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LOS RETOS DEL PRIMER PRESIDENTE INDIO DE BOLIVIA

Ene 19 2006

Jose Luis Alcazar

TARIJA, Bolivia.- Evo Morales Ayma, carismático y controvertido líder indio boliviano, “tomó por asalto el cielo” en las elecciones del 18 de diciembre de 2005 y se convirtió en el nuevo presidente de Bolivia para encabezar lo que él denomina una “revolución democrática”.

Morales, con 53 por ciento de la votación, goza de un apoyo masivo sólo comparable al gobierno que surgió en abril de 1952, cuando un grupo de intelectuales y políticos de clase media se alzó en armas con campesinos y obreros, y tras tres días de combates derrotó al ejército y tomó el poder inaugurando el ciclo de la revolución nacional, que aniquiló las atrasadas estructuras de la pequeña oligarquía que entonces gobernaba este país, nacionalizando la minería, decretando la reforma agraria y el voto universal.

Los analistas nacionales e internacionales coinciden que la abrumadora elección del líder de los campesinos cocaleros equivale a un desquite histórico, con el cual concluyen 180 años de monopolio del poder por la élite política y económica. Morales es el primer indio aymara que asume la jefatura de estado boliviano desde su independencia en 1825, y el segundo en América Latina, después de Benito Juárez que presidió México a mediados del siglo XIX.

En 1993, Bolivia eligió a su primer vicepresidente aymara, Víctor Hugo Cárdenas, líder indígena que habla seis idiomas y tiene un doctorado francés. Cárdenas dijo de Morales, quien apenas llegó a concluir la secundaria, es el primer indio campesino que llega a la presidencia.

Evo Morales nació el 26 de octubre de 1959, descendiente del antiguo pueblo aymara que tenía sus dominios en lo que hoy son el sur de Perú, el norte de Chile y el occidente de Bolivia, conquistado por el imperio inca de los quechuas y luego ambos por los españoles.

Pasó su infancia en su pueblo altiplánico de Orinoca, Oruro, con sus padres campesinos y varios hermanos. Logró terminar los estudios secundarios. Luego emigró al trópico de Cochabamba, donde trabajadores despedidos de la quebrada minería estatal a mediados de los 80, todos descendientes de campesinos aymaras y quechuas, se dedicaron sembrar la hoja de coca. En su juventud fue trompetista de una banda folclórica y futbolista. Se sumó en 1981 a la formación del sindicato de cocaleros de Chapare que luego devino en la más poderosa fuerza sindical que finalmente la lideró y que puso en jaque a varios gobiernos, sumándose al derrocamiento del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada (octubre 2003) y la renuncia de Carlos Mesa (junio 2005).

En 1993, sobre la base de los sindicatos cocaleros de Chapare, Morales formó una agrupación política, el Movimiento al Socialismo (MAS).

En las elecciones de 2002 se presentó como candidato a la presidencia de la república. En las encuestas estuvo relegado a un cuarto lugar. Sin embargo, alcanzó sorpresivamente el segundo lugar, a un par de puntos por debajo del primer lugar del que fue presidente, Gonzalo Sánchez de lozada, catapultándolo de dirigente sindical de los cocaleros al líder indígena más celebre del continente.

Morales es considerado contradictorio en su accionar político. Sus detractores lo definen como un ´´cacique´´ autoritario que apoya el sistema democrático cuando le conviene y lo amenaza con movilizaciones callejeras si le es adverso. No permite la disidencia. Se declara de izquierda y amigo de los presidentes Fidel Castro, Hugo Chávez, Luis Inazio Lula da Silva, Néstor Kirschner y Tabaré Vazquez.

El presidente, que se declara socialista, no su programa de gobierno, enfrentará desafíos que no solo afectarán a la estabilidad de su gobierno, sino la propia viabilidad del país, en particular la relación con Estados Unidos. Hay sectores que temen un “choque de trenes” entre Morales y Bush.

Estados Unidos otorga a Bolivia 150 millones de dólares anuales para la lucha antidroga y están programados 590 millones del Fondo del Reto del Milenio, más 800 millones del Banco Interamericano de Desarrollo. El 10 por ciento de las exportaciones bolivianas llegan al mercado estadounidense por un acuerdo comercial preferencial por la lucha antidrogas que expira a fines de 2006. Morales no está convencido en firmar un tratado de libre comercio con Washington, pero las presiones de empresarios bolivianos, incluyendo los artesanos indígenas, son intensas.

