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CARTA DESDE SAN SALVADOR A MIS AMIGOS

Ago 1 2005

Querid@s,
espero que puedan contestar a esta pregunta ¿son los americanos cómo usted y como yo?

* * *

Escribo esta carta a mis amigos desde la Isla de San Salvador, en las Bahamas, donde tengo una casa de vacaciones junto a una playa de dos millas de arena rosada. Comparto este escenario con algunas gaviotas y nadie más. La isla es el lugar al que Colón llegó el 12 de octubre de 1492, el sitio del Descubrimiento, y que dedicó a Su Salvador, muy agradecido por haber encontrado esta tierra, pues en cuestión de horas hubiera sido tirado por la borda, ya que su tripulación, exasperada, convencida de que navegaban sin rumbo a ningún lugar, se había amotinado. Colón abandonó la isla unos días después y nunca más regresó.

La isla tiene una población aproximada de 600 habitantes en un perímetro de unos 300 kilómetros, salpicada de pequeños lagos de agua salobre. El mar está coloreado en todas las tonalidades y combinaciones posibles entre el verde y el azul, que se van transmutando a lo largo del día y está rodeada por muchos arrecifes de coral, plagados de millones de peces multicolores. En esta isla el trabajo está considerado como una condena, y la gente busca asegurarse un empleo, pero no un trabajo, como funcionario civil del Estado. La mujer trabaja mucho más que el hombre, al que no toman muy en serio. Los usan para el sexo y para tener hijos y son básicamente autosuficientes, pues no esperan mucho apoyo de ellos. Los hombres de la isla gastan todo su dinero en drogas y bebidas. Los chicos no aprenden un oficio y las chicas no saben cocinar un huevo frito. Todo el mundo aquí piensa que vive en un lugar como los Estados Unidos,solo que un poco más pequeño. Por un lado ellos tienen que trabajar mucho para alcanzar el sueño americano, por otro pueden disfrutar de la buena vida sin trabajar. En esta isla nada importa: ni tan siquiera la muerte. La gente no se preocupa de nada, nunca protesta y dejan en manos de Dios la responsabilidad de todo lo que acontece.
Conversaba el otro día con Coraly, la mujer que viene a limpiar la casa una vez por semana, cuando me entero de que su nieta mayor, de 15 años, está embarazada. Suspirando dijo: Dios lo ha querido…

Objeté que a no ser que ella pueda demostrar que es una Nueva Virgen María, ella tenía algo que ver con su embarazo. La contestación fue: «Usted sabe, Doc, que ellos podrían haber hecho el amor y no haber sucedido nada. Si sucedió fue porque Dios lo quiso así». Con este pretexto divino aquí nadie se hace responsable de nada.

La isla está construida sobre la aceptación de la irresponsabilidad como el más importante pilar social. Nunca discutir, nunca protestar, así es como se conduce todo el mundo por aquí. Nadie se preocupa realmente. Yo no conozco ningún otro lugar en el mundo donde el avión, el mayor símbolo visual de los tiempos modernos, se observe con tanta indiferencia. Recuerdo un vuelo en el que, después de una hora sin ver ninguna de las islas habituales en el recorrido (hay cerca de un centenar), se pudo oír el siguiente anuncio a través del interfono: «Señoras y caballeros, les habla el Capitán. No tengo ni la más remota idea de dónde estamos y dado que volamos con apenas un poco de combustible, es mejor que regresemos». Todo el mundo comenzó a reírse como consecuencia de tan divertida situación. Cuando le pregunté a la voluminosa mujer que se sentaba a mi lado si no estaba asustada, ella contestó: «?si llegamos o no es la decisión de Dios, no me preocupa…»

Aquí nadie tiene un reloj. El tiempo y sus implicaciones son conceptos extraterrestres. La gente dice: «uno de estos días…» o, si te quieren hacer feliz, a veces dicen «mañana». Cuando oigo pronunciar la frase «a primera hora de la mañana» mi primera reacción es buscar un arma, porque sé que es un imposible. En la isla esperas durante días y días la llegada del fontanero, del carpintero, del albañil, del mecánico… (todos ellos aficionados que cobran 15 dólares por la hora de trabajo). Cuando discuto con Coraly, ella dice: «Doc, tengo una puerta para instalar desde el mes de septiembre pasado, y nadie ha venido aún. Tiene que tomarse estas cosas con tranquilidad»…

