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EL NUEVO MURO DE LA VERGUENZA

Nov 5 2003

Por Mario Soares (*)

LISBOA, Nov (IPS) Recibió el apelativo, con toda justicia, de «muro de la
vergüenza» el que durante tantos años separó las dos Alemanias, dividiendo
también Europa en dos bloques rivales. Recuerdo haber visitado, en 1960, la
parte occidental cuando aún muy joven participé en un congreso de
abogacía que se celebraba en Bonn. Funcionaba todavía el famoso «puente
aéreo» a Berlín oeste, única manera de romper el bloqueo forzoso. Recuerdo
de modo especial la terrible sensación de impotencia y desaliento que
experimenté en presencia de aquel deprimente espectáculo de incapacidad de
los políticos…

Transcurridos casi tres decenios, se derribó el muro en un impulso de
alegría y esperanza. Cayó el «telón de acero» con la naturalidad y la
lógica de las cosas que han de suceder. El mundo suspiró aliviado y se
dispuso a vivir mejor, sobre todo en la vieja Europa, marcada durante todo
el siglo pasado por guerras, opresiones, desgracias y sufrimientos.

Es verdad que después de la caída del comunismo se habló simbólica y
pertinentemente de otro muro que separaba y separa a los hombres de todos
los continentes y a éstos entre sí: el «muro de la pobreza». El que en su
país de origen Brasil el obrero y sindicalista Lula da Silva, elegido
presidente de la República por 53 millones de votantes, quiere derribar
democrática y pacíficamente: el «muro del hambre», que en un mundo
globalizado y generador de tanta riqueza continúa segregando y excluyendo
del «banquete de la vida» a más de dos mil millones de seres humanos.

La espiral de violencia que ha caracterizado el conflicto palestino-israelí
desde que Ariel Sharon decidió aprovechar la onda de la «estrategia
preventiva» contra el terrorismo y la consiguiente obsesión de Bush por la
seguridad de tan deficientes resultados en todas partes, sin excluir la
propia Norteamérica ha cristalizado ahora en la construcción de un nuevo e
insólito «muro» que viene a destruir lo que resta de la Autoridad Nacional
Palestina y trata de eliminar física y políticamente a Arafat. En esta
línea, Israel, la patria de los perseguidos por el nazismo que tanta
simpatía y esperanza suscitó en el mundo con ocasión de la creación del
Estado en mayo de 1948 ha procedido en medio de la indignación general a
la edificación de un nuevo «muro de la vergüenza» al objeto de dividir,
controlar y, en última instancia, dominar mejor a los palestinos, como si
fueran colonos (ciudadanos inferiores) sometidos a Israel.

¿Qué insensatez asuela el mundo como para que un proyecto tan perverso, de
verdadero exterminio y «terrorismo de Estado», pueda generarse y enraizar
en un país como Israel, con su historia de sufrimiento y persecución de que
fue víctima, con su patrimonio tan rico de científicos, profesores
universitarios, escritores y filósofos de suma excelencia?

Afortunadamente, en la sociedad civil tanto israelí como palestina
subsisten aún fuerzas defensoras de la paz cuya labor puede calificarse de
lúcida, valiente, discreta y constante en favor de las buenas relaciones
entre las dos comunidades. El llamamiento común que recientemente se ha
publicado en la prensa internacional, suscrito por Yossi Beilin y Abraham
Burg por parte israelí y Nabil Kassis y Yasser Abed Rabbo por parte
palestina, representa un rayo de esperanza en un horizonte hosco que tanto
la Unión Europea como todas las fuerzas progresistas se hallan en la
obligación de apoyar. Se trata realmente de un proyecto representativo
susceptible de convertirse en un auténtico «compromiso histórico» entre
representantes altamente responsables y prestigiosos de los estados de
Israel y de Palestina, basado en la convivencia pacífica y el
reconocimiento recíproco de dos estados y en las resoluciones números 242 y
338 del Consejo de Seguridad de la ONU. El objetivo es que el llamamiento
se suscriba próximamente en Ginebra, en presencia de personalidades
significativas de todo el mundo, de forma que pueda dar origen a un
movimiento de la opinión pública mundial en favor de la paz.

Además, un compromiso de paz entre Israel y Palestina, basado en el
reconocimiento mutuo y la convivencia de dos estados, puede ser una de las
claves para encontrar un nuevo e inteligente equilibrio geoestratégico y
pacífico en Oriente Medio. Sería, por añadidura, altamente estimulante para
reforzar el papel de la ONU y el multilateralismo.

Es posible que los tiempos sean propicios a esta senda. Los intentos de
instaurar la «pax americana» imperial en Iraq y en Afganistán se están
revelando como un tremendo fracaso. Bush da la sensación de hallarse
acorralado por la estrategia unilateral insensata de sus propios
«halcones». Por otra parte, las elecciones presidenciales están a la vuelta
de la esquina e indudablemente condicionan. La moral de las tropas de
ocupación deja que desear, factor que influye notablemente en la opinión
pública norteamericana. El coste se está haciendo insostenible. Rumsfeld
podría ser la próxima víctima de la prensa norteamericana, desatada contra
la falta de planificación en la reconstrucción de Iraq, la falta de
coordinación de las empresas norteamericanas que operan en aquel país e
incluso el hecho del favoritismo, la malversación y la corrupción se
imponen a la reconstrucción…

La sociedad civil norteamericana, por fin, está reaccionando. La opinión
pública europea sigue de cerca el curso de los acontecimientos. Las recetas
neoliberales parecen haberse agotado. Se vislumbra un viraje. Viejos y
obsoletos «muros», inadmisibles en el sentir y la conciencia de las
personas de buena voluntad, caerán. La esperanza nunca debe morir.
(FIN/COPYRIGHT IPS)

(1) Esta columna, publicada en España por el diario La Vanguardia,
es distribuida en los demás países por IPS.

(*) Mario Soares, presidente de Portugal entre 1986 y 1996.
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‘Other news’ es una inciativa personal, que tiene el fin de proprocionar material que tendria que estar en los medios, y no esta por los criterios comerciales de la informacion. Esta abierta a recibir contribuciones de todos. Su area de trabajo es informar sobre temas globales, relaciones norte-sur, y gobernabilidad de la globalizacion. Su lema es una frase aparecida en el muro de la vieja aduana de Barcelona, a comienzos del 2.003: «Lo que los muros hablan, los medios callan». Roberto Savio