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\»La teología de los pobres no ha muerto\»

Jun 10 2003

por Lidia Hunter (Tierramérica)*

MADRID, jun (Tierramérica) «La Teología de la Liberación no ha
perdido vigencia, sino todo lo contrario», dijo a Tierramérica el
teólogo, filósofo y psicólogo peruano Gustavo Gutiérrez Merino,
galardonado este año en España con el Premio Príncipe de Asturias
de Humanidades.

Gutiérrez, de 75 años, es considerado pionero en la
sistematización en 1969 de las ideas de la también llamada
«teología de los pobres».

Al concederle el galardón, que se entregará oficialmente en
octubre, la Fundación Príncipe de Asturias reconoció que el
sacerdote sustenta sus ideas «en sólidas bases bíblicas,
formulando que la liberación traída por Cristo no es puramente
espiritual, sino que implica también la liberación de las
injusticias terrenales».

Gutiérrez, quien pone a diario en práctica la teoría trabajando
por los pobres desde un populoso barrio limeño, dialogó en
exclusiva con Tierramérica durante su reciente estadía en Europa.

–¿Cómo se sintió al ser distinguido con el Príncipe de
Asturias?

–Muy honrado y no poco sorprendido. Pero pienso que los
premios son obsequios y estos nunca se merecen, simplemente se
agradecen.

–¿Puede decirse que la Teología de la Liberación ya no está de
moda hoy como en los años 80?

–Digamos que fueron años en que se discutió mucho sobre ésta.
Pero la presencia de una teología no se mide por sus repercusiones
en los medios, sino por su capacidad de inspirar comportamientos
cristianos, fieles a las exigencias actuales del Evangelio. Se
trata de algo cotidiano y, muchas veces, callado.
Aunque también puede surgir a la luz pública cuando ocurren casos
como los asesinatos de tantos cristianos en América Latina por su
compromiso con los pobres. Si se pudiera cuantificar algo que es
esencialmente cualitativo, podríamos decir que 90 por ciento de la
teología de la liberación es la opción preferencial por el pobre.
Y me parece que esto no ha perdido vigencia, sino todo lo
contrario. Además, una menor presencia pública de las discusiones
sobre Teología de la Liberación nos ha permitido trabajar con
profundidad en estos años.

–¿Cuál es su principal preocupación en este mundo tan
convulsionado?

–La pobreza en todas sus formas. Entiendo por pobreza un hecho
complejo que no se limita a su dimensión económica. En el marco de
la teología de la liberación decimos que el pobre es un
«insignificante», alguien sin peso social, invisible muchas veces.
Y se es insignificante por carencias de recursos (económicas), por
el color de la piel (raciales), por ser mujer (de género) o por
hablar una lengua y tener costumbres que los dominantes consideran
inferiores (culturales). A la pobreza hay que agregar el saqueo
del medio ambiente que provoca un consumo desenfrenado y nos
conduce a la autodestrucción.

–¿Qué lugar ocupa la ecología en esa reflexión?

–La perspectiva ecológica está hoy muy presente en nuestra
reflexión teológica sobre la pobreza. Ambas cuestiones, pobreza y
ambiente, tienen un lazo fundamental y figuran entre los problemas
mayores en el mundo en que vivimos.
En medios ecologistas se dice que el planeta Tierra es como una
nave en la que todos estamos embarcados. Y no hay que olvidar que
hay personas que viajan en primera clase y otros que lo hacen en
tercera o en las bodegas. La conciencia sobre esto, especialmente
en los sectores económicos y políticos dominantes, no es lo
bastante madura. Hay una tarea inmensa por hacer.

–A pesar de la oposición mundial, Iraq fue invadido. ¿Estuvo
Dios con los iraquíes?

–Lo sucedido en Iraq es de suma gravedad. Nada puede
justificar una guerra preventiva, como tampoco una cruel
dictadura, como Juan Pablo II lo dijo hasta el cansancio.
Afirmarlo con claridad es una exigencia del amor de Dios en
nuestras vidas. Me parece escandaloso dar razones religiosas para
esa invasión, eso no sólo expresa un fundamentalismo peligroso,
sino que además vela subrepticiamente claros intereses económicos
y políticos.
Después de este episodio, tengo la impresión de que no seremos los
mismos.

–Sobre los derechos humanos en Cuba, ¿cree que los sacerdotes
allí deberían ser más beligerantes con el gobierno de Fidel
Castro?

–Dadas la dificultad y delicadeza de la situación que se vive
allí (en Cuba), creo que es necesario un gran respeto por las
posiciones que se toman, tal vez sólo estando dentro se pueden
tener los elementos de juicio apropiados.

–¿Cuáles son sus proyectos actuales?

–Escribo algo sobre la opción por el pobre en relación con los
grandes desafíos que experimenta la fe cristiana: la
globalización, la mentalidad moderna y posmoderna, la pobreza
creciente, el pluralismo religioso. Prosigo con mis actividades
pastorales de costumbre.

* Publicado originalmente el 7 de junio por la red
latinoamericana de diarios de Tierramérica.
(FIN/Tierramérica)

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