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Éxodo de las tribus por guerra antiterrorista

Ene 27 2006

Por Ashfaq Yusufzai

PESHAWAR, Pakistán, ene (IPS) – Las lágrimas manaban sin cesar de los ojos de Jamalzada. Hace una semana que los médicos del Hospital Amán, en la frontera de Pakistán con Afganistán, concluyeron que no sería posible salvarle las piernas a este niño de 10 años.

«Estaba jugando con mis amigos en la escuela cuando cayeron las bombas», dijo Jamalzada, mientras se miraba los muñones vendados. El ataque de aviones militares de Estados Unidos hace dos meses en el distrito de Wana le hirieron a él y mató a sus dos hermanos.

En Wana se encuentra la sede de la Administración Federal de Áreas Tribales de Pakistán, a cargo de 27.220 kilómetros cuadrados a lo largo de la frontera con Afganistán. La localidad ha sido blanco de ataques estadounidenses con misiles desde hace semanas.

Los expertos creen que entre los seis millones de habitantes de las Áreas Tribales se encuentran el líder de la red terrorista Al Qaeda, Osama bin Laden, su segundo, Ayman al-Zawahiri, y gran cantidad de sus seguidores armados.

La mayoría de los integrantes de Al Qaeda, organización que reivindicó el ataque que dejó 3.000 muertos el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, huyeron de Afganistán junto a quienes les brindaron refugio en ese país, el movimiento islámico Talibán, que lo rigió entre 1996 y 2001.

Las Áreas Tribales comprenden las regiones de Khyber, Kurram, Bajaur, Mohmand, Orakzai, Waziristán Meridional y Waziristán Septentrional, poblada por tribus de la etnia pashtun (patanes) donde es fuerte la simpatía con Talibán.

Bajaur fue golpeada por ataques aéreos estadounidenses el 13 de enero. Dieciocho civiles murieron en el poblado de Damandola. Entre los fallecidos figuraban, según fuentes de inteligencia, varios altos dirigentes de Al Qaeda.

Este operativo causó un conflicto entre Pakistán y Estados Unidos, ambos aliados en la guerra contra el terrorismo.

Mientras la mayoría de los líderes de Al Qaeda siguen en libertad, las víctimas de los ataques aéreos y las acciones coordinadas por el ejército pakistaní en las Áreas Tribales son sus empobrecidos pobladores, que comenzaron a huir a Peshawar y otras localidades del país.

«Jamalzada pasa las noches llorando porque aún le duele. Le vendo los muñones todos los días, y eso es doloroso para él y para mí», dijo su madre, agotada de cuidar sin cesar al niño desde hace ya dos meses.

«Estaba en Karachi, pero me vine tan pronto pude cuando supe que mis niños habían muerto en el ataque», dijo el padre de Jamalzada, Sahibzada. «¿Por qué arrojan bombas contra los niños?»

Sahibzada también perdió a dos de sus hermanos en el operativo aéreo estadounidense.

Soldados pakistaníes y estadounidenses desarrollan una estrategia de «yunke y martillo» contra Al Qaeda en las Áreas Tribales, pero con escaso éxito, mientras proliferan los «daños colaterales», es decir civiles muertos y heridos y destrozos materiales.

La guerra contra el terrorismo congeló la vida en las Área Tribales, a medida que la población huye. Dos años después del inicio de la guerra, ya se ha resquebrajado toda la infraestructura de la zona, incluidas escuelas e instalaciones médicas.

«Médicos, paramédicos y enfermeras temen ser enviados a Waziristán Meridional y Septentrional, pues nadie garantiza su seguridad», dijo un médico que sobrevivió a varios balazos en el pecho.

En esas áreas se encuentran las bases del ejército pakistaní y los núcleos más combativos de la resistencia.

Las Áreas Tribales están fuera del alcance de la prensa extranjera. Los periodistas locales, mientras tanto, son constante objeto de amenazas, tanto de insurgentes como de fuerzas militares.

Hace seis meses, los periodistas Amir Nawab Wazir y Allah Noor Wazir fueron asesinados a tiros tras asistir a una reunión encabezada por el dirigente local de Talibán Baitullah Mehsud.

El propio Mehsud fue luego asesinado por el ejército pakistaní. «Las fuerzas de seguridad no distinguen entre combatientes y no combatientes», dijo un poblador de las Áreas Tribales que se mudó hace poco a Peshawar.

