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LOS EMPRESARIOS SOCIALES PUEDEN CAMBIAR EL MUNDO

Ene 31 2005

Por Klaus Schwab y Pamela Hartigan (*)

GINEBRA, Ene (IPS) – El Foro Económico Mundial (FEM) y el Foro Social Mundial (FSM) se reúnen, respectivamente, en Davos y Porto Alegre, en momentos en los que predominan la sensación y el presentimiento de que fuerzas profundas apenas discernibles están remodelando el mundo y de que las instituciones nacionales y globales con las que siempre hemos contado resultan ahora inadecuadas.

Sin embargo somos optimistas. ¿Por qué? Porque en los últimos cuatro años hemos trabajado estrechamente con los líderes mundiales del empresariado social, cuyo inspirado pragmatismo hacen que se desvanezca el pesimismo.

Necesitamos empresarios sociales como nunca antes, dado que es preciso ahora repensar los modelos económicos mundiales. Durante los últimos 200 años el sistema económico primario global ha sido guiado por tres procesos interrelacionados: el crecimiento de la producción industrial y el consumo masivo; el capitalismo de mercado dentro de un marco de regulaciones
gubernamentales y de pautas mínimas, y los adelantos tecnológicos. Ello ha beneficiado enormemente a algunas personas y a otras algo menos. Pero dos mil millones no tienen participación ni beneficios en el orden económico mundial actual. Tanto el FEM como el FSM han reconocido que la brecha entre ricos y pobres es el principal desafío que se nos presenta.

Aunque no podemos reformular nuestros sistemas institucionales de la noche a la mañana, estamos convencidos de que podemos hacerlo a un plazo más largo porque somos testigos del trabajo actual de empresarios sociales que están ahora creando diferentes tipos de instituciones que combinan enfoques de los sectores público y privado para conseguir transformaciones económicas y sociales.

Nuestras soluciones se basan en ayudar a aquellos empresarios sociales exitosos para que puedan adquirir peso en la sociedad, puesto que no podemos esperar que los sistemas que crearon los problemas que ahora enfrentamos salgan ahora con soluciones a esos problemas. Necesitamos nuevas alianzas,
un nuevo modo de pensar. Los gobiernos y los organismos de ayuda no pueden
ser ya más los únicos actores en la lucha para enfrentar la injusticia y la
iniquidad. El sector privado no puede seguir viéndose a sí mismo simplemente
en el negocio de hacer negocio. Y no se puede esperar que el sector
filantrópico por sí solo cierre las brechas entre ricos y pobres.
Necesitamos una organización híbrida que haga todas estas cosas
imprescindibles para solucionar los problemas actuales. A continuación damos
dos ejemplos:

Farouk Jiwa fundó Honey Care e introdujo una nueva tecnología apícola en
Kenia. Honey Care suministra colmenas a los apicultores y los entrena en el
nuevo método. Luego, Jiwa actúa como comprador de la miel producida en las
comunidades. Asimismo, Honey Care en sociedad con organizaciones no
gubernamentales proporciona microfinanciaciones y entrenamiento a los
apicultores. En cinco años, Honey Care consiguió el 27 % del mercado
doméstico de miel de Kenia, un país que era un gran importador de miel, y
estableció una red de 2.500 apicultores residentes en comunidades rurales
extremadamente pobres y con producción de subsistencia en el oeste del
territorio. Como resultado de esa iniciativa, esos campesinos están ganando
entre 200 y 250 dólares anuales, el doble de sus ingresos anteriores. La
operación de Jiwa tiene objetivos de lucro, pero en lugar de concentrarse en
generar riqueza para accionistas, Honey Care está usando al mercado para
lograr una transformación social. Y lo está consiguiendo.

También está el ejemplo de Rodrigo Baggio, quien tuvo un sueño en el que vio
a los niños más pobres de las favelas de su ciudad natal, Río de Janeiro,
usando computadoras. Hoy en día, el Comité para la Democratización de la
Información (CDI), creado por Rodrigo, se ha extendido más allá de Río de
Janeiro y actúa en 869 ciudades a lo largo y ancho de Brasil y en otros 10
países. Trabajando en estrecha sociedad con centros comunitarios en las
comunidades más pobres y violentas de Brasil, así como en prisiones, CDI
alfabetiza a través del manejo de las computadoras a quienes habitualmente
están excluidos de su uso y utiliza textos que sirven para estimular el
conocimiento de los derechos y las responsabilidades de los ciudadanos. El
CDI ha otorgado certificados de estudios en computación a más de 80.000
alumnos, el 87% de los cuales informó que lo aprendido les permitió
conseguir nuevas oportunidades de trabajo mejor remunerado y más digno.

Estos ejemplos y muchos otros resultan extraordinarios pues las iniciativas
fueron convertidas en realidad sin un respaldo financiero sustancial. La
verdad es que hemos perdido de vista que una persona puede, a pequeña escala
y con una cantidad mínima de euros o dólares, crear cambios sociales. La
trayectoria del crecimiento de los empresarios sociales se pone en camino
lentamente. A veces hacen falta de 5 a 10 años para que sus ideas se
conviertan en soluciones viables. Incluso entonces, su enfoque debe ser
continuamente modificado para responder a los obstáculos imprevistos o las
nuevas dinámicas que se presentan por el camino.

Los empresarios sociales enfrentan retos a cada paso de su marcha porque
ellos están desafiando a los caminos aceptados de hacer las cosas. Ellos ven
oportunidades que otros no aprecian, porque la mayoría de nosotros, ya
seamos gobiernos, compañías u ONG, no vemos más allá de las vías
establecidas.

Sin embargo, hay soluciones innovadoras para problemas sociales complejos
que están allí, delante de nuestras narices. Pero a menudo miramos para el
lado equivocado. Los empresarios sociales, trabajando junto con socios de
mente abierta y autocríticos, sean ellos gobiernos, empresas, filántropos o
ONG, pueden cambiar el mundo mucho más efectivamente que trabajando solos,
como lo han estado hasta ahora.

Aunque puede parecer aventurado aprovechar la oportunidad abierta por el
aparente caos y la confusión actuales para invertir en soluciones
innovadoras, en realidad es más riesgoso aferrarse al pasado y a
inflexibles, nada imaginativas y burocráticas estructuras y prácticas. El
futuro le pertenece a organizaciones y a individuos emprendedores dispuestos
a desafiar a la actual «sabiduría» y a reinventar el futuro. Tengamos esto
en mente en Davos y en Porto Alegre. (IPS)

(*) Klaus Schwab, es fundador y presidente del Foro Económico Mundial, Pamela Hartigan es directora ejecutiva de la Fundación Schwab para el Empresariado Social.