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GRIETAS EN EL PODER ISLAMICO

May 23 2006

Por Dariush Zaheri y Ali Assareh (*)

BERKELEY, May (IPS) – Durante las próximas semanas las principales potencias
mundiales buscarán llegar a un consenso sobre la actitud a adoptar para
responder a las ambiciones nucleares de Irán. Las opciones van desde el
compromiso hasta las sanciones económicas e incluso a una acción militar
unilateral. Dada la fragmentación de la conservadora elite gobernante de
Irán, las acciones de las principales potencias afectarán en gran medida el
resultado de la actual lucha por el poder dentro del país y, por sus
consecuencias, el destino del programa nuclear iraní.

La unidad de la elite que gobierna la República Islámica finalmente se ha
roto a causa de la creciente presión internacional sobre Irán para que
detenga su programa de enriquecimiento de uranio, del aumento de la demanda
interna para que se mejoren las condiciones de vida del pueblo y de la
derrota del movimiento reformista. La comunidad internacional necesita tomar
en consideración estas diferencias entre facciones internas del sector
gobernante cuando traten con Irán. Cada curso de acción presenta una serie
de ventajas y desventajas según se tomen en cuenta o no esas divergencias.

En los días anteriores al actual gobierno de Ahmadinejad, los conservadores
hallaron más fácil unirse en la oposición a un «enemigo común», el
movimiento reformista de Khatami, que comenzó en 1997 y duró hasta el 2005.
Con los reformistas fuera de escena, sin embargo, las luchas entre las
facciones conservadores han aflorado.

Las diferencias entre los conservadores se han visto exacerbadas por la
ausencia de un líder carismático y unificador del calibre del ayatolá
Jomeini. El actual líder supremo, ayatolá Khamenei, tiene una vinculación
con el poder más frágil, faltándole legitimidad, tanto popular como religiosa.

Lejos de ser un bloque monolítico, el campo conservador está en general
dividido acerca de la futura dirección del país y de como enfrentar sus
crecientes crisis. Cada facción tiene su propia base social y su porción de
poder en la superinstitucionalizada estructura política de la República
Islámica.

Los conservadores de línea dura, representados por el presidente
Ahmadinejad, tienen lazos íntimos con poderosos segmentos de los servicios
de seguridad iraní y del aparato represivo. Tienen una base de apoyo en el
comando de la Guardia Revolucionaria y en las fieles fuerzas Basij, en las
que está comprendida la milicia de la República Islámica, con un millón de
voluntarios. En años recientes, mediante la utilización de políticas
populistas también se las arreglaron para recoger el apoyo de una amplia
proporción de los iraníes que viven por debajo de la línea de pobreza, que
ahora comprende a cerca de un 40% de la población.

Los pragmáticos, conducidos por el ex presidente Hashemi Rafsanjani, tienen
una base social en los estratos capitalistas modernos de Irán, así como en
segmentos de la clase media. Los menos ideologizados de todas las
agrupaciones conservadoras, los pragmáticos, han empujado constantemente a
favor de la implementación del modelo chino en Irán, de modo de favorecer un
fuerte crecimiento económico y la remoción de gravosas restricciones
sociales acompañadas por la limitada liberalización de la escena política.

Los conservadores tradicionalistas están conectados con el sector comercial.
El principal grupo que representa sus intereses es la Sociedad de la
Coalición Islámica, cuyos dirigentes son grandes comerciantes que han pasado
a dominar posiciones económicas clave en la República Islámica.

La fragmentación del campo conservador ofrece a la comunidad internacional
la oportunidad de influir en la futura trayectoria de los acontecimientos
políticos en Irán.

Optar por la solución militar crearía un ambiente de seguridad que haría más
propicio el dominio de Ahmadinejad y de la línea dura. En tal caso, los
duros aprovecharían la oportunidad para suprimir los residuos de la sociedad
civil y anular muchas reformas.

A su vez, imponer sanciones a Irán dañaría significativamente al luchador
sector privado y a la minúscula clase media. También debilitaría la posición
de los pragmáticos con respecto a los duros y a los tradicionalistas, que
controlan la vasta red de mercados negros de Irán.

Lograr un compromiso de Irán, por otro lado, podría mejorar la posición de
los pragmáticos ante otras facciones. Durante muchos años los pragmáticos
han hecho llamados a favor de una normalización de las relaciones de Irán
con el resto de la comunidad internacional, incluyendo a Estados Unidos.

Una normalización de relaciones entre los dos países también podría conducir
a mejoras en la condición de la economía. Las inversiones estadounidenses
podrían estimular el desarrollo del sector privado en Irán y de su clase
media. Este proceso, a largo plazo, consolidaría ulteriormente la posición
de los menos ideologizados y más pragmáticos elementos dentro de los
conservadores y podría facilitar una transición pacífica y sostenida hacia
la democracia.

El resultado final de las diferencias entre las facciones del campo
conservador y la consiguiente orientación política será en gran parte
determinado por la reacción de la comunidad internacional particularmente de
Estados Unidos- ante el programa nuclear de Irán. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Dariush Zahedi es profesor de Política Económica Internacional y de
Estudios sobre la Paz en la Universidad de California en Berkeley. Ali
Assareh es analista de política económica de Oriente Medio en la misma
universidad.