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Chávez entretiene a Londres

May 16 2006

Por: BBC Mundo

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Lourdes Heredia
BBC Mundo

«Nunca me habían ofendido de esa manera», me respondió el presidente Hugo Chávez cuando le pregunté si catalogar como «estúpidas» las preguntas de mis colegas no era caer en una actitud como la del presidente de Estados Unidos George W. Bush de «estás conmigo o estás contra mí».

«¿Cuáles actitudes son las que usted dice que yo tomo?, ¿qué le permite hacer esa pregunta?, ¿me las puede aclarar? ¿He invadido yo algún país?», dijo el mandatario y agregó que no podía creer que se le comparara con un «asesino y un genocida».

Su respuesta fue aplaudida por el público que observaba la conferencia de prensa y le arrancó una sonrisa al alcalde de Londres, Ken Livingstone, quién seguramente se arrepintió de darme el micrófono.

Los periodistas, sin embargo, me agradecieron la «osadía» de preguntar lo que ellos también habían pensado sin decirlo. Pero lo que más me agradecieron fue «amenizar» la conferencia de prensa.

«Su respuesta fue exactamente lo que buscábamos», me dijo sin tapujos un periodista quién reconoció que no sabía nada sobre América Latina y que sólo estaba ahí para tomar fotos y videos del presidente.

«Es una persona que es muy amena, un gran entertainer «, me respondió cuándo le pregunté lo que opinaba del presidente. Su compañero de trabajo, sin embargo, no estaba tan entusiasmado y comentó que una sola respuesta de Chávez había durado 27 minutos.

Claro, para un periodista británico 27 minutos serán muchos, pero para un venezolano eso es casi nada si tomamos en cuenta que el presidente puede hablar por horas sin parar. En su última presentación en Londres el mandatario habló por casi dos horas.

El encuentro fue organizado por Canning House , una asociación que promueve las relaciones entre América Latina y el Reino Unido. En la sala estaba nada menos que la «crema y nata» de los empresarios y académicos que se dedican a la región.

Esta vez el mandatario se topó con un mar gris de hombres con sacos que contrastaba vivamente con el evento tan colorido del domingo, cuando se reunieron los admiradores de Chávez con sus boinas, carteles y cánticos.

La corbata roja del presidente brillaba a lo lejos y aunque el recibimiento no fue tan calido como el del domingo, Chávez logró arrancar risas de sus comensales y enternecer a los corazones más duros con sus anécdotas.

«Creía que no podría ver otro atardecer», contó el presidente que le dijo una señora de 60 años que había recibido una operación gratuita, gracias a la cuál mejoró su vista.

Este tipo de comentarios, más los datos sólidos y estadísticas que mostró sobre el modelo económico venezolano dieron mucho qué pensar a los ahí reunidos.

«Apoyes o no su modelo, lo cierto es que aquí vino a mostrarnos hechos y cifras, y eso se agradece», señaló un señor encorbatado a mi lado. Mientras que un académico frente a mí decía que le impresionó sobre todo «la variedad de su discurso».

«Beef Wellington»

A mi también me gustó su discurso, aunque no dejé de notar que la curiosidad de muchos no daba para tanto. A la hora, varios comenzaron a marcharse o a mirar sus relojes.

Los aplausos cuando terminó de hablar fueron estruendosos. Mientras esperaba su salida, una señora rubia y alta se pone a mi lado y me dice emocionadísima: «¡Me acaba de dar dos besos. Uno en cada mejilla!».

Esta señora aseguró que nunca más se lavaría la cara.

Al salir del edificio, los pocos manifestantes antichavistas se habían marchado. Los que siguieron al presidente con sus cánticos desde la primera cita en los sindicatos, luego la alcaldía, después al parlamento y finalmente al «Banqueting House» estaban adentro celebrando el éxito de su presidente.

Porque no cabe duda que el mandatario venezolano dejo huella en la capital británica, aunque yo sólo puedo pensar ahora en el almuerzo que comieron los invitados de Livingstone en la alcaldía. ¡Qué daría yo ahora por un «beef Wellington»! (carne al estilo de Wellington).

Aunque seguramente mañana sólo pensaré en la entrevista que me prometió el presidente si llego a ir a Caracas, para demostrarme que él puede responder todo tipo de preguntas, aún cuando no esté de acuerdo con ellas.