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EL GRAN DILEMA DEL PRESIDENTE LULA

Ago 24 2005

Por Leonardo Boff (*)

RIO DE JANEIRO, Ago (IPS) – Ya han pasado dos años y medio del gobierno
del Presidente Lula da Silva y es posible hacer un primer balance de su
administración.

En este momento sectores dirigentes del gobernante Partido de los
Trabajadores (PT) están envueltos en graves acusaciones de corrupción. No
se trata de la corrupción clásica de la clase política que se enriquece a
sí misma mediante el manejo de mecanismos del estado y de grandes
empresas estatales. Esta corrupción no apunta a beneficiar personalmente
a los políticos sino a acumular fondos para futuras campañas electorales
y como se dice, a ocupar todo el aparato del Estado para perpetuar al PT
en el poder al menos durante 20 años (se habla de mexicanización del
Estado). Así se pretende inaugurar otro estilo de política y dar al
Estado un rostro más social y volcado hacia los millones de desposeídos
de la sociedad.

Los buenos fines no justifican los malos medios. La corrupción es siempre
antiética y no se justifica jamás. En este contexto la oposición intenta
involucrar la figura del Presidente sin todavía conseguirlo.

Aparte de esta crisis coyuntural, cabe una visión sumaria de lo que
significa un gobierno de izquierda en Brasil. La llegada de Lula al poder
concide con la crisis del paradigma neoliberal. Lula hereda de su
antecesor Fernando Henrique Cardoso una grave crisis económica, con un
agotamiento casi total de las reservas monetarias y una amenaza real de
inflación generalizada. Como decía Lula:»Yo heredé un Titanic que se
hundía y mi primera tarea era la de blindarlo para evitar un caos
económico y poder después realizar mi promesa electoral de republicanizar
el poder con crecimiento sostenible, inclusión social y redistribución de
la renta.»

Para realizar esta agenda audaz se concibe una etapa de transición. Este
concepto es fundamental si queremos ser justos con el gobierno de Lula y
entender el sentido de sus políticas económicas y sociales. Como en toda
transición, hay una parte de continuidad y otra de innovación. La
transición es ¿desde dónde, hacia dónde? Desde un Estado neoliberal,
altamente concentrador y sin políticas públicas consistentes hacia un
Estado republicano, es decir, un Estado que se propone conferir
centralidad a lo social, crear la simetría entre derechos y deberes,
incentivar en todo el país el ideal cívico de la ciudadanía activa y de
una democracia participativa.

Para realizar este proyecto el gobierno Lula se impuso la siguiente
estrategia: en el plano de la continuidad, mantener inalterado el
proyecto macroeconómico neoliberal y hasta radicalizarlo con un superávit
primario del presupuesto federal aun más alto que el precedente (4,75%
del PIB); en el plano de la innovación, inaugurar una política social
centrada en los proyectos Hambre Cero y Beca Familia.

Con la continuidad del proyecto macroeconómico el gobierno logró calmar
los mercados y ganar los aplausos del FMI y del Banco Mundial, pudo
controlar significativamente la inflación y garantizar la estabilidad
monetaria. Con la innovación social benefició a cerca de 7 millones de
familias, lo que corresponde a cerca de 30 millones de personas. Para
estas multitudes que antes casi no comían y vivían en gran miseria, esta
política pública significó una especie de entrada al paraíso terrenal
posible.

¿Dónde está el problema fundamental de esta estrategia de transición de
un Estado neoliberal hacia un Estado republicano? En la inmensa
desproporción entre las partes. La parte leonina le corresponde al
proyecto macroeconómico, que traspasa al sistema económico-financiero
cerca de 10.000 millones de dólares mensuales en forma de pago por las
tasas de interés, restando solamente mil millones para los proyectos
sociales.

La cuestión que se plantea es: ¿con esta ingeniería político-social se
puede hacer una transición que alcance la meta de republicanizar el
Estado, crear un crecimiento sostenible con inclusión social y
redistribución de la renta?

Día a día crece la convicción de que esta política económica es
inadecuada para la política social. Llueven criticas y hay decepción en
los movimientos sociales.

Lula es consciente de esta desproporción, se siente presionado y urgido a
decidir. ¿Qué hará, pondrá el acento en el proyecto macroeconómico
neoliberal o en el proyecto social popular? Si opta por el proyecto
macroeconómico tendrá que sacrificar poderosamente el proyecto social. Y
si opta por el proyecto social tendrá que cambiar substancialmente el
proyecto macroeconómico.

Cada opción tendrá consecuencias no menos graves que la opuesta: o
movilizaciones de millares y millares de personas de los movimientos
sociales en las calles reclamando más políticas públicas, o presiones del
mercado y del sistema económico-financiero capaz de producir una grave
desestabilización económica.

En este momento es difícil saber la dirección que tomará Lula. Tal vez,
dada la gravedad de la crisis política por causa de la corrupción que
pone bajo sospecha a partes importantes de su partido, decida aproximarse
más a su base de apoyo social y atienda sus reclamos de cambio en el área
económica. Los próximos meses serán decisivos para el gobierno Lula
incluso en la perspectiva de la reelección a fines del 2006 que el
Presidente busca ardorosamente. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Leonardo Boff, escritor y teólogo brasileño.