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Joe Biden: el presidente del Complejo Armamentista y las Altas Finanzas

Ene 26 2021

Por KontraInfo.com *, Argentina

 Su promoción de las invasiones a Irak, Siria, Libia, Yugoslavia y más

A diferencia de lo que promueven las campañas de prensa de la totalidad de las grandes cadenas de noticias internacionales, Joseph Biden podría terminar siendo uno de los presidentes más belicistas de la historia reciente. Por lo menos eso indican tanto sus recientes designaciones como el extenso prontuario de su pasado como senador durante 36 años ininterrumpidos (entre 1973 y 2009, presidiendo la Comisión de Relaciones Exteriores), y sus 8 años como vicepresidente de Barack Obama, entre 2009 y 2017, siempre asociado a los intereses del Complejo Industrial Militar y a las distintas agencias de inteligencia norteamericanas. No es esa su única alianza estratégica: en su larga vida como senador de Delaware, un paraíso fiscal con más empresas que ciudadanos, era conocido como “el senador del banco MBNA”, entidad financiera luego fusionada con el poderoso Bank of America. Actualmente, la ligazón de Biden con los grandes bancos de Wall Street es más fuerte que nunca, lo que explica el apoyo unánime de los grandes medios de comunicación (de los que estas entidades bancarias son los principales accionistas) y demás estructuras globales dependientes del mismo poder financiero. Las designaciones de Lloyd Austin como Secretario de Defensa y de Janet Yellen como Secretaria del Tesoro, muestran a las claras que el lobby armamentista y el lobby financiero serán los determinantes de esta nueva administración.

Veamos su histórico, denso y extenso prontuario belicista:

Guerra de Yom Kippur

Durante su primer viaje diplomático a Israel, en 1973, Biden se reunió con la primera ministra Golda Meir, días antes de la guerra de Yom Kippur, apoyando los planes sionistas. Biden describió esa reunión como “una de las más trascendentales” de su vida. En las más de cuatro décadas transcurridas desde entonces, su carrera ha estado marcada por una firme defensa de Israel, especialmente en su manejo del conflicto palestino. Biden ha sido durante mucho tiempo un partidario vocal del Estado sionista, declarando en un discurso de 2015 que Estados Unidos debe mantener su “promesa sagrada de proteger la patria del pueblo judío”.

Kamala Harris, la candidata a vicepresidente de Biden, también es considerada una firme defensora de Israel. Después de recibir a una delegación del principal lobby pro-Israelí AIPAC en su oficina en California el año pasado, escribió en Twitter sobre la “necesidad de una alianza fuerte entre Estados Unidos e Israel, el derecho de Israel a defenderse y mi compromiso de combatir la lucha contra el anti-semitismo en nuestro país y en el mundo”.

Desde ese órgano del Senado promovió la expansión de la OTAN en Europa del Este, apoyó a Israel en la Guerra de Yom Kippur de 1973, a Inglaterra en la Guerra de Malvinas de 1982 y la guerra en Yugoslavia a fines de los años ’90.

Islas Malvinas

En el caso de la Guerra de Malvinas, Biden presentó ante el Congreso la resolución de apoyo explícito de EEUU a Inglaterra: “Mi resolución busca definir de qué lado estamos y ése lado es el británico. Los argentinos tienen que desechar la idea de que EEUU es neutral”. Tildó a los argentinos de ser “los agresores” y recostó su decisión en la necesidad de servir a la estrategia de la OTAN, negando el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) que disponía el apoyo entre países del continente americano.  “Es claro que el agresor es Argentina y es claro que Inglaterra tiene razón, y debería ser claro para todo el mundo a quién apoya Estados Unidos”, fue su histórica declaración.

Yugoslavia

Biden votó a favor de la resolución concurrente de 1999 que autorizó al presidente Bill Clinton a realizar operaciones aéreas militares y ataques con misiles contra la República Federal de Yugoslavia (Serbia y Montenegro), en cooperación con los aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Clinton ordenó en marzo de 1999 ataques aéreos.  Biden fue uno de los más fuertes partidarios del uso de la fuerza. Su consejo fue decisivo a la hora de convencer al presidente Bill Clinton de utilizar la fuerza militar contra Slobodan Milošević.

