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EEUU: MUCHAS FALLAS EN EL SISTEMA ELECTORAL

Dic 21 2004

Por Mark Sommer (*)

BERKELEY, Dic (IPS ) – Cuando el Secretario de Estado Colin Powell denunció que las elecciones ucranianas habían sido fraudulentas, la ironía de esta acusación o pasó inadvertida para muchos estadounidenses, puesto que ella podía aplicarse también a la elección presidencial celebrada apenas dos semanas antes en Estados Unidos.

En el período previo a las elecciones estadounidenses del 2 de noviembre pasado fueron hechos pronósticos alarmantes acerca de posibles fraudes en la votación, de mal funcionamiento de las máquinas electrónicas utilizadas para votar y de otras irregularidades que podían torcer el resultado. Miles de abogados de los dos partidos fueron enviados a las circunscripciones electorales de todo el país y cientos de miles de jóvenes actuaron voluntariamente como observadores en un esfuerzo sin precedentes para vigilar la elección.

Luego, al contrario de todas las expectativas, nada pareció suceder de terriblemente malo. Los principales medios de comunicación informaron que la votación transcurrió «con apenas algunas fallas técnicas menores» y concluyeron que ello era una prueba de la solidez del sistema electoral estadounidense. Cuando las primeras informaciones de irregularidades comenzaron a emerger, el New York Times y otros mportantes medios de comunicación rápidamente los desecharon como exageraciones de teóricos de la conspiración con bases en Internet. Sin embargo, las noticias siguieron fluyendo y finalmente llegaron a ser una inundación: 57.000 denuncias llegaron a la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes en las primeras dos semanas posteriores a las elecciones. La General Accounting Office, un organismo federal, acordó realizar una investigación completa al respecto.

En el estado clave de Ohio, epicentro de las denuncias sobre manipulación de los votos y otras formas de irregularidades electorales, los partidos Verde y Libertario reclamaron un recuento. Se denunció, por ejemplo, que cientos de votantes debieron esperar en colas hasta 10 horas con bajas temperaturas en barrios pobres que generalmente votan fuertemente al Partido Demócrata, mientras que los votantes en barrios con amplia mayoría de seguidores del Partido Republicano no tuvieron esperas para poder votar.

Un cuarto de todos los votantes usó este año máquinas electrónicas de votación fabricadas por compañías cuyo software patentado es considerado por expertos en computación vulnerable tanto en casos de errores humanos como de manipulación deliberada. La mayor empresa fabricante de esas máquinas en Estados Unidos, Diebold, es de propiedad de un importante recolector de fondos del Partido Republicano, quien se comprometió públicamente a ayudar a Bush a ganar la elección en Ohio en 2004.

Sucedió que en las circunscripciones que usaron las nuevas tecnologías electrónicas Bush obtuvo márgenes de ventaja más amplios de lo que se hubiera podido esperar dado el equilibrio en las afiliaciones de los partidos. En tres áreas rurales de condados del estado de Florida con 3 afiliaciones al Partido Demócrata contra una del Republicano aparentemente hubo una diferencia de 3-1 a favor del candidato republicano.

Sin embargo, virtualmente no existen posibilidades de que en círculos políticos o en los medios de comunicación se otorgue suficiente credibilidad a las denuncias y críticas para que éstas puedan contestar efectivamente el resultado de la elección. Sencillamente no hay modo de demostrar más allá de toda duda que, por acumulación, las variadas irregularidades que ocurrieron pueden haber alterado el resultado.

En privado, muchos votantes demócratas están furiosos con Kerry por haber concedido tan rápidamente la victoria a Bush cuando antes había prometido «luchar por cada voto hasta el final» para que fueran contados limpiamente.
Abandonados a su propia suerte, grupos de ciudadanos de Ohio están montando una campaña desde la base para hacer recontar los votos y para exigir reformas fundamentales en el sistema electoral.

La dura verdad es que los estadounidenses no pueden confiar más en que su sistema electoral represente fielmente la voluntad de la gente. La más célebre democracia del mundo tiene un proceso electoral que en aspectos clave del registro electoral, en acceso equitativo a los medios, en los límites de las contribuciones para las campañas y para la propaganda política, en niveles adecuados de la maquinaria de votación y en muchos otros aspectos está rezagada incluso con respecto a naciones, como Ucrania, cuyas elecciones han sido denunciadas como fraudulenta. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Mark Sommer dirige el Mainstream Media Project, con sede en Estados Unidos, y es el anfitrión del galardoneado programa de radio «A world of possibilities».

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