Ayer fui a la oficina telefónica, donde ya había estado en tres ocasiones recientemente. Antes que nada, Vance, con su amplia sonrisa me dice: «Doc, tenemos un fax para usted desde hace algún tiempo. Y era de la compañía de seguros de la casa, diciéndome que si no pagaba durante la semana en curso, no iban a renovar mi seguro contra huracanes. Es necesario hacer notar que a estas alturas del verano ya hemos sufrido el quinto huracán de la temporada.

El barco-correo, Lady Frances, que trae víveres y materiales desde Nassau, ha pospuesto su salida durante 13 días sin dar ninguna explicación a nadie. Así que no hay leche, fruta o verduras en las tiendas de la isla, pero nadie se queja. Un día de estos puede que lo hagan…

Sé que es una introducción larga, pero lo es deliberadamente. Me doy cuenta de que éste es uno más de los muchos e-mails que usted recibe en su bandeja de entrada y que no tiene tiempo que perder leyéndolo. Para seguirme tiene que tomarse su tiempo y, si no puede soportarlo, cuenta con toda mi simpatía, porque entiendo que estamos en una diferente longitud de onda. Ahora tengo una manera diferente de ver el mundo. Cada noche escucho las noticias en onda corta de Radio Nederland, de la BBC, de Radio Exterior de España y hasta de la RAI Internacional. Es decir, estoy bastante bien informado. Incluso tengo un convenio con el puesto de periódicos del aeropuerto de Nassau, desde donde Bernice me envía por avión, cada tercer día, el International Herald Tribune o en su defecto, The New York Times. De hecho esto sucede a veces, y nunca diariamente. Cuando los ejemplares llegan al aeropuerto de San Salvador nadie me informa y me los dejan en un buzón. Es justo decir que vivo en el extremo opuesto de la isla, en un ambiente totalmente salvaje. Cuando leo la prensa ha perdido su función de información basada en la urgencia, según los criterios de toda mi vida profesional. Sin embargo los diarios, fuera de su contexto temporal, se han convertido en elementos sobre todo de análisis y de pensamiento, porque puedes mirar al mundo desde el punto de vista de las tendencias y no sólo de los sucesos.

Esta es la razón por la que hoy escribo sobre la edición del Sunday Edition of The New York Times, con fecha 17 de julio (alguien ha dejado hoy mismo en mi buzón en el aeropuerto una edición del 2 de julio y otra de los días de las primeras bombas en Londres). Como casi todo el mundo sabe la edición dominical del NYT es una gruesa edición con diversas secciones, que van desde los deportes a los negocios, pasando por los viajes, Sunday Styles, Artes y ocio, etc. En mi vida diaria normal yo leo la sección principal y ojeo el resto. Aquí en la isla leo mucho más y me paro a pensar. Y cada día estoy más y más impresionado por el modo en que los americanos se están convirtiendo en gente diferente a la del resto del mundo (un mundo que cada vez tiene menos relevancia para ellos).

Vayamos a la sección de Negocios. En la primera página hay un largo artículo sobre cómo el Gobierno conduce la investigación sobre el despacho de abogados de un tal
William A. Learch, que es socio de Milnerg Weiss Bershad&Schulman. Ambos son «detestados y temidos entre la clase ejecutiva de todo el país» porque son especialistas en acciones contra grandes corporaciones y han ganado muchos casos. La explicación es sencilla «…una firma que ganaba pleitos multimillonarios contra corporaciones enormes ahora esta en el punto de mira de una investigación y de una acusación posible que podrían dejarla fuera del negocio» escribe NYT. Esta es la clase de noticia que en Europa y en otros muchos lugares del mundo causaría una gran conmoción.