Las áreas más afectadas por los ataques del ejército son Chasma Kali, Qutabkhel, Serbandki, Derpakhel, Miramshah, Eisokhel, Emarki, Mosaki, Eidak, Milagan y Khushali Toorikhel. Cientos de familias las abandonaron.

En una jirga (asamblea) tribal, el agente de policía Zaheer-ul-Islam advirtió: «El ejército reaccionará indiscriminadamente para detener los ataques que sufra en esta problemática región.»

Tras recibir fuertes advertencias de autoridades políticas y militares, integrantes de las tribus comenzaron a realizar patrullas conjuntas para proteger a las fuerzas de seguridad e instalaciones gubernamentales del embate de los combatientes.

«Talibán nos aseguró que no han atacado a las fuerzas de seguridad», dijo un líder tribal. Pero los militares pakistaníes dicen lo contrario.

Unos 100 ancianos oficialistas y sus familiares fueron asesinados en Waziristán Meridional el año pasado. Las bajas fatales en filas militares pasaron el centenar desde enero, cuando comenzaron la operaciones contra insurgentes extranjeros y locales.

Expertos del gobierno describen las filas rebeldes como una combinación de Al Qaeda, Talibán y jóvenes y desempleados locales indignados por los ataques de fuerzas regulares.

Las fuerzas armadas han negado haber ocasionado «daños colaterales» en sus operaciones contrainsurgentes, pero, de todos modos, la desconfianza predomina entre la población local y las autoridades pakistaníes.

Según datos recogidos de varias fuentes oficiales, al menos 120 soldados murieron en detonaciones de minas antipersonal y ataques insurgentes relámpago, especialmente en la frontera con Afganistán.

El gobierno asegura que al menos 150 rebeldes, la mayoría extranjeros, murieron en sus operaciones, pero las bajas sufridas por las fuerzas de seguridad parecen ser aun mayores.

Islamabad desplegó unos 70.000 soldados de infantería en Waziristán Meridional, los cuales son respaldados por aviones y helicópteros artillados.

«Pero los insurgentes no renuncian a la resistencia», dijo un funcionario que pasó más de un año en las Áreas Tribales.

Por Ashfaq Yusufzai

PESHAWAR, Pakistán, ene (IPS) – Las lágrimas manaban sin cesar de los ojos de Jamalzada. Hace una semana que los médicos del Hospital Amán, en la frontera de Pakistán con Afganistán, concluyeron que no sería posible salvarle las piernas a este niño de 10 años.

«Estaba jugando con mis amigos en la escuela cuando cayeron las bombas», dijo Jamalzada, mientras se miraba los muñones vendados. El ataque de aviones militares de Estados Unidos hace dos meses en el distrito de Wana le hirieron a él y mató a sus dos hermanos.

En Wana se encuentra la sede de la Administración Federal de Áreas Tribales de Pakistán, a cargo de 27.220 kilómetros cuadrados a lo largo de la frontera con Afganistán. La localidad ha sido blanco de ataques estadounidenses con misiles desde hace semanas.

Los expertos creen que entre los seis millones de habitantes de las Áreas Tribales se encuentran el líder de la red terrorista Al Qaeda, Osama bin Laden, su segundo, Ayman al-Zawahiri, y gran cantidad de sus seguidores armados.

La mayoría de los integrantes de Al Qaeda, organización que reivindicó el ataque que dejó 3.000 muertos el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, huyeron de Afganistán junto a quienes les brindaron refugio en ese país, el movimiento islámico Talibán, que lo rigió entre 1996 y 2001.

Las Áreas Tribales comprenden las regiones de Khyber, Kurram, Bajaur, Mohmand, Orakzai, Waziristán Meridional y Waziristán Septentrional, poblada por tribus de la etnia pashtun (patanes) donde es fuerte la simpatía con Talibán.

Bajaur fue golpeada por ataques aéreos estadounidenses el 13 de enero. Dieciocho civiles murieron en el poblado de Damandola. Entre los fallecidos figuraban, según fuentes de inteligencia, varios altos dirigentes de Al Qaeda.

Este operativo causó un conflicto entre Pakistán y Estados Unidos, ambos aliados en la guerra contra el terrorismo.

