General

LAS ESCLAVAS SEXUALES COREANAS EXIGEN JUSTICIA A JAPON

Abr 19 2005

Por Elisa Gahng (*)

OAKLAND, Abr (IPS) – Las abuelas coreanas aún en vida que hace más de medio siglo fueron convertidas en esclavas sexuales por el ejército imperial
japonés esperan y reclaman desde hace muchos años una disculpa de parte del
gobierno de Tokio y, con una creciente presión internacional, quizás puedan
conseguir su objetivo.

Esas mujeres, ahora con edades que van desde los 65 hasta los 80 años, son
conocidas como las ?mujeres para el placer? porque fueron forzadas a
proporcionar ?solaz? sexual a los oficiales japoneses durante la Segunda
Guerra Mundial. Eran más de 200.000 jóvenes mujeres secuestradas de las
regiones más pobres de toda Corea y fueron mantenidas en pequeñas
habitaciones en las que sólo cabía una esterilla sobre el piso donde servían
como esclavas sexuales. En tres años, esas jóvenes esclavas fueron violadas
en promedio unas 7.500 veces y algunas hasta por 30 oficiales japoneses por
día. Después de todo lo que debieron sufrir imcluídas golpizas y hasta
cuchilladas- y lo que siguen sufriendo a consecuencia de enfermedades
sexuales trasmitidas por sus violadores, traumas sicológicos y alejamiento
social y familiar, esas mujeres quizás puedan obtener justicia antes de que
les llegue la muerte.

No es que pidan mucho. Quieren una disculpa formal, reparaciones y una
revisión en los libros japoneses de historia a fin de que éstos incluyan una
admisión de esta dolorosa verdad para que las jóvenes generaciones aprendan
del pasado.

Su demanda de justicia comenzó en 1991 cuando un grupo de abuelas coreanas
encabezado por Kim Hak Sun (1923-1997) finalmente rompió con el silencio y
narró públicamente las trágicas históricas de sus integrantes. En una acción
conjunta presentaron una demanda legal contra el gobierno japonés para
reclamar reparaciones por las violaciones de los derechos humanos cometidas
por los militares japoneses durante su ocupación de Corea. Con lluvia, nieve
o sol y sin faltar ni un solo día durante años, esas abuelas protestan todos
los miércoles frente a la embajada japonesa en Seúl. Hasta ahora el gobierno
japonés se sigue rehusando a asumir responsabilidades e incluso niega la
existencia de lugares para ?solaz sexual? durante su ocupación del
territorio coreano.

El gobierno japonés quizás fue hasta ahora capaz de ahogar las demandas de
estas ancianas, pero con la creciente presión global que se está registrando
sobre él es probable que cambien las cosas. Múltiples organizaciones
internacionales, como la Convención de las Naciones Unidas para la
Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra las Mujeres (CEDAW)
y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), después de extensas
investigaciones han instado al gobierno japonés a presentar disculpas
públicas y a asumir responsabilidades.

Incluso el presidente de Corea del Sur, Roh Moo Hyun, se ha unido a este
creciente coro mundial. En el año 2003 declaró que ?si Japón está enojado
por el secuestro de sus ciudadanos por parte de Corea del Norte?, el
gobierno de Tokio debería pagar indemnizaciones a ?los miles de coreanos
obligados a prestar trabajos forzados y a los miles de coreanas constreñidas
a servir de esclavas sexuales por el ejército japonés durante la época de la
guerra.? Ésta fue una importante apertura de parte del gobierno sudcoreano,
que antes había ignorado los reclamos de las mujeres sometidas a esclavitud
sexual durante la Segunda Guerra Mundial a fin de preservar las relaciones
diplomáticas con Japón y de ocultar este vergonzoso capítulo de la historia
coreana.

Ahora las ?mujeres para el placer? de Taiwán y Filipinas junto con las
coreanas, presentaron también en las Naciones Unidas una demanda oficial
contra el gobierno japonés. Incluso Eve Ensler, la famosa autora de ?Los
monólogos de la vagina?, acaba de anunciar que está lanzando una campaña
global en apoyo de las ?mujeres para el placer?.

Lo que falta es que el gobierno japonés admita su responsabilidad. Algunos
especulan que el gobierno de Tokio está esperando que las últimas ?mujeres
para el placer? mueran con la esperanza de que el movimiento perezca junto
con ellas. De lo que no se da cuenta es que esas valientes abuelas han hecho
que el mundo pasara del silencio a la resistencia. El movimiento es ahora
demasiado amplio para que el gobierno japonés simplemente espere que se
extinga.

El consenso global está y Japón debería hacer lo correcto y devolver a esas
ancianas abuelas lo que su gobierno les arrebató hace tantos años: su
dignidad. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Elisa Gahng, profesora en la Universidad de California en Berkeley y
miembro del Women of Color Resource Center.