Las corporaciones no han sido ejemplos de decencia ni de responsabilidad, hasta que les salpicó la onda de ENRON y otros escándalos, que obligaron al gobierno a atajar la cuestión con nuevas leyes. Ciertamente, con tantos problemas como hay en los Estados
Unidos, comprobar el modo en que las firmas de abogados actúan contra las corporaciones parece que es una prioridad para las autoridades federales…

Todavía en la primera parte de la sección de Negocios, hay otra historia que no se habría podido escribir en otra parte en el mundo: es sobre COSTCO, el quinto minorista más grande de USA y su competencia con el Wal-Mart, la empresa privada más grande del mundo, que prohíbe a su personal unirse a sindicatos de trabajadores o crearlos. Bien, una parte muy importante de la historia se dedica al hecho de que COSTCO paga a su personal mucho mejor: «el salario medio de COSTCO, por ejemplo, es de 17 $ por la hora, un 42 por ciento más alto que su rival más feroz, SAM’S CLUB. El plan de
salud de Wal-Mart lo observan muchos otros minoristas como cicatero.

Un analista, Bill Dreher, del Deutsche Bank, se queja de que en COSTCO «… es mejor ser un empleado o un cliente que un accionista…». Otros expertos financieros y de mercado han cotizado a la baja, acusando a Mr. Singal, CEO de COSTCO, de haber sido ?excesivamente generoso no solamente con sus clientes (vende con grandes descuentos), sino también con sus trabajadores».

Usted pensará que todo este debate viene porque COSTCO está en apuros debido a su política: pues no. Dice el artículo: » El precio de stock de COSTCO se ha elevado más de 10 por ciento en los últimos 12 meses, mientras que el de Wal-Mart ha caído el 5 por ciento. Las participaciones de COSTCO se venden por casi 23 veces las ganancias
previstas, mientras que el Wal-Mart se vende a 19 puntos». Es decir COSTCO está satisfaciendo a sus clientes, está recompensando a su personal, y está haciendo dinero. Pero podría dar más dinero a los accionistas, si Mr. Singal redujera su política aumentos de sueldo y una generosa política de salud de los empleados. Esto, amigos míos, no se puede aceptar en los círculos americanos financieros y económicos. Ahora entiendo mejor una historia que William Pfaff ,mi analista americano preferido que escribe en el Internacional Herald Tribune, me contó en un almuerzo en París. Él estaba almorzando con el CEO de AETNA, la compañía de seguros más grande del mundo, y hablaba de responsabilidad social corporativa. El CEO lo interrumpió y preguntó qué significaba eso. Pfaff le dio el ejemplo de cómo Columbia Corporation creó la Orquesta Sinfónica de Columbia, no como una iniciativa con ánimo de lucro, sino como una manera de devolverle ganancias al público. El comentario del CEO fue: «éste es uno de los ejemplos más evidentes de traición hacia la responsabilidad que tiene una compañía con el capital». Ahora, en mi opinión, lo impresionante no es que existan tales opiniones de extrema codicia, sino que uno de los pocos buenos periódicos americanos encuentre lógico describirlas en un artículo, sin darse cuenta de que implica una devaluación profunda de los valores humanistas. Significa que la gente que lee la sección de Negocios, comparte esos puntos de vista, y no encuentra nada extraño o raro en ello, en comparación con lo que sucedería con lectores de The Financial Times y de otros periódicos financieros europeos. Aunque el dinero habla la misma lengua a los dos lados del Atlántico…

Es entonces cuando uno llega a la sección de Arte y Ocio, escapando del mundo particular de la economía americana y sus valores. Y ya en primera página, Michael Kimmelman escribe una historia larga bajo el título «Los museos están poniendo todo en venta, desde su obras hasta su autoridad. Y lo hacen barato». El artículo comienza: «Lo que es destacable en la exposición sobre Tut (el faraón egipcio) que muestra el Museo de Arte de Los ?ngeles, (para la cual el museo ha vendido eficazmente su buen nombre y el espacio de la galería a una compañía con ánimo de lucro), es que este arreglo todavía le parece impactante a mucha gente. ¿Indignante? Seguro. Es una abdicación de la responsabilidad, de la integridad y de los estándares. Pero se está convirtiendo en la norma. El dinero manda». Y entonces presenta otros ejemplos. La Biblioteca Pública de Nueva York vendió «Kindred Spirit» de Asher B. Durand en una subasta cerrada, por 35 millones de dólares y los conservadores de la biblioteca no supieron nada sobre la venta hasta unas horas antes de que el público leyera sobre la noticia en los periódicos. El caso más sorprendente nos llega desde el mismo Museo de Los ?ngeles. Hicieron un acuerdo con de Eli Borrad, el multimillonario coleccionista de arte contemporáneo, a quien permiten construir un museo que lleva su nombre, que él puede supervisar, pero con la característica de que se financia con dinero público. El Condado de Los ?ngeles pagará por su mantenimiento.
Después de haber sido expuestos a esta filosofía general del «grab the money», uno busca otros horizontes, pasando a leer la sección Sunday Styles y allá, en la primera página, uno descubre que el reverendo John Smid, director de» Love in Action», ha organizado un serie de campamentos para liberar a la gente joven de sus «tendencias homosexuales».