Mientras la mayoría de los líderes de Al Qaeda siguen en libertad, las víctimas de los ataques aéreos y las acciones coordinadas por el ejército pakistaní en las Áreas Tribales son sus empobrecidos pobladores, que comenzaron a huir a Peshawar y otras localidades del país.

«Jamalzada pasa las noches llorando porque aún le duele. Le vendo los muñones todos los días, y eso es doloroso para él y para mí», dijo su madre, agotada de cuidar sin cesar al niño desde hace ya dos meses.

«Estaba en Karachi, pero me vine tan pronto pude cuando supe que mis niños habían muerto en el ataque», dijo el padre de Jamalzada, Sahibzada. «¿Por qué arrojan bombas contra los niños?»

Sahibzada también perdió a dos de sus hermanos en el operativo aéreo estadounidense.

Soldados pakistaníes y estadounidenses desarrollan una estrategia de «yunke y martillo» contra Al Qaeda en las Áreas Tribales, pero con escaso éxito, mientras proliferan los «daños colaterales», es decir civiles muertos y heridos y destrozos materiales.

La guerra contra el terrorismo congeló la vida en las Área Tribales, a medida que la población huye. Dos años después del inicio de la guerra, ya se ha resquebrajado toda la infraestructura de la zona, incluidas escuelas e instalaciones médicas.

«Médicos, paramédicos y enfermeras temen ser enviados a Waziristán Meridional y Septentrional, pues nadie garantiza su seguridad», dijo un médico que sobrevivió a varios balazos en el pecho.

En esas áreas se encuentran las bases del ejército pakistaní y los núcleos más combativos de la resistencia.

Las Áreas Tribales están fuera del alcance de la prensa extranjera. Los periodistas locales, mientras tanto, son constante objeto de amenazas, tanto de insurgentes como de fuerzas militares.

Hace seis meses, los periodistas Amir Nawab Wazir y Allah Noor Wazir fueron asesinados a tiros tras asistir a una reunión encabezada por el dirigente local de Talibán Baitullah Mehsud.

El propio Mehsud fue luego asesinado por el ejército pakistaní. «Las fuerzas de seguridad no distinguen entre combatientes y no combatientes», dijo un poblador de las Áreas Tribales que se mudó hace poco a Peshawar.

Las áreas más afectadas por los ataques del ejército son Chasma Kali, Qutabkhel, Serbandki, Derpakhel, Miramshah, Eisokhel, Emarki, Mosaki, Eidak, Milagan y Khushali Toorikhel. Cientos de familias las abandonaron.

En una jirga (asamblea) tribal, el agente de policía Zaheer-ul-Islam advirtió: «El ejército reaccionará indiscriminadamente para detener los ataques que sufra en esta problemática región.»

Tras recibir fuertes advertencias de autoridades políticas y militares, integrantes de las tribus comenzaron a realizar patrullas conjuntas para proteger a las fuerzas de seguridad e instalaciones gubernamentales del embate de los combatientes.

«Talibán nos aseguró que no han atacado a las fuerzas de seguridad», dijo un líder tribal. Pero los militares pakistaníes dicen lo contrario.

Unos 100 ancianos oficialistas y sus familiares fueron asesinados en Waziristán Meridional el año pasado. Las bajas fatales en filas militares pasaron el centenar desde enero, cuando comenzaron la operaciones contra insurgentes extranjeros y locales.

Expertos del gobierno describen las filas rebeldes como una combinación de Al Qaeda, Talibán y jóvenes y desempleados locales indignados por los ataques de fuerzas regulares.

Las fuerzas armadas han negado haber ocasionado «daños colaterales» en sus operaciones contrainsurgentes, pero, de todos modos, la desconfianza predomina entre la población local y las autoridades pakistaníes.

Según datos recogidos de varias fuentes oficiales, al menos 120 soldados murieron en detonaciones de minas antipersonal y ataques insurgentes relámpago, especialmente en la frontera con Afganistán.

El gobierno asegura que al menos 150 rebeldes, la mayoría extranjeros, murieron en sus operaciones, pero las bajas sufridas por las fuerzas de seguridad parecen ser aun mayores.

Islamabad desplegó unos 70.000 soldados de infantería en Waziristán Meridional, los cuales son respaldados por aviones y helicópteros artillados.

«Pero los insurgentes no renuncian a la resistencia», dijo un funcionario que pasó más de un año en las Áreas Tribales.