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LOS PERVERSOS EFECTOS DEL PROTECCIONISMO DEL NORTE

Nov 3 2003

Por Ian Goldin (*)

WASHINGTON, Oct (IPS) Para ?frica subsahariana –la región más pobre del
mundo, donde casi la mitad de la población subsiste con menos de un dólar
al día–, el fracaso de las negociaciones de la Organización Mundial del
Comercio (OMC), en septiembre pasado, no fue una buena noticia.

Para cumplir la promesa encarnada en el nombre de la Ronda de Desarrollo de
Doha, estas negociaciones deben ser revitalizadas. Los países ricos deben
tomar la delantera poniendo sobre la mesa ofertas más ambiciosas que las de
Cancún y los países en desarrollo deben responder mostrando mayor
flexibilidad para abrir sus mercados.

Los beneficios potenciales de la reforma del comercio mundial para el mundo
en desarrollo se estiman en hasta 349.000 millones de dólares anuales,
tomando en cuenta el impacto dinámico.

Muchos países africanos han instrumentado programas de reformas en los
últimos dos decenios. Estos programas han revertido en parte la tendencia
negativa, pero los resultados han sido desalentadores. En los años 90,
mientras el producto interno bruto por habitante en el mundo en desarrollo
creció 1,7%, el de ?frica cayó a un ritmo de 0,2 % anual. Se esperaba que
la combinación de reformas de las políticas nacionales con la reforma del
comercio mundial impulsara las exportaciones africanas, en particular las
del sector agrícola, que representa alrededor de 35 por ciento del producto
interno bruto y 40 por ciento de los ingresos por exportaciones. Sin
embargo, la participación de la región en el valor de las exportaciones
agrícolas mundiales descendió de ocho por ciento en 1965 a dos por ciento
en 2000.

Algunos dicen que el proteccionismo no va en detrimento de las
exportaciones africanas, pues afecta en primer lugar a los productos de
zonas templadas. Eso es engañoso. Una de las principales estrategias para
elevar el ingreso de los agricultores de zonas tropicales, así como para
reducir la vulnerabilidad macroeconómica de los países en desarrollo, es la
diversificación. Este asunto es de especial importancia para ?frica: de los
26 países altamente endeudados y con más de 50% de sus exportaciones
concentradas en tres o menos productos, 20 son africanos.

Los cultivos de zonas templadas son una alternativa viable en muchos
países, de modo que las políticas orientadas a disuadir
esos cultivos en los países en desarrollo obstruyen la diversificación. El
procesamiento de la materia prima en el país de origen permitiría a los
productores captar más del valor agregado del producto final. Pero los
grandes países desarrollados (así como muchos en desarrollo) han elevado
las tarifas arancelarias que gravan estos productos procesados.

Aumentar la productividad de la agricultura africana es otra prioridad. Las
oportunidades para la inversión y la investigación deberían reforzarse
mediante reformas comerciales que incrementen las oportunidades del mercado
y reduzcan la volatilidad de precios, la cual acaba con los ahorros de los
agricultores y aumenta radicalmente los riesgos asociados con nuevas
inversiones.

En los últimos 20 años, el algodón ha sido uno de los raros casos de éxito
de ?frica subsahariana. En ese periodo, la participación del continente en
el comercio mundial del producto creció 30 por ciento. El algodón de ?frica
es, predominantemente, un cultivo de pequeños agricultores, con más de dos
millones de hogares rurales pobres que lo tienen como principal fuente de
ingresos. Desde fines de los años 90, el sector experimentó una grave
crisis financiera causada por el pobre rendimiento de las empresas de
propiedad estatal en los países algodoneros de ?frica occidental, y
especialmente por la caída de los precios mundiales del producto. La caída
se debió, en buena medida, a los subsidios el mundo industrial: 3.700
millones de dólares por año para los agricultors estadounidenses, 700 para
los de la Unión Europea.

El algodón africano figura entre los de menor costo de producción del
mundo. Sin embargo, los agricultores se están empobreciendo cada vez más.
Las elevadas barreras comerciales y los enormes subsidios a los granjeros
son también la norma para muchos otros productos básicos, como el arroz en
Japón, el azúcar y los productos pecuarios en la Unión Europea, Japón y
Esados Unidos, para nombrar sólo los ejemplos más escandalosos.

Los subsidios a los agriultores de la Organización para la Cooperación y
el Desarrollo Económico (OCDE, entre cuyos 30 miembros figuran todos los
países del Norte industrializado) alcanzaron un promedio de 235.000
millones de dólares en los últimos años (con una transferencia total al
sector agrícola de 315.000 millones); compárese esa cifra con la de la
asistencia oficial al desarrollo, por sólo 50.000 millones.

Lo que hace estas políticas especialmente injustas es su perverso impacto
en la distribución de ingresos. Como un Robin Hood al revés, esas políticas
le roban a los más pobres entre los pobres y le regalan a los ricos de los
países más ricos, pues la mayoría de los subsidios se ootorgan en
proporción a la producción o al dinero gastado.

El objetivo de Cancún era la reforma del comercio mundial y hacer surgir
un nuevo equilibrio que le dé a ?frica la oportunidad de beneficiarse del
poderoso motor de crecimiento y de reducción de la pobreza que el comercio
ha demostrado ser en otras partes del mundo. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Ian Goldin, Vicepresidente y Director de Políticas de Desarrollo del
Banco Mundial.
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