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LA MEJOR ESTRATEGIA PARA COMBATIR LA POBREZA

Ene 26 2005

Por Mary Robinson (*)

NUEVA YORK,, Ene (IPS) – ¿Será el 2005 un año de avances que nos acerquen a hacer realidad la convicción del Foro Social Mundial de que «otro mundo es posible»? ¿O será otro año en el que sigan aumentando las divisiones en nuestro mundo? La respuesta, por supuesto, depende de las opciones que hagamos y de los valores que sostengamos.

El año que tenemos por delante proporciona a los dirigentes oportunidades
clave para poner en práctica políticas de principios en algunos de los
desafíos mundiales más acuciantes. Desde la Cumbre del G8 hasta la Reunión
Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Hong Kong los
líderes gubernamentales tomarán decisiones en materia de normas comerciales,
de ayuda y de la insostenible deuda de los países en desarrollo, que son
críticas para el futuro de millones de personas en todo el planeta.

Como siempre, la sociedad civil global puede contribuir a asegurar que esas
decisiones sean adecuadas para ayudar a quienes tienen más necesidades. Las
organizaciones de la sociedad civil tienen un papel clave en cuanto a
asegurar que los gobiernos cumplan con los compromisos que ya han acordado.

Los compromisos adoptados por los gobiernos a principios del siglo XXI
constituyen lo principal y el núcleo de las decisiones a tomar en este 2005.
Cinco años después de que la mayor reunión de jefes de estado y gobierno
jamás realizada prometiera solemnemente en la Declaración del Milenio de la
ONU del 2000 «no ahorrar esfuerzos para liberar a nuestros semejantes
-hombres, mujeres y niños- de las abyectas e inhumanas condiciones de
extrema pobreza en que se hallan», resulta claro que muchos países se están
quedando desesperadamente cortos en los progresos necesarios para alcanzar
las Metas de Desarrollo del Milenio (MDM) en el 2015.

Hasta ahora, amplios sectores de la sociedad civil no han sido activamente
involucrados en la promoción de las MDM ni en la movilización para presionar
a sus gobiernos para que emprendan acciones efectivas. Algunos han expresado
su preocupación de que las Metas del Milenio eluden las cuestiones más
acuciantes o ignoran compromisos previos tales como la plataforma de los
derechos de la mujer de los años 90, que incluye los problemas de la
violencia contra las mujeres y de los derechos reproductivos. Otra crítica
es que el proceso de las MDM ha sido articulado de arriba hacia abajo, ya
que la sociedad civil no ha sido involucrada en la formulación de tales
metas.

Aunque reconozco que esas son preocupaciones legítimas, no deberíamos
olvidar que las MDM fueron ubicadas dentro de un contexto de compromisos que
los gobiernos reafirmaron en la Declaración del Milenio para promover los
derechos humanos, la democracia y el buen gobierno. Esos compromisos son:

Respetar y sostener totalmente la Declaración Universal de los Derechos
Humanos;

Fortalecer la capacidad de todos los países para poner en práctica el
ejercicio de la democracia y de los derechos humanos;

Aplicar la Convención para la Eliminación de la Discriminación Contra las
Mujeres;

Asegurar el respeto y la protección de los derechos de los trabajadores
emigrantes y de sus familias;

Trabajar colectivamente por un proceso político más incluyente, que permita
una participación genuina de todos los ciudadanos en todos los países y
asegurar la libertad de los medios de comunicación y el acceso público a la
información, lo que resulta fundamental para alcanzar las MDM, por lo que
debería dársele una mayor importancia.

Una iniciativa en la que estoy actualmente involucrada, el Proceso de
Helsinki sobre Globalización y Democracia, busca juntar a todos los
interesados del Norte y del Sur para modelar una visión alternativa de la
globalización que pueda influir colectivamente en los gobiernos y en el
público más amplio. Un plan de acción será presentado en la Conferencia de
Helsinki que tendrá lugar en setiembre de este año. Yo quisiera alentar a
los participantes en el Foro Social Mundial para que se involucren en el
Proceso de Helsinki durante el 2005 y en los años venideros.

Cualquier agenda de reformas debe incluir no sólo un gran incremento en la
ayuda al desarrollo por parte de las naciones más ricas sino también un
compromiso a favor de una mayor equidad global. Las reglas del camino de la
globalización, incluyendo las reglas del comercio, de las inversiones y de
las finanzas internacionales, deben ser justas y reflejar las necesidades de
los países pobres. Al mismo tiempo, los países en desarrollo deben redoblar
sus esfuerzos para construir formas de gobierno más democráticas, combatir
la corrupción y asegurar que la asistencia al desarrollo sea adecuadamente
utilizada.

En nuestra búsqueda de una globalización más ética, es hora de volver a los
valores y a los principios reflejados en la Declaración Universal de los
Derechos Humanos. La universalidad de los derechos humanos, su atención
fijada en la dignidad humana y su preocupación por la responsabilidad los
hacen singularmente apropiados para remodelar la cooperación para el
desarrollo, para fomentar el buen gobierno y para combatir la
discriminación, la enfermedad y la desesperanza.

Otro mundo es posible. El 2005 debería ser el año en el cual el mundo se una
alrededor de la convicción de que hacer realidad el respeto de los derechos
humanos es nuestra mejor estrategia para terminar con la pobreza y para
asegurar un vida de dignidad para todos. (IPS)

(*) Mary Robinson, ex presidenta de Irlanda y ex Alto Comisionado de la ONU
para los Derechos Humanos, es actualmente Directora de The Ethical
Globalisation Initiative.