General

Remesas, la nueva arma estratégica

May 21 2004

Lisandro Otero

Un nuevo armamento refinado está siendo perfeccionado en Estados Unidos. No se trata de bombas inteligentes, ni de cohetes dirigidos por satélites, ni de espectaculares aviones artillados; es un arma de destrucción masiva que actúa en silencio, se trata, sencillamente, del envío de remesas. América Latina recibe treinta mil millones de dólares anuales en transferencias de fondos de los emigrados –que devengan un salario en un área de economía industrial y elevado nivel de vida–, a sus parientes menos afortunados. La tolerancia o suspensión de esa corriente económica puede ser utilizada, lo está siendo, para influir en comicios o premiar y/o castigar a gobiernos dóciles o díscolos.

Recientemente se probó el poder político que puede tener este nuevo pertrecho bélico: las elecciones en Salvador. El líder del partido de derecha Arena, Tony Saca, montó una campaña de miedo amenazando con la suspensión de las remesas si ganaba su contendiente, el líder de izquierda Schafik Handal. En Estados Unidos residen 2.3 millones de salvadoreños que envían 2,100 millones de dólares anualmente a sus familias dentro de su país.

Ese flujo económico norte-sur está siendo utilizado como recurso de presión política en Argentina, Brasil y Paraguay, donde hay gobiernos liberales, y se está usando en el proceso eleccionario de Uruguay cuyos comicios tendrán lugar en octubre próximo. No fue efectivo, sin embargo en Panamá ni en República Dominicana donde ganaron candidaturas de centro-izquierda. O sea que el dispositivo no es infalible. Para México las remeses son el ingreso más importante.

Estados como Nueva York, Nueva Jersey, Carolina del Norte, Georgia, Arizona y Virginia se han convertido en centros claves para el sustemto de millones de latinoamericanos. Pero los estados que contribuyen de manera mayoritaria son California, Texas, Illinois y Florida. Según el Banco Interamericano de Desarrollo 10 millones de inmigrantes latinoamericanos enviarán dólares a sus países de origen este año. Se calcula que el 61 % de los adultos del sur residentes en Estados Unidos remiten fondos a sus comunidades de origen. Este flujo, sostiene el BID, suma más que toda la nversión extranjera directa y la asistencia de desarrollo oficial enviada a la región el año pasado.

La mitad de los emigrados tienen ingresos anuales de menos de 20 mil dólares y remiten entre 200 y 250 dólares, como promedio, cada mes a sus familiares. El 30% de las remesas provienen de California. Nueva York es el segundo estado más importante en ese flujo. Solamente desde New Jersey salen cinco mil millones de dólares. Todos los remitentes destinan entre el 10 y el 15% de sus ingresos a envíos a sus familiares.

Las recientes medidas del gobierno de Bush destinadas a estrangular a Cuba golpearon el área sensible de las remesas reduciendo la cantidad de 300 dólares mensuales, que era el promedio, a 75 y restringiendo el número y tipo de familiares que puedan beneficiarse con esos envíos. A la vez limitó el número de veces que un emigrado pueda visitar su país de origen a un viaje cada tres años. De igual manera cuando se ingrese en la isla el gasto promedio se forzó a descender de 164 a 50 dólares por día. Todo ello con el fin de reducir el monto de las divisas ingresadas, que algunos estiman en mil millones anuales y otros cifran en 800, solamente.

La nueva arma de las remesas crea economías artificiales basadas en elementos espurios que no surgen de un desarrollo doméstico y se convierte en un factor poderoso de influencia y presión.
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