«Conocido como terapia regenerativa o de reconversión, tales programas tomaron impulso dentro de los círculos cristianos fundamentalistas cuando las organizaciones psiquiátricas de la misma corriente valoraron la homosexualidad como un desorden mental. Desde el final de la década de los 90 estos programas no han hecho más que
aumentar. ?Love in Action? es uno de los 120 programas, enumerados por Exodus Internacional, que se anuncia como la más grande red de información y de salida del homosexualismo, por lo que es conocida entre los fundamentalistas como el movimiento ex-gay.» Se nos informa en estas páginas de que se trata de una serie de campos militares. Las dos primeras semanas del programa cuestan 2.000 dólares USA, y muchos participantes permanecen hasta seis semanas más. Las últimas estadísticas dicen que ahora hay 40 millones fundamentalistas en los EE.UU y que ese número está creciendo rápidamente. En las últimas elecciones Bush no ganó en ni una sola ciudad de los Estados Unidos, pero consiguió todos los votos necesarios. Por primera vez 2.600.000 votos republicanos adicionales vinieron de los católicos, que escucharon la predicación ardiente de la iglesia americana católica contra el candidato democrático, J. Kerry, que perdona homosexualidad y acepta la investigación de la célula madre. Algunos obispos incluso enviaron una delegación al Vaticano, cuestionando que se denunciara públicamente a Kerry. El actual Papa Ratzinger, entonces presidente de la Congregación de los Ritos, no quiso que se llegara a una excomunión pública, pero aceptó que se diera lugar a una predicación en las iglesias en contra de Kerry. Me llevaría mucho tiempo describir cómo los fundamentalistas han crecido en importancia en los Estados Unidos: baste decir que han asumido el control del Partido Republicano, que son responsable de la ayuda a Israel ( que sí está en la Biblia, los palestinos no aparecen) y están intentando cambiar la naturaleza de Estados Unidos basándose en valores religiosos conservadores. Ciertamente, en ninguna otra parte del mundo hay campos militares para reorientar a los homosexuales jóvenes para ser más hombres.

Más deprimido en cada página, llego a otra sección del periódico: Viajes. Aquí se nos seduce para avanzar en el descubrimiento y la aventura. Pues bien, una contribución muy larga de un profesor de la religión, Timothy Beal, habla de cómo ahora, cuando alguien visita el mundo rural del país llega a través de «cientos de crudos mensajes pintados para anunciar el infierno y el castigo, algunos en cruces de madera a la altura del poste del teléfono, otros en una variedad de artefactos domésticos desechados. Una vieja puerta de refrigerador, coloreada de moho, sobre un arbusto seco, anunciaba «Al infierno por el sexo», como un fornicador apesadumbrado de la época de Dante. Lo que realmente llamó mi atención era el clima elegido para desarrollar el tema, un viejo aire acondicionado tirado a lo largo de un camino lleno de escombros. «¡No hay hielo en infierno!» estaba escrito «¡fuego caliente!», «demasiado tarde para el agua en fuego del infierno». Después, él describe la construcción del arca de un Noé en un lugar llamado Frostburg, en Maryland occidental, a manos del reverendo Richard Green, que lo hace siguiendo la voluntad de Dios, que lo guió a través de un sueño que se repitió durante tres meses.

