General

Indígenas sacuden el poder

Nov 6 2003

por Diego Cevallos (Tierramérica)*

MEXICO, nov (Tierramérica) En menos de una década, movimientos
indígenas de América Latina derrocaron a dos presidentes,
promovieron nuevas rutas en los procesos políticos y dejaron
huella en parlamentos, ministerios, alcaldías y hasta en una
vicepresidencia.

A fuerza de protestas, participación electoral y una
organización ascendente, en los últimos 10 años los indígenas
pusieron contra la pared a más de un sistema político y económico.

«En la construcción democrática ya no es posible descartar a
los indígenas y eso lo dicen las movilizaciones», dijo a
Tierramérica el nativo aymara Víctor Hugo Cárdenas, quien ejerció
la vicepresidencia de Bolivia entre 1993 y 1997.

Hay casi 50 millones de indígenas en una población
latinoamericana de 400 millones. Ochenta por ciento vive al filo
de la miseria, un pozo del que sale lentamente pero sin pausa,
para reivindicar su cultura, sus derechos y un espacio político
propio.

En Bolivia, una revuelta de indígenas dirigida entre otros por
el líder aymara Evo Morales, derrocó el 17 de octubre al
presidente Gonzalo Sánchez de Lozada.

Morales, diputado del boliviano Movimiento Al Socialismo,
obtuvo en junio de 2002 el segundo lugar en las elecciones
presidenciales, a tan sólo 1,5 por ciento del triunfador Sánchez
de Lozada.

En Ecuador, protestas indígenas también terminaron en 2000 con
el mandatario Jamil Mahuad.

Ambos países, junto a Guatemala, Perú y México, son los de
mayor presencia de nativos en la región, y en conjunto suman más
de 30 millones de indígenas.

«Hemos aprendido de nuestra irrupción en la política que con
unidad se puede avanzar en objetivos y propuestas, se trata de una
unidad que reivindica la autoestima individual y colectiva de los
pueblos originarios excluidos», señaló a Tierramérica la indígena
Nina Pacari, canciller de Ecuador en los primeros siete meses de
este año.

«Nuestro reto enorme ahora es contribuir para construir nuevas
democracias», declaró.

Gracias al empuje del movimiento indígena ecuatoriano con el
que suscribió un acuerdo electoral, el ex militar Lucio Gutiérrez
ganó la presidencia en 2002. Hoy, cuatro diputados de los 100 en
ejercicio son nativos y decenas de otros ocupan cargos en
gobiernos locales.

Pacari y varios de sus compañeros ocuparon cargos ministeriales
en los primeros siete meses de gobierno de Gutiérrez, pero luego
rompieron la coalición, considerando que el mandatario no cumplió
con sus promesas electorales.

«Pasamos de nada a contar con ministros, con diputados,
alcaldes, prefectos, y eso tiende a crecer. Ahora no sólo los
diferentes sectores políticos nos ven, también los medios de
comunicación», dijo a Tierramérica el diputado ecuatoriano Ricardo
Ulcuango, quien preside el Parlamento Indígena de América.

En México, con 10 millones de indígenas, el guerrillero
Ejército Zapatista de Liberación Nacional, integrado en su mayoría
por nativos, se levantó en armas a inicios de 1994 para reclamar
democracia política electoral y justicia para los pueblos
originarios.

Gracias a su presencia y a otros factores que cimbraron el
sistema político dominado desde 1929 por el Partido Revolucionario
Institucional, México estrenó en 2000 un gobierno ajeno a esa
agrupación y consolidó un sistema electoral más transparente.

En Guatemala y Perú los indígenas no alcanzan la fuerza que
tienen en Bolivia o Ecuador, pero van en ese camino, según
expertos.

«Los pueblos indígenas se han organizado políticamente y eso es
un fenómeno nuevo en América Latina que hay que considerar», dijo
a Tierramérica el relator de la Organización de las Naciones
Unidas sobre Derechos Humanos y Libertades Fundamentales de los
Indígenas, Rodolfo Stavenhagen.

Está claro que «nuestras instituciones políticas no han tomado
en cuenta la pluralidad cultural, pero eso ya no se puede ignorar
bajo la ficción de que todos somos iguales, lo que nunca fue
cierto ni ocurrió», expresó.

En Guatemala, donde en los años 70 y 80 los indígenas sufrieron
una dura represión política que costó cientos de miles de vidas,
17 de los 113 diputados actuales son indígenas, una nativa es
ministra de Estado y otros cinco se desempeñan como viceministros.

Además, 106 de los 331 municipios son conducidos por indígenas,
un hecho impensable menos de una década atrás en ese país
centroamericano.

Según Pablo Ceto, diputado por la ex guerrillera Unidad
Revolucionaria Nacional Guatemalteca, las organizaciones indígenas
de su país deben madurar, pero se están reforzando «en un proceso
generalizado, que en dos o tres años dará un salto de calidad».

Ceto, candidato a la vicepresidencia para los comicios del 9 de
noviembre, dijo a Tierramérica que «en Guatemala debido a la
represión de los 70 y 80, cuando luchar por un derecho indígena
era visto como subversión, el proceso de organización no se logró
recuperar, por eso ahora no hay suficientes líderes». Pero eso
cambiará, vaticinó.

En Perú, con 12 millones de indígenas, el mayor número de la
región, la exclusión política de los pueblos originarios salta a
la vista.

De los 120 miembros del Congreso legislativo, la diputada
Paulina Arpasi, de la etnia aymara, es la única que se declara
indígena y dice representar a su cultura.

Una veintena de legisladores hablan lenguas indígenas, pero no
se asumen como tales y reivindican su condición de mestizos.

«A las organizaciones indígenas peruanas nos faltan claridad y
unidad. Pero las experiencias de nuestros hermanos de Ecuador y
Bolivia nos permiten asomarnos a un nuevo espacio político»,
señaló a Tierramérica el presidente de la Coordinara Permanente de
los Pueblos Indígenas del Perú, Miguel Palacín.

Según Roger Rumrrill, quien dirige el Centro de Culturas
Indígenas del Perú, el atraso político de la población indígena se
debe, entre otros motivos, al trabajo político y militar que en
los años 80 realizó el grupo maoísta Sendero Luminoso en las
comunidades nativas.

Esa organización, a la que se atribuye la muerte de 4.000
indígenas y la esclavización de 15.000, quiso destruir las
estructuras de poder comunal indígena «porque las consideraba
contrarrevolucionarias, primitivas y pre ideológicas», explicó
Rumrrill.

Cárdenas, el único nativo que llegó a ocupar una
vicepresidencia en la región, sostuvo que el liderazgo indígena
latinoamericano «tiene que democratizarse plenamente, dejar atrás
algunas tentaciones autoritarias y estar a la altura del desafío
histórico».

Pero también, alertó, «la elite partidaria y política debe
comprender de una vez, antes de que estallen peores casos de
enfrentamiento y sangre como los registrados en Bolivia, que la
democracia no puede continuar excluyendo a los pueblos indígenas».

* Con aportes de Kintto Lucas (Ecuador), Jorge A. Grochembake
(Guatemala) y Abraham Lama (Perú). Publicado originalmente el 1 de
noviembre por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.
(FIN/Tierramérica/
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