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IRAQ: AUN MAS MACHISTA QUE ANTES

May 30 2003

Por Emma Bonino (*)

EL CAIRO, May (IPS) Sin prioridades es muy poco lo que se puede lograr
tanto en política como en cualquier otro ámbito. Por lo tanto, como
política que soy, siempre he creído en la primacía de los derechos humanos
y de las libertades personales, cuya afirmación debe venir primero y por
encima de cualquier otro asunto, no importa cuán importante sea éste.

Por ejemplo, es prioritario luchar por una equitativa distribución de la
riqueza. O por la igualdad de los géneros. Lo digo como mujer: los derechos
humanos son, en efecto, humanos, o sea que tienen que ver tanto con ricos
como con pobres, con hombres como con mujeres.

El fin de la tiranía de Sadam Husein es la precondición de un nuevo orden
político basado en los derechos humanos y en las libertades personales. En
Iraq y, ojalá, en la región en su conjunto.

Pero incluso sobre esta base, aún suponiendo que la democracia tiene la
prioridad y que cualquier otra cosa debe pasar a segundo plano, si uno
observa el comienzo del proceso de la reconstrucción de Iraq no puede sino
quedar sorprendido ante una sola de sus características: la evidencia de la
insuficiente representación que tienen en tal proceso las mujeres. Tal
falta de participación femenina llega hasta el límite del absurdo.

En la primera conferencia realizada en Bagdad con el patrocinio de Estados
Unidos para determinar el nombramiento de un nuevo gobierno para el país
había sólo cinco mujeres entre 300 delegados. Una de esas cinco, Zainab Al
Suwaij, al escribir el 23 de mayo en el New York Times describió en tonos
mesurados tanto la decepción como la esperanza que sintió al «hablar ante
un océano de hombres, incluyendo jeques y clérigos». Otra de las delegadas,
Safia Taleb Al Souhail, está recorriendo Iraq y las capitales de la región
a fin de reunir el apoyo suficiente para corregir una situación tan
inaceptable como ésta.

Las mujeres representan aproximadamente el 55 % de la población iraquí. Sí,
hay más mujeres que hombres, gracias a las dos décadas de guerras
emprendidas por Sadam Husein. ¿Resulta, entonces, concebible construir una
democracia funcional en Iraq si se desechan las ideas, la fuerza, la
voluntad y la participación completa de más de la mitad de la población?
Las mujeres en Iraq tienen altos niveles de instrucción, especialmente si
se les compara con el término medio de la región. Y su nivel de instrucción
es ciertamente más alto que el que prevalece entre las mujeres afganas.

En el Afganistán pos talibán ha habido una tentativa más incisiva de
vincular a las mujeres con la construcción de la democracia y con la
reconstrucción: dos señoras ocupan puestos ministeriales en el nuevo
gobierno, principalmente gracias a una campaña mundial vía Internet
emprendida por el Partido Radical Transnacional y que culminó con un día de
huelga de hambre de más de 6 mil personas en el mundo en diciembre del
2001. ¿Tendremos ahora que emprender otra campaña similar? ¿No resulta
suficientemente claro que Iraq debe ir incluso más allá en cuanto a
participación femenina a todos los niveles si se quiere que sea un ejemplo
para la región y para el mundo entero?

La promoción del papel de la mujer debe ser, desde el principio, integral
en el proceso de la construcción de la democracia y de la reconstrucción
política y económica en Iraq. Las mujeres deben ser un pilar de este
proceso. Por el propio bien de la democracia, de los derechos humanos y de
las libertades personales. Y por el bien de las mujeres y los hombres
iraquíes.

Este principio ha sido reconocido y se halla englobado en muchas de las
resoluciones de las Naciones Unidas, en particular la número 1325. El
informe de la ONU sobre el desarrollo árabe es todavía más franco en esta
cuestión.

El 7 de mayo el Vicesecretario de Estado Richard Armitage reconoció en una
entrevista a la Radio BBC que «si hay un área en la que yo siento que
probablemente nos quedamos cortos…, es la referida a la representación de
las mujeres.» En el Reino Unido, la diputada Joan Ruddock se ha referido
públicamente en varias oportunidades a este tema. En lo que a mí se
refiere, he hecho lo mejor posible en el Parlamento Europeo y una
delegación de diputadas ante el Parlamento Europeo viajará a Iraq en un
futuro próximo.

Todo ésto es bueno y debe ser bienvenido. Pero todavía nos quedamos cortos,
muy cortos, en cuanto a la movilización de la opinión pública en todo el
mundo. El asunto merece, sin embargo, un más alto nivel de atención de los
medios de comunicación si es que queremos alcanzar una movilización de las
bases populares. Quizás el propio movimiento pacifista recoja el llamado y
se ocupe del tema. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Emma Bonino, miembro del Partito Radical Trasnacional y diputada en el
Parlamento Europeo.

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