Afganistán

Como presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, apoyó las políticas del presidente George W. Bush, pidiendo tropas terrestres adicionales para Afganistán. Biden votó en 2001 la autorización para iniciar acciones militares, aún cuando no había pruebas concluyentes de que fuera ese país quien había realizado el mismo. Biden fue parte esencial de la “guerra contra el terrorismo”, la “guerra eterna” que incluyó la instalación de centros de detención y tortura como Guantánamo y Abu Ghraib.

Irak

Para 2003, Biden apoyó la resolución que condujo a Estados Unidos a bombardear e invadir Irak, hecho que dejó más de 1 millón de personas muertas. “Como presidente de la comisión de relaciones exteriores del Senado, él debía elegir a los 18 expertos que analizarían el tema. Eligió todos a favor de la invasión y respaldó argumentos falsos como la existencia de armas de destrucción masiva y la presencia de Al Qaeda en Irak aunque el gobierno de Saddam Hussein era probadamente secular. Biden debería explicar el rol que jugó en esa guerra desastrosa”, explica Mark Weisbrot, en The Guardian.

En 2002, el presidente George W. Bush argumentó que el presidente iraquí Saddam Hussein tenía armas químicas y biológicas, buscaba armas nucleares, apoyaba el terrorismo y amenazaba la paz.

En octubre de 2002, el senador Biden votó a favor de una resolución que autorizaba a Bush a hacer cumplir “todas las resoluciones pertinentes” del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre Irak y, de ser necesario, utilizar la fuerza militar contra Irak. En un discurso en el Senado antes de votar a favor de la resolución, Biden dijo que “si no se apoya de manera abrumadora” la resolución “es probable que mejoren las perspectivas de que ocurra una guerra”. El objetivo de la resolución era obligar a Irak a “destruir sus armas de destrucción masiva”, dijo Biden. Dejó abierta la posibilidad de que Hussein “calcule mal” y “juzgue mal” la resolución de Estados Unidos. En ese caso, podría ser necesario el uso de la fuerza militar, dijo Biden. Estados Unidos invadió Irak el 20 de marzo de 2003 causando 1 millón de muertos. No se encontraron armas de destrucción masiva.

En noviembre de 2006, Biden, junto a Leslie H. Gelb, presidente emérito del Council on Foreign Relations, propuso un plan para dividir a Iraq en áreas federales a lo largo de líneas étnicas (chiítas, sunnitas, kurdos). “Lo primero que hay que hacer es establecer tres regiones que gocen de gran autonomía con un Gobierno central viable ubicado en Bagdad. Las regiones kurda, suní y chií estarían a cargo de su propia legislación, administración y seguridad. El Ejecutivo central gestionaría la defensa de las fronteras, las relaciones internacionales y los ingresos del petróleo”, detalló Biden en una tribuna publicada en The New York Times en calidad de miembro del comité de Exteriores del Senado.

Libia

Ya como vicepresidente de Obama, Biden apoyó la intervención militar en Libia, que terminó con la destrucción del país y su reducción al caos absoluto, incluyendo el asesinato del histórico líder libio Muammar Gadafy.

Estados Unidos, como parte de una operación de la OTAN, brindó apoyo aéreo en una intervención que resultó en el derrocamiento del antiguo gobernante del país, Gadafy, de quien Obama dijo que estaba lanzando acciones militares que estaban causando muertes de civiles. Con dicha excusa, el ejército de Estados Unidos gastó varios miles millones de dólares y estuvo varios meses respaldando el levantamiento libio contra Gadafy. El levantamiento, parte de una “revolución de color”, derrocó a Gadafy en agosto de 2011 y las “fuerzas rebeldes”, apoyadas por EEUU, lo asesinaron en octubre.

