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Ratzinger: De vuelta al pasado

Abr 22 2005

Frei Betto

ALAI-AMLATINA 21/04/2005, Sao Paulo.- La elección del cardenal
Joseph Ratzinger como Papa es una señal preocupante de que la
dirección de la Iglesia Católica se encuentra más confusa y
perdida de lo que se imaginaba. Lo contrario del miedo no es el
coraje, es la fe. Muchos cardenales parecen más imbuidos de
miedo que de fe. Elegir Papa al hombre responsable de la
ortodoxia de la Iglesia, jefe del antiguo Santo Oficio, constituye un
gesto de retraimiento y defensa frente a un mundo perturbado, que
espera de Roma algo más que anatemas, censuras,
desconfianzas y segregaciones.

Ratzinger era un teólogo moderado, abierto al diálogo interreligioso
y a la ciencia moderna, a la contribución de los teólogos
protestantes a la mejor comprensión de la Biblia, hasta dejar
Alemania para asumir, en Roma, la función de Gran Inquisidor.
Durante el periodo en que presidió la Congregación de la Doctrina
de la Fe, condenó a 140 teólogos católicos, entre los cuales
estaba Leonardo Boff. Su obsesión es Nietzsche, cuyo fantasma
el identifica en la cultura post moderna.

Parece broma recordar, hoy, que en el siglo XIX el Papa Pío IX
(1846-1878) condenó la libertad de pensamiento y de opinión, la
enseñanza laica, el progreso, y hasta la luz eléctrica! Para él, el
mundo moderno se forjaba en las oficinas del diablo. Autor de
Sílabos de Erros, catálogo de anatemas eclesiásticos, estaba
contra el Estado autónomo y laico, y en 1850 prohibió a los judíos
de Roma que testificaran contra los cristianos en procesos
penales y civiles; poseyeran bienes inmuebles; tuvieran acceso a
la escuela pública y a la universidad (excepto medicina).

Temo que igual retroceso ocurra en el pontificado de Ratzinger.
En su último sermón como cardenal, antes del inicio del cónclave,
el se lanzó como candidato dejando bien claro lo que piensa:
acusó a la cultura occidental de relativista, condenó el marxismo,
el liberalismo, el ateismo, el agnosticismo y el sincretismo, como
quien insiste en no aceptar el pluralismo cultural y religioso, la
diversidad de culturas, y todavía sueña con una Iglesia
institucionalmente soberana entre pueblos y gobiernos,
imponiendo a todos sus valores y sus normas de comportamiento.
Es el regreso a la Cristiandad, cuando la Iglesia imperaba en el
periodo medieval.

Antes de condenar las expresiones legítimas de la cultura
moderna, Ratzinger debería preguntarse en que medida la Iglesia
ha fracasado en la evangelización de Europa, en donde los
templos parecen más llenos de turistas que de fieles. ¿Porqué no
fue la Iglesia la primera en defender a las víctimas de la revolución
Industrial, y sin el marxismo? ¿El ateismo y el agnosticismo no
son frutos de nuestra falta de testimonio evangélico? Y ¿cómo
alguien en el Vaticano es capaz de hablar de sincretismo si, allí,
se mezclan protocolos y etiquetas oriundos del Imperio Romano y
de la nobleza europea? «Sumo Pontífice» es el título pagano
adoptado por los emperadores romanos.

Ignoro si el nuevo Papa tiene alguna sensibilidad social. La figura
del pobre y la tragedia de la pobreza no son recurrentes en sus
pronunciamientos y escritos. Mas pido a Dios que él mantenga el
hábito de meditar en la palabras y en los actos de aquel que es el
paradigma por excelencia de la fe cristiana: Jesús de Nazareth,
que prefirió amar a condenar, asumió la defensa de la mujer
adúltera, no pronunció un sermón moralista a la samaritana que
estaba con su sexto hombre, curó a la mujer fenicia y al siervo del
centurión romano sin exigir que profesaran su fe, se identificó con
los más pobres (famélicos, migrantes, enfermos, oprimidos), no se
mantuvo indiferente a la multitud hambrienta, y enseñó que
gobernar no es mandar, es servir.

Lo que abre un hilo de esperanza es el acto de Ratzinger de haber
adoptado el nombre de Benedicto XVI. En general, eso señala el
interés del nuevo pontífice de dar seguimiento a la obra de su
antecesor del mismo nombre. Benedicto XV, Papa entre 1914 y
1922, era un hombre abierto. Ceso la persecución a los
«modernistas», valorizó el ecumenismo, promovió el diálogo entre
católicos y anglicanos, se mostró interesado en las Iglesias
orientales y, sobretodo, combatió el colonialismo y luchó con ardor
por el fin de la Primera Guerra Mundial.

Dios permita que el nuevo Papa consiga descender del pedestal
del academicismo teológico y se haga pastor, abrazando el mas
evangélico y olvidado titulo Papal: «Siervo de los siervos de Dios»-.
(Traducción ALAI)

* Frei Betto es escritor, autor de la biografía novelada de Jesús
«Entre todos los hombres» (?tica), entre otros libros.

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