños. Shannon fue embajador de Estados Unidos en Brasil en el gobierno de Obama y había sido subsecretario para Asuntos del Hemisferio Occidental con George W. Bush.

La carta de Shannon titulada La delicada verdad sobre una vieja alianza fue publicada en la revista Crusoé (https://bit.ly/2LLldiB), que funge como periodismo independiente, antibolsonarista ahora, pero cuyos fundadores jugaron un papel destacado en el proceso contra Lula que desembocó en su reclusión y en la destitución de Dilma Rousseff, operando entonces desde el influyente sitio El Antagonista (oantagonista.com).

Shannon comienza su carta asegurando que la relación entre Brasil y Estados Unidos es una de las piezas fundamentales de la diplomacia en el siglo XXI. Repasa luego las similitudes entre sus sociedades, para rematar que el presidente electo (Biden) conoce bien Brasil y América Latina, asegurando que ningún presidente estadunidense comenzó su mandato con tal conocimiento y experiencia en la región.

En la segunda parte de su misiva, Shannon emprende un feroz ataque al gobierno de Jair Bolsonaro, porque ha hecho casi todo lo posible para complicar la transición en la relación bilateral, al expresar su preferencia por Trump en las recientes elecciones y por haber criticado a Biden, quien pidió en un debate una acción más enérgica de Brasilia contra la deforestación.

Para Shannon es inadmisible que Bolsonaro haya repetido las infundadas acusaciones de fraude del presidente Trump en los comicios estadunidenses, ya que lo interpreta como un ataque a la democracia de Estados Unidos y al futuro gobierno de Biden.

Pero lo más grave empieza después. Shannon le dice al gobierno lo que debe hacer en tres aspectos (la pandemia, el cambio climático y la posición ante China respecto a las redes 5G) y luego amenaza. Es algo que no se perdonará fácilmente ni se olvidará, remata el diplomático.

Algunos podrán alegrarse, incluso en la izquierda, de que el nuevo gobierno de Estados Unidos le baje el pulgar a Bolsonaro. Por mi parte, tanto el silencio del Partido de los Trabajadores de Brasil como del propio Lula, muestran las dificultades de la izquierda frente al viraje en curso en la Casa Blanca.

No se trata de Jair Bolsonaro, sino de nuestros países, de la soberanía de las naciones. El presidente de Brasil debe ser condenado y apartado por su propio pueblo. Ha hecho todos los méritos para que la sociedad se movilice para destituirlo. Pero que desde el imperio amenacen con nuevas revoluciones de color, es una pésima noticia. Podrán atacar ahora gobiernos de ultraderecha, pero seguirán con todo lo que se les ponga en su camino, sea conservador o progresista.

La operación de derribar a Bolsonaro cuenta ya con un considerable apoyo mediático e institucional. La Orden de Abogados de Brasil, que jugó sucio contra Lula y pidió la destitución de Dilma (https://bbc.in/3soJjAA), está promoviendo ahora la destitución de Bolsonaro. Su presidente, Felipe Santa Cruz, declaró que el ritmo del proceso será dictado por presión de las calles, llamando, de hecho, a la movilización popular (https://bit.ly/3q5ntQS).

Para la derecha democrática, ésa que apuesta a la defensa del medio ambiente con medidas cosméticas, que engalana el gabinete de Biden con mujeres y afrodescendientes, pero sigue sosteniendo la violencia policial/patriarcal, llegó el momento de ponerle freno a la ultraderecha. Los bolsonaristas hicieron el trabajo sucio contra la izquierda, pero ya no le son útiles. Igual que Trump.

Para comprender este viraje basta con recordar las guerras centroamericanas, donde el Pentágono apoyó primero los genocidios militares para luego promover opciones centristas, como las democracias cristianas, para recomponer el escenario ante el fuerte desgaste de los golpistas de Guatemala y El Salvador.

Si el mandato de Trump fue abominable, el de Biden no lo será menos. Recordemos la guerra en Siria, la liquidación de la primavera árabe y la invasión de Libia, promovidas y gestionadas por el equipo que ahora retorna a la Casa Blanca.

En América Latina, las destituciones ilegítimas (golpes dicen otros) de Manuel Zelaya (2009), de Fernando Lugo (2012) y de Dilma Rousseff (2016), se produjeron bajo el gobierno progre de Barack Obama (2009-2017). No olvidemos a Trump. Pero tampoco que, de la mano de Biden, retornan personajes nefastos como Victoria Nuland, organizadora del golpe y la posterior guerra en Ucrania.

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* Periodista uruguayo. Docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios colectivos sociales. Artículo publicado por La Jornada de México, el 15.01.21.

Donald Trump, ¿qué presagia el asalto al Capitolio?

