General

Norte y Sur siguen alejandose

Abr 20 2004

Por Omary Mjenga

DAR ES SALAAM, Abr (IPS) – Hay una cantidad de signos preocupantes en las relaciones Norte-Sur que requieren atención inmediata. Los beneficios del crecimiento sin precedentes del final de la década pasada no han sido equitativamente compartidos ni sus costos han sido uniformemente distribuidos, aunque las fuerzas económicas y tecnológicas de la globalización hayan trabajado para transformar al mundo en un único espacio social compartido.

Se han creado profundos desequilibrios y disparidades entre el Norte, que
cosecha la mayoría de los beneficios de la globalización, y la mayor parte
del Sur.

Durante décadas, la humanidad ha estado buscando un marco para la política
social y económica y acuerdos que engendraran un rápido crecimiento
económico entre las naciones y los pueblos y aseguraran, al mismo tiempo,
un desarrollo global sostenible. La meta final sería la erradicación de la
pobreza y del subdesarrollo, la eliminación de la división entre naciones
ricas y pobres y de los desequilibrios que persisten entre el Norte y el
Sur. Este es precisamente el centro del Proceso de Helsinki sobre la
Globalización y la Democracia, convocado por los gobiernos de Finlandia y
Tanzania.

La globalización es indiferente ante la equidad: el reconocimiento de este
hecho es esencial si se quiere mejorar la situación actual.

Las reglas y los acuerdos comerciales internacionales, pasados y presentes,
son un ejemplo que hace al caso. El Africa subsahariana, cuyos 640 millones
de habitantes constituyen el 10 por ciento de la población mundial, tiene un
sector manufacturero en crecimiento y una rica dotación de minerales, de
recursos agrícolas y de otros recursos naturales. Sin embargo, participa
sólo con un dos por ciento en el comercio mundial. La causa de ello radica
en la manipulación de los precios de las materias primas y en el
proteccionismo del Norte.

Los acontecimientos del otoño del 2001 significaron una clara refutación
del argumento según el cual en la era de la globalización las diferencias
entre el Norte y el Sur ya no son de gran importancia, un argumento
ampliamente utilizado en la creencia de que la globalización por sí misma
disolvería las principales disparidades económicas y de poder.

Ahora la situación es más clara para todos. Un creciente número de
personas en el Sur considera al actual proceso de globalización ni más ni
menos como un moderno imperialismo que usa todo instrumento posible para
moldear el orden mundial de acuerdo con las conveniencias de las
principales naciones industrializadas.

Existe un resentimiento y una frustración crecientes en el Sur, donde
impera un sentimiento de impotencia ante la arrogancia e impunidad con que
actúa el Norte. Esta situación difícilmente proporciona campo fértil para
el desarrollo o la paz o la construcción de una comunidad internacional.
Actualmente, el miedo de hablar en defensa de los propios intereses se ha
intensificado por la nueva sentencia que dictamina «O están con nosotros o
contra nosotros».

En esta época de creciente globalización, las estructuras e instituciones
globales han asumido por doquier un papel decisivo en todas las esferas de
la vida y de la sociedad y proporcionan a los países del Norte una poderosa
influencia con la cual defender sus intereses. En consecuencia, de variadas
formas y en diferentes grados, todos los países en desarrollo están
sufriendo una masiva y multifacética intrusión en virtualmente todos los
dominios de la política nacional, de la soberanía y del ejercicio del poder.

El Norte se ha arrogado el derecho a interferir a voluntad, sin atender en
lo más mínimo las premisas básicas de la Carta de las Naciones Unidas. El
Norte considera tal cosa como natural y legítima en vista de su poder
superior.

Las políticas que los países en desarrollo han sido obligados a seguir se
han demostrado a menudo ineficaces o dañinas. Ellas han sido tomadas a mal
y ampliamente rechazadas por las masas de esos países y han generado
desórdenes sociales, políticos y económicos. Ulteriormente debilitados, los
países en desarrollo están incluso más expuestos a las interferencias
externas, particularmente en los sectores de la política nacional y del
ejercicio del poder. Su autonomía política ha desaparecido virtualmente
bajo un régimen global inspirado y conducido por el Norte. A los países en
desarrollo no se les permite arreglárselas por ellos mismos en el altamente
competitivo y desigual ambiente global. El resultado general de ello en
muchas partes del Sur es la marginación económica e internacional.

Es tiempo ahora, cuando las instituciones multilaterales de las Naciones
Unidas todavía conservan cierta legitimidad, de hacer escuchar la voz
colectiva del Sur. Si los países en desarrollo quieren ejercer alguna
influencia en las relaciones internacionales y si quieren tener que ver en
la configuración y ejercicio de la política económica global y nacional,
necesitan tener la voluntad política para mejorar rápidamente su capacidad
intelectual y técnica a fin de enfrentar el desafío. El Proceso de Helsinki
tiene un papel importante a jugar en cuanto a ayudarlos a esos efectos.

«Un nuevo mundo es posible, déjennos jugar nuestro papel.» (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Omar Mjenga, secretario del Secretariado Tanzano del Proceso de
Helsinki sobre Globalización y Democracia, una iniciativa lanzada por los
gobiernos de Finlandia y Tanzania.

——————————————————————————–
‘Other news’ es una inciativa personal, que tiene el fin de proprocionar material que tendria que estar en los medios, y no esta por los criterios comerciales de la informacion. Esta abierta a recibir contribuciones de todos. Su area de trabajo es informar sobre temas globales, relaciones norte-sur, y gobernabilidad de la globalizacion. Su lema es una frase aparecida en el muro de la vieja aduana de Barcelona, a comienzos del 2.003: «Lo que los muros hablan, los medios callan». Roberto Savio