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EL LIBRE COMERCIO ARRUINA A LOS CAMPESINOS DEL SUR

Abr 20 2005

Por Frederic Mousseau y Anuradha Mittal (*)

OAKLAND, Abr (IPS) – Los últimos 40 años no han sido beneficiosos para la
agricultura de los países en desarrollo y sobre todo para los países menos
desarrollados (PMD), concluye un nuevo informe de la Organización de las
Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sobre el estado
de los mercados de materias primas agrícolas.

De hecho, los países en desarrollo y especialmente los PMD están perdiendo
terreno en forma dramática en el comercio internacional: la mayor parte de
ellos dependen de la exportación de un pequeño número de productos
agrícolas, cuyos precios son volátiles y tendencialmente declinantes.

Esta especialización en pocos productos básicos ha incrementado la
dependencia de los PMD en relación a los alimentos que importa desde los
países desarrollados. En tanto que los PDM se han especializado cada vez más
en productos tales como el café o la cocoa, las exportaciones de alimentos
subsidiados de los países desarrollados han hecho que los alimentos
importados por los PMD sean más baratos que los producidos localmente. Por
esta razón, un superávit de mil millones de dólares para los países en
desarrollo por el comercio de alimentos en la década del 70 se transformó en
un déficit de 11 mil millones de dólares en 2001.

Mientras que los ingresos por sus exportaciones son volátiles y declinantes,
los PMD tienen que financiar los crecientes montos de las importaciones de alimentos
y de bienes manufacturados desde los países desarrollados. Esto explica el
desastroso deterioro que sufren en los términos de su intercambio comercial
y la ?consiguiente transferencia de ganancias de los países en desarrollo a
los desarrollados?.

Resulta muy claro que esta tendencia no se debe a la escasa competitividad
de los países pobres en un mundo competitivo. Aranceles, subsidios y otras
políticas distorsionadoras del comercio que adoptan las naciones
desarrolladas han perjudicado la cuota de mercado que le corresponde a los
países en desarrollo y ha erosionado los ingresos de sus exportaciones. El
papel jugado al respecto por los países desarrollados es innegable si se
consideran los siguientes elementos:

– Los subsidios a la agricultura en los países desarrollados han deprimido
los precios en los mercados mundiales. Por ejemplo, el azúcar europeo es
exportado a un 75% por debajo del costo de producción;

– El arancel medio para la importación de productos agrícolas en los países
desarrollados es del 60%, mientras que el de los bienes industriales es de
sólo un 5%. Esos aranceles son injustos para las naciones en desarrollo, que
son altamente dependientes de las exportaciones de productos básicos
agrícolas.

– Los Programas de Ajuste Estructural han dado como resultado la apertura de
los mercados locales y la anulación del apoyo estatal a los agricultores y a
la producción. Pero, mientras que los países desarrollados han mantenido
altos niveles de subsidios en sus propias naciones, los ajustes
estructurales han causado una disminución del respaldo económico a la
agricultura de los países en desarrollo, colocando una barrera para que
reciba las inversiones necesarias.

Mientras que las naciones ricas promueven una visión del desarrollo basado
en el comercio, el informe de la FAO muestra que el comercio en realidad
margina a los países más pobres y a sus pequeños productores rurales y que
fundamentalmente beneficia a los productores en gran escala de los países
desarrollados.

En las últimas décadas las corporaciones transnacionales han incrementado su
control sobre la producción y el comercio en las naciones en desarrollo. Por
ejemplo, el 40% de la producción mundial de café es comercializado sólo por
cuatro compañías y el 45% es procesado sólo por tres firmas de tostado de
café. Esa concentración otorga a esas grandes compañías una posición
dominante en el mercado y una ventaja significativa sobre la producción y
los precios.

Aparte de denunciar la distorsión de los mercados por parte de los países
desarrollados, desafortunadamente, el informe no cuestiona las políticas que
perjudican a la agricultura en los países en desarrollo y socavan los medios
de subsistencia de sus campesinos. En lugar de ello recomienda medidas para
hacer que los países en desarrollo y sus campesinos sean más competitivos en
una economía global abierta.

A pesar de la citada evidencia del fracaso de los acuerdos comerciales, la
FAO no cuestiona la liberalización de los mercados y en lugar de ello
recomienda más liberalización cuando aboga por la eliminación de aranceles
en los países en desarrollo a fin de aumentar el comercio entre ellos.

En general la FAO ha fracasado en proporcionar el remedio adecuado para el
actual desastre. Sugiere que el comercio y la liberalización de los mercados
son las únicas posibilidades que tienen los PMD para salir de la pobreza.
Sin embargo, después de la publicación del citado
informe es obvio que el único camino para avanzar que tienen esos países es
la adopción de la soberanía alimentaria como política nacional, incluyendo
en ella el derecho a proteger su producción y sus mercados contra un sistema
injusto. Este modelo de desarrollo buscaría el bienestar y la seguridad
alimentaria para todos los pueblos y campesinos en las naciones en
desarrollo más bien que las ganancias de los intereses comerciales en los
países desarrollados. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Frederic Mousseau, investigador del Oakland Institute, es un reconocido
experto en seguridad alimentaria que coopera con agencias internacionales,
entre ellas Oxfam International., Médicos sin Fronteras y Acción contra el
Hambre.

(*) Anuradha Mittal, fundadora y directora del Oakland Institute.
(www.oaklandinstitute.org)