El mandatario ha dicho que quiere mantener relaciones con Estados Unidos “de respeto mutuo, sin chantajes, ni condicionamientos”. Su primer viaje como presidente electo fue a Cuba y luego realizó una gira internacional por Venezuela, España, Francia, Bélgica, China, Sudáfrica, Brasil y Argentina.

El presidente Morales, cuyo programa contempla el cambio de la política económica de libre mercado y privatización implantada en 1985, sostiene que ningún recurso mineral, forestal o natural podrá ser concesionado ni privatizado. Asegura, sin embargo, que respetará la inversión privada nacional e internacional y que el Estado aceptará socios, “nunca más patrones”. Propugna una “economía social de mercado” y oposición frontal al “neoliberalismo”.

Los analistas consideran que el triunfo de Morales, con el 53 por ciento de la votación, no es sólo un desafío a la élite acostumbrada a gobernar el país, sino, como el analista Humberto Vacaflor, es un atrevido desafío al poder internacional alineado en contra del cultivo de la coca.

El primer mandatario indígena deberá también tomar decisiones prontas en el campo de los hidrocarburos, donde se anuncian los mayores problemas, porque, como sostiene Vacaflor, tendrá que “sopesar cuestiones geopolíticas, simpatías regionales y también antipatías” tanto de empresas transnacionales como de sectores radicales, actualmente aliados, que podrían alterar el orden.

Morales fue claro en afirmar que no liberará la producción de la hoja de coca, sino que propondrá a los gobiernos y organizaciones internacionales su despenalización, porque “la hoja es una cosa y la cocaína otra”. Aseguró que luchará contra los narcotraficantes, convocando Washington a “combatir juntos para lograr narcotráfico cero, pero no coca cero”.

El futuro gobierno realizará un estudio del mercado legal de la hoja de coca para acordar los cultivos con los campesinos, tanto para el uso tradicional (masticación de la hoja) como para su industrialización. Especialistas bolivianos, entre ellos Franklin Alcaraz, Director del Centro Latinoamericano de Investigaciones Científicas, sostienen que deben realizarse estudios científicos y de mercado, que actualmente no existen.

Una de las principales banderas electorales de Morales es la nacionalización de los hidrocarburos, principalmente del gas, del cual Bolivia es la segunda productora de América del Sur. El entorno del presidente electo define la nacionalización como una adecuación de la participación de las petroleras transnacionales a la nueva ley de hidrocarburos que establece la propiedad estatal en boca de pozo, un 50 por ciento de impuestos, que ya se están cobrando, y la celebración de nuevos contratos con las empresas transnacionales.

Morales prometió no expropiar los bienes de las transnacionales, porque necesita de sus servicios para explorar y perforar y que tendrán seguridad jurídica para la recuperación de sus inversiones y ganancias, pero que el Estado tiene que controlar la cadena de producción y comercialización.

Este proceso, según el analista Humberto Vacaflor, supone un periodo de incertidumbre en el flujo del gas boliviano, principalmente entre países vecinos. Brasil consume 37MM m3/día de los cuales 25MM provienen de Bolivia y cualquier interrupción podría tener efectos desastrosos. Para garantizar el suministro del gas a Brasil Morales ha negociado con el presidente Luis Inazio Lula da Silva un acuerdo para que Petrobrás se convierta en socio estratégico con YPFB, la petrolera estatal boliviana.

La demanda de gas en Argentina también está supeditada a ese proceso, que afectaría también a Chile. El gas boliviano que se exporta a Argentina es de 7,7MM m3/día, con el compromiso futuro de aumentar a 20 MM. Si llegara a interrumpirse se reflejaría en un inmediato recorte del gas que Argentina envía a Chile, país con el cual Bolivia no tiene relaciones diplomáticas por el problema marítimo. El presidente boliviano, que visitó también Argentina, está negociando un acuerdo con Kirschner.

El proceso estará determinado por las próximas acciones del gobierno de Morales que, según Vacaflor, se propone actuar con dureza con un par de transnacionales, entre ellas la estadounidense Enron, mientras está llegando a acuerdos de diferente alcance con la brasileña Petrobrás y la española Repsol. La Brithis Gas y la francesa Total buscarían una indemnización.
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