Francisco Colmenares*

El asalto al Capitolio fue un acto de ruptura del orden institucional, un ataque putschista del Poder Ejecutivo contra el Poder Legislativo de Estados Unidos. Donald Trump concluye su gestión presidencial, congruente como empezó, con violencia, desprecio a los códigos legales dominantes, soberbia, prepotencia y berrinches, ¡muchos berrinches! Su arenga a un puñado de simpatizantes para que se dirigieran a la sede del Legislativo, cuando ahí sesionaba el Consejo Electoral, impulsó a éstos a asaltarlo con violencia, con saldo de cinco personas muertas, decenas de heridos y el desalojo, en medio del temor, de los congresistas, incluyendo al vicepresidente Mike Pence y la líder demócrata Nancy Pelosi.

Trump los incitó a respaldar y presionar a los legisladores republicanos y a Mike Pence a descarrilar la certificación del sufragio del Colegio Electoral que se reunía para validar, finalmente, el triunfo electoral de Joe Biden. Fue un acto teatral de alcance mediático, tanto por el tipo y vestimenta de los manifestantes, como por los desmanes que realizaron al interior del Capitolio; como atestiguan sus propias selfies al fotografiarse sentados en la silla de la presidencia del Congreso o en la oficina de la líder del Partido Demócrata. En nada comparable a una tentativa de golpe de Estado.

Su ambición de poder, el refrendo del voto de sus simpatizantes y, probablemente, los disturbios mentales como secuela de su contagio de Covid-19, nublaron la mente de Trump impidiéndole aceptar que su contrincante, Biden, había ganado con amplio margen. ¿Cómo reconocer que perdió si incrementó sus votos en 18 por ciento respecto a los sufragios que obtuvo en la contienda anterior con Hilary Clinton? En efecto, de 62 millones 985 mil votos ciudadanos en 2016 obtuvo 74 millones 223 mil en 2020. Haber logrado el refrendo de sus votantes y ganar nuevos adeptos lo cegó para mirar que Biden triunfó con 81 millones 282 mil votos ciudadanos y 306 votos electorales; y, por tanto, el candidato demócrata lo superaba en 9.5 por ciento en votos ciudadanos y 32 por ciento en electorales.

Hoy, los halcones reales, posicionados en el aparato estatal, militar y financiero, se deslindan de Trump para permanecer y ganar tiempo. Al igual que Facebook, Twitter y YouTube, que apoyaron y fueron plataformas de excelencia, proporcionándole información de sus suscriptores para sus dos campañas electorales y durante todo su gobierno, hasta el último conteo de votos de la elección presidencial que perdió.

Colocar un tapabocas al todavía presidente de Estados Unidos, revela el Frankenstein mediático surgido como pilar y ariete del gobierno mundial que el capital financiero está imponiendo desde la década de los 80 y los recursos que utilizan para dominar el mundo. Donald Trump, antes de postularse y ganar la presidencia en la contienda con Hilary Clinton, era un empresario inmobiliario en hoteles, casinos y campos de golf, enriquecido en mucho por su sagacidad en la evasión de impuestos y en el éxito como conductor del reality show El Aprendiz. Logró que su utopía de Make America Great Again, la persecución feroz hacia los inmigrantes, su cinismo, racismo y, paradójicamente, su trato misógino y su política guerrera en el exterior fuera apoyada por millones de estadunidenses.

Trump, no enfrentó voto de castigo de sus electores republicanos, por el contrario, aumentó su votación en 11 millones 238 mil, 432 votos. Perdió porque en esta elección salió a votar una mayoría de estadunidenses, negros, latinos y trabajadores que vivieron y enfrentaron con decepción la incumplida oferta de reindustrialización, su fallida guerra comercial con China, el desempleo, la pérdida de protección de los servicios de salud, la represión, la violación de los derechos humanos y la mayor ola de contagios y muerte por Covid-19 a escala mundial.

Estados Unidos enfrenta una realidad económica, política, social, ambiental y moral de posguerra. La revancha y marcar la agenda al próximo gobernante, Joe Biden, es la intención de los actos y decisiones del real poder imperial; aprovechando, hasta el último minuto, la permanencia de Trump en la Casa Blanca. El asalto sangriento al Capitolio, el Día de Reyes Magos, permanecerá en la memoria y en la historia de Estados Unidos y del mundo. Make America Great Again podría resurgir en los actos de gobierno de Joe Biden, en el marco del confinamiento impuesto por la pandemia del Covid-19, si el pueblo de Estados Unidos y de cada país no logran imponer un rumbo distinto, derrotando los nuevos mecanismos de dominación, agresión y violencia imperial.

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*Escritor mexicano.  Autor de Despojo, resistencia y corrupción. México en los ciclos del precio del petróleo. Ed. Plaza y Valdés, México, 2019. Artículo publicado el 15.01.21  en La Jornada

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