Biden dijo en ese momento que en Libia, “Estados Unidos gastó $ 2 mil millones en total y no perdió una sola vida”.

Siria

Los servicios de inteligencia occidentales montaron una “revolución de colores” en Siria fomentando protestas de distintos grupos contra su gobierno a principios de 2011, pidiendo la destitución de su presidente, Bashar Al Assad. A estas protestas se sumaron grupos terroristas del islamismo radical, siempre con relaciones espurias con el MI6 británico y la propia CIA. Estados Unidos desde 2011 viene reclamando que el presidente de Siria, Bashar al-Assad, deje el gobierno. La administración Obama-Biden en 2014 lanzó ataques aéreos supuestamente contra el Estado Islámico en Siria y en 2015 desplegó tropas allí para luchar contra el grupo terrorista, sin embargo, en la práctica esto resultó siempre una fachada, por detrás y por diversas vías se le hacía llegar armamento y financiación al ISIS-Estado Islámico. Con este fin se utilizó la infraestructura financiera del grupo de inversiones multinacional KKR (Kohlberg Kravis Roberts), miembro de estructuras de la élite financiera, como el Council on Foreign Relations y el Bilderberg Group.

La campaña de Biden dijo que la administración Obama-Biden apoyó a la oposición siria de diversas maneras, incluido el despliegue de fuerzas estadounidenses “para combatir a ISIS”, mientras, en realidad, se hacía todo lo contrario.

Juntos, Biden y Obama bombardearon Afganistán, Libia, Somalia, Pakistán, Yemen, Irak y Siria.

Promovieron golpes de Estado -«blandos» y «duros»- en Honduras o Paraguay, y la desestabilización de Venezuela, Brasil, Ecuador o Bolivia; o diseñaron y alentaron «primaveras» y «revoluciones de colores» en el Magreb y Ucrania.

Joe Biden, sostuvo en septiembre de 2020 que de resultar electo podría aumentar el gasto militar, incluso por encima del actual presupuesto récord del Pentágono que asciende a 738.000 millones de dólares.

Dick Cheney, del ala más belicista del Partido Republicano, vicepresidente con Bush y responsable máximo de la guerra de Irak, será también asesor de Biden en política exterior, de acuerdo a su cadena amiga, CNN.

Council on Foreign Relations

Joe Biden es miembro del influyente Council on Foreign Relations (Consejo de Relaciones Exteriores), institución globalista históricamente financiada por la dinastía Rockefeller y el imperialismo británico, de hecho fue fundado en EEUU en 1921, junto a su par londinense el Royal Institute of International Affairs.

La histórica relación de Biden con las altas finanzas está lejos de menguar. Fueron los grandes bancos de Wall Street los principales aportantes de su campaña. Eligió de hecho para su “primer discurso como presidente electo” el Chase Center de Delaware, propiedad del JP Morgan Chase, banco insignia de la histórica dinastía Rockefeller.

Primer discurso en el Chase Center, de los Rockefeller.

La designación de Janet Yellen como Secretaria del Tesoro, muestra también esta fuerte alianza con el Establishment Financiero. Janet Yellen presidió entre 2014 y 2018 nada menos que la Reserva Federal de los EEUU, el banco central privado encargado de la emisión del dólar, un cargo siempre reservado a especialistas de extrema confianza de los principales bancos. Desde la Reserva Federal continuó la política de su predecesor, Ben Bernanke, de “estímulos monetarios” salvando los balances contables de los grandes bancos, tras la crisis de 2008, a costa de que el conjunto de la población viera disminuida su calidad de vida y muchos perdieran sus propiedades tras su imposibilidad de pagar deudas e hipotecas. Doctora en economía por la influyente Universidad de Yale (sede de la famosa Skull and Bones).