Desde 1972 ha vertido más de 3.000 toneladas de hormigón en una extensión similar a la de un campo y medio de fútbol. Cuando termine, será un arca inmensa. Y seguido se describen otros lugares igualmente bizarros en los EE.UU: uno donde se están construyendo con letras de cinco pies de hormigón las frases de los Diez Mandamientos, de manera que puedan ser leídos desde el espacio; un curso de golf sobre temas bíblicos, etcétera. Él reverendo concluye: «aventurándome en lo que me imaginaba sería el más atípico de los paisajes americanos, me encuentro en realidad como en mi casa» ¿Puede usted ver esta clase de artículo publicado en cualquier revista de viajes del mundo? ¿Habría un mercado para estas clases de destinos fuera de Estados Unidos?

Las secciones se están acabando, y entonces usted abre la famosa «la semana en reseñas». La más seria de todas. Y allí se puede leer un artículo asombroso acerca del poder que tiene el Jefe de la Corte Suprema., que yo siempre había pensado era el primero inter pares de una institución donde la gente tenía una cargo vitalicio, en contra del buen sentido político. Resulta, por el contrario que es, también, el jefe de una burocracia de unos 1.200 jueces de por vida, de otros 850 magistrados y jueces de cortes de quiebra y de 30.000 funcionarios. Es además el Presidente de la Corte Judicial de los Estados Unidos que establece las prioridades para la judicatura federal, incluyendo la supervisión de su presupuesto, que actualmente llega a unos $ 5.43 mil millones anuales. El Presidente de la Corte Suprema designa al director de la oficina administrativa de la Corte de los Estados Unidos. Juntamente, ellos seleccionan a jueces que se sentarán en los comités judiciales centrados en asuntos que van desde la tecnología a las relaciones judiciales internacionales. Y el artículo se enciende, detallando un número asombroso de poderes de nominación, que el Jefe de la Corte Suprema tiene solo o en asociación con algunos otros, sobre todo el espectro del sistema judicial. Siempre he mirado el equilibrio entre la judicatura y el ejecutivo en Estados Unidos, como garante fundamental de la democracia. Solamente una minoría vota para las legislativas y sólo la mitad de la población para el ejecutivo. Ahora, no tengo ninguna duda que el presidente Bush podrá designar rápidamente dos jueces del Tribunal Supremo de Justicia: uno para sustituir Sandra O?Connor, que es una mujer moderada, y después va a sustituir al actual jefe de la Corte suprema Rehnquist, que está muy enfermo. La Corte Suprema puso ya en la Casa Blanca a George W. Bush, a pesar del hecho de que Gore era quien había ganado las elecciones. Los demócratas tendrán que aceptar un compromiso, y los dos nuevos jueces no serán tal vez tan extremos como esta administración y sus partidarios quisieran que fuera, aunque ciertamente mucho más a la derecha de los que se van.

Esto es mucho más importante que designar a Bolton para las Naciones Unidas, o a Volwovitz para el Banco Mundial. Va a cambiar la justicia americana basándose en presupuestos religiosos para mucho tiempo, con sus implicaciones en la educación, la salud, el ambiente y cualquier otro tema importante. El clima ha llegado a ser tan partisano, que no es posible encontrar ni un ápice de sensibilidad y compromiso. Es decir los EE.UU están cambiando mucho más de lo que pensamos y muchos de estos cambios pueden ser irreversibles. No hay ninguna relación a los EE.UU que hicieron que el Plan Marshall: ahora son el país menos generoso del mundo: los americanos gastan 8 dólares por cada 100 de armamentos, y solamente 0.16 centavos en ayuda al desarrollo. Este Estados Unidos no tiene nada que ver con el país donde el ética protestante creó responsabilidad social fuerte, y donde la democracia era considerada un modelo de participación y equilibrio.

Amigo mío, le he guiado en este periplo por la edición dominical del NYT del 17 de junio, desde una isla donde no existe el tiempo, el mar es azul y transparente, las playas están desierta, el agua calma y puedes coger una langosta para la cena. Quería compartir con usted esas reflexiones y observaciones y, para ser franco, un poco de miedo, con usted que está muy ocupado y no tiene el tiempo que tengo aquí. MarK Twain hizo famoso el dicho: «La gente rica no es como usted ni como yo». Ahora yo le pregunto: ¿usted cree que el americano que aparece reflejado en la edición dominical del NYT domingo del 17 de julio es como usted y como yo?

Su recluido,

Roberto Savio