General

Negroponte, dudosa reputacion

Abr 21 2004

Lisandro Otero

El gobierno de Bush acaba de cometer otra de sus innumerables barrabasadas al nombrar a John Negroponte embajador en Irak. Debe sustituir al procónsul Bremer el 30 de junio, cuando se efectúe la opereta de la llamada restitución de la soberanía a los iraquíes. En realidad una fachada para ingenuos, un decorado republicano que pretenderá hacer creer que un grupo de fantoches y monigotes asume la dirección del país.

La designación de Negroponte, conocido agente de la CIA y actual
embajador ante Naciones Unidas, ha creado una ola de airada
estupefacción. Apenas unas horas después del anuncio muchos
estadounidenses comenzaron a recoger firmas, enviar telegramas al
Senado, organizar movimientos de protesta para impedir que el
Congreso ratifique este nombramiento. Una verdadera tempestad de
opinión pública ha seguido el anuncio. Es como si a Al Capone lo
hubiesen nombrado director de la Cruz Roja.

Negroponte es un conocido manipulador político, cómplice de
torturadores, animador de verdugos, siniestro encubridor de
violaciones de derechos humanos, compinche de traficantes de armas.
Fue embajador en Honduras de 1981 al 85. Durante su ejercicio fundó
la espantosa base de El Aguacate, centro de detención y torturas, con
la cooperación de la CIA y de militares argentinos. Allí se entrenaba a los contras nicaragüenses.
En agosto de 2001 unas excavaciones descubrieron los restos de 185
personas, incluyendo dos norteamericanos, quienes habían sido
torturados y asesinados en aquél horrendo lugar.

Negroponte, con ayuda de la CIA, contribuyó a crear el Batallón 316
que secuestró, martirizó y exterminó a cientos de patriotas.
Negroponte puso en contacto a los traficantes de armas Thomas Posey
y Dana Parker con los militares hondureños y logró que el presupuesto
de la ayuda militar norteamericana a Honduras creciera de cuatro a
setenta y siete millones de dólares anuales.

El periódico Baltimore Sun ha recogido las declaraciones de Efraín
Diaz Arrivillaga, un disidente hondureño, quien denunció a Negroponte
las violaciones de derechos humanos de los militares y el embajador
negó conocer esos hechos pese a que Rick Chidester, ex funcionario de
la embajada estadounidense en Tegucigalpa, declarara que se le forzó
a omitir de sus informes al State Department la relación de esas
violaciones.

En mayo de 1982 la monja Leticia Bordes llegó a Honduras en una
misión investigadora sobre la suerte corrida por 32 monjas
salvadoreñas que se habían refugiado en Honduras tras el asesinato del obispo Oscar Romero.
Vio a Negroponte quien negó saber nada del asunto. Sin embargo, más
tarde Jack Binns, funcionario diplomático estadounidense, aseguró que
las monjas habían sido secuestradas, violadas y lanzadas desde
helicópteros, todo lo cual era del conocimiento y probable intervención de Negroponte.

Los Angeles Times ha denunciado que a Luis Alonso Discua Elvir,
embajador alterno de Honduras en Naciones Unidas, se le revocó su
visado de manera que no pudiera ser citado a declarar ante las
audiencias del Senado en Washington, en julio próximo, para la
aprobación del nombramiento de Negroponte. Discua Elvir fue dirigente
del siniestro batallón 316 en tiempos de Negroponte y pudiera dar
testimonios horribles que impedirían la designación que Bush reclama.
El gobierno de los halcones petroleros está tratando de borrar huellas
y camuflar los rastros de sangre del patibulario embajador. Muchos
miembros de los escuadrones de la muerte hondureños, que actualmente
residen en Estados Unidos, han viajado al exterior en estos días para
evitar ser interrogados.

En 1981 los cadáveres de cuatro monjas de la congregación Maryknoll de
Nueva York: Ita Ford, Maureen Clarke, la ursulina Dorothy Kazel y la
misionera Jean Donovan fueron hallados en El Salvador. Habían sido
violadas antes de matarlas a tiros. Esas religiosas habían defendido a
los salvadoreños del terror desatado por su gobierno. El crimen,
denunciado por el New York Times, provocó que la embajadora en
Naciones Unidos en aquella época Jean Kirkpatrick acusase a las monjas
de actividades subversivas. Ella y su sucesor, Vernon Walters, el
homicida subdirector de la CIA que organizó los batallones de
matarifes de la Operación Cóndor, negaron estos hechos y de paso
ayudaron a Negroponte a ocultar su horrorosa hoja de terrorismo contra el pueblo hondureño.

Otro caso similar fue el del sacerdote jesuita estadounidense James
Carney, quien fuera desaparecido por los militares hondureños en
septiembre de 1983. Sus restos fueron exhumados en enero de 2004 en
una de las bases usadas por los contras, con el asentimiento de Negroponte.

Negroponte colaboró estrechamente con el jefe del ejército hondureño,
general Gustavo ?lvarez Martínez en la consolidación del terrorismo de
estado, de la desaparición de centenares de hondureños y salvadoreños,
en la tortura, interrogatorio y asesinato de patriotas que solamente
deseaban ver la tierra en que nacieron libre del dominio extranjero y
de la opresión de la oligarquía nacional.

——————————————————————————–
‘Other news’ es una inciativa personal, que tiene el fin de proprocionar material que tendria que estar en los medios, y no esta por los criterios comerciales de la informacion. Esta abierta a recibir contribuciones de todos. Su area de trabajo es informar sobre temas globales, relaciones norte-sur, y gobernabilidad de la globalizacion. Su lema es una frase aparecida en el muro de la vieja aduana de Barcelona, a comienzos del 2.003: «Lo que los muros hablan, los medios callan». Roberto Savio