Tras su paso por la FED, Yellen fue miembro de uno de los think tank de la élite globalista, el Brookings Institution. ¿Quiénes dirigen el Brookings Institution? ex directivos de la banca Goldman Sachs, como Suzanne Johnson, Abby Cohen y Nicole Ross; miembros de Bilderberg, como el directivo de Deutsche Bank, Paul Achleitner, el presidente del banco Lazard, Kenneth Jacobs y David Rubinstein del The Carlyle Group, entre otros. ¿Quiénes financian al Brookings Institution? La Rockefeller Foundation, la Bill and Melinda Gates Foundation, la Ford Foundation, la Open Society Foundations y otras entidades globalistas menos conocidas.

Negocios de Biden en América Latina

En cuanto a la relación a América Latina, la familia Biden ha también sabido hacer sus negocios.

James Biden hermano de Joe, se asoció en la Argentina junto al empresario José Luis Manzano en el “auxilio” para renegociar los pasivos de dos empresas locales endeudadas, algo que fue confirmado desde suiza por el empresario argentino y en 2015 un intento de fabricar lámparas LED en la Argentina. El primer v{inculo entre Manzano y los Biden se dio a través del fondo de inversión Rosemont Seneca, conformado por Hunter Biden, otro hijo de Joe, y Devon Archer. Algunos de los socios del clan Biden aparecen involucrados en fraudes multimillonarios y sobornos a jueces (un caso que involucró a James Biden y su socio Timothy Balducci). James es también titular del fondo de cobertura llamado Paradigm Global Advisors, el que sirvió para ofrecer sus influencias a tenedores de la deuda soberana argentina, como el fondo de inversión Gramercy. Otro nexo en Argentina es el ex funcionario bonaerense durante la gestión de María Eugenia Vidal, Gabriel Sánchez Zinny, quien mantuvo una relación personal durante los últimos quince años con Hunter Biden, quien vino a la Argentina para visitarlo y asistió a su boda. Otra relación con América Latina pasa por su nexo con el Papa Francisco, quien tuvo una mala relación con Donald Trump y ayudó personalmente al nuevo presidente Biden cuando perdió a su hijo, Beau, en 2016. En su primera imagen desde el salón oval de la Casa Blanca, Biden se encargó de ubicar allí un portarretrato con la imagen del pontífice.

¿Un futuro de nuevas guerras?

La relación de Biden con el Complejo Industrial Militar está lejos de ser cosa del pasado. Muy por el contrario. De acuerdo a la periodista Sarah Lazare: “una tercera parte de los miembros del equipo de transición del ‎candidato demócrata Joe Biden proviene de entidades vinculadas al complejo militaro-industrial, ‎principalmente de 3 think tanks o “tanques pensantes” –el Center for Strategic and international ‎Studies (CSIS), el Center for a New American Security (CNAS) y la Rand Corporation– y de 4 grandes ‎empresas que se cuentan ‎entre los fabricantes de armas más importantes del mundo (General Dynamics, Raytheon, Northrop Grumman y Lockheed Martin)”.

La designación de Lloyd Austin como Secretario de Defensa y jefe del Pentágono muestra también la vuelta del Complejo Industrial Militar a la escena mundial, dispuesto a recuperar el terreno perdido en los últimos 4 años en los que no se iniciaron nuevas guerras.

Austin formó parte de la junta directiva de empresas como Raytheon Technologies, Nucor o Tenet Healthcare, algunas de las principales industrias armamentístas del mundo.

¿Quiénes son los principales accionistas de Raytheon? Los megafondos financieros State Street, Vanguard Group y BlackRock, ligados a la rama británica de la dinastía Rothschild.

Austin fue el último comandante en jefe de la “Operación Nuevo Amanecer” durante la Invasión a Irak, operación que terminó el 18 de diciembre de 2011. Entre el 31 de enero de 2011 y el 22 de marzo de 2013, este general norteamericano fue el 33º sub-jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y luego el 12º comandante del Mando Central de los Estados Unidos (CENTCOM), la sección de las FFAA de EEUU que cubre Medio Oriente, lo que augura que el foco de la nueva política exterior militar norteamericana podría tener su foco allí.

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