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Perú: El paradójico voto de las víctimas

May 22 2006

Por Ángel Páez

LIMA, may (IPS) – Ollanta Humala, ex militar acusado de secuestro, tortura y masacres, logró en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Perú una gran votación en poblados donde se registraron graves de violaciones de derechos humanos en la pasada guerra antiinsurgente.

Hace veinte años que el pueblo de Accomarca, uno de los más pobres de la ya pobrísima región andina de Ayacucho, espera que la justicia castigue a los militares que mataron a 64 ancianos, mujeres y niños.

Los criminales están identificados, incluido el jefe de la patrulla que liquidó a los campesinos, el teniente Telmo Hurtado, que gozó de la protección del alto mando del ejército y ahora se encuentra prófugo.

Veinte años no han sido suficientes para borrar el recuerdo de una de las peores masacres de la guerra que enfrentó a las fuerzas armadas con la organización maoísta Sendero Luminoso (1980-2000).

Pero Accomarca, que todavía sufre el dolor de la impunidad y tiene esperanza en que los jueces castiguen a los militares asesinos, votó mayoritariamente en la primera vuelta de las elecciones, el 4 de abril, por Humala, un ex comandante del ejército investigado por abusos durante la lucha contra la insurgencia.

Humala obtuvo en Accomarca 71,8 por ciento de los votos. Y el de este pueblo no es un caso episódico, aislado ni anecdótico. En Cayara, donde el ejército arrasó con 31 personas en 1988, Ollanta Humala barrió con 68.6 por ciento de los sufragios.

Según la Comisión de la Verdad y Reconciliación, que investigó la violencia política que asoló Perú entre 1980 y 2000, en ese periodo los uniformados mataron y desaparecieron a 7.260 personas que no estaban involucrados en el conflicto.

Del total, 3.968 (54,6 por ciento) pertenecían a la región Ayacucho, la más azotada por los excesos de las fuerzas armadas.

La comisión también identificó las provincias de Ayacucho donde los militares sistemáticamente eliminaban y desaparecían a civiles acusándolos sin pruebas de pertenecer a Sendero Luminoso o de colaborar con la insurgencia.

Cuatro fueron las provincias con mayor número de víctimas: La Mar, con 951 casos, Huanta, con 761, Huamanga, con 678, y Vilcashuamán, con 626.

Aunque no ha pasado demasiado tiempo desde que terminó la guerra interna, y aún no cicatrizan las múltiples heridas que dejó, los ciudadanos de esas provincias abatidas por violaciones de derechos humanos prefirieron votar por el ex comandante Humala.

La Mar le dio 73,3 por ciento de sus votos, Huanta, 65,4 por ciento, Huamanga, 58,8 por ciento, y Vilcashuamán, provincia a la que pertenece Accomarca, 64,6 por ciento.

El sociólogo e investigador del Instituto de Estudios Peruanos Víctor Caballero Martín visitó poco después de las elecciones algunas poblaciones del distrito de Canarias, en la provincia ayacuchana de Víctor Fajardo, donde los militares asesinaron y desaparecieron a 413 pobladores.

En uno de esos poblados, Umasi, patrullas del ejército mataron a 41 pobladores en 1983. Desde entonces, el caso sigue impune. Humala logró allí 68,9 por ciento de los sufragios.

«Para comprender por qué los pobladores de las zonas donde los militares cometieron violaciones de los derechos humanos votaron por un ex comandante acusado de abusos, debemos tomar en cuenta que ellos se sienten vencedores de Sendero Luminoso», explicó Caballero a IPS.

«En esas poblaciones no sólo los militares cometieron crímenes, sino también los senderistas. Mataron a los que no los apoyaban y a quienes señalaron como colaboradores del ejército. Además, esas comunidades se organizaron en ‘rondas campesinas’ (patrullas civiles de vigilancia) para combatir a los subversivos. Y ganaron», agregó.

En efecto, según la Comisión de la Verdad, los senderistas eliminaron a 5.164 pobladores en Ayacucho (mientras que a los militares se les atribuye 3.498 casos). Las «rondas campesinas» ayacuchanas mataron a 234 supuestos senderistas.

Ayacucho fue la región elegida por Sendero Luminoso para iniciar y extender su cruenta «guerra popular» en casi todo Perú.

«Los miembros de las tropas que se enfrentaron con los senderistas eran casi en su totalidad jóvenes reclutados de las propias poblaciones ayacuchanas», arguyó Víctor Caballero: «Y el partido de Ollanta Humala se sustenta en miles de reservistas que combatieron a los senderistas. Son esos reservistas los que hacen campaña por Humala en todas las zonas de guerra.»

En toda la región de Ayacucho, Humala obtuvo 62,2 por ciento de los votos. Y en el segundo lugar quedó el partido del ex presidente Alberto Fujimori, Alianza por el Futuro, con 10,5 por ciento.

«El voto por Fujimori también tiene una explicación relacionada con los vencedores de Sendero Luminoso. Fujimori encargó al ejército organizar a las ‘rondas campesinas’ y les entregó armamento para pelear contra los senderistas. De eso no se pueden olvidar los pobladores», dijo Caballero.

«Humala encarna a los militares que vencieron a la subversión, pero también al militar victorioso marginado y excluido por los políticos. Votan por Humala porque él es un vencedor como ellos», señaló. «Y esperan que cuando llegue a la presidencia, los reconozca.»

Aparte de Ayacucho, en otras regiones donde militares o senderistas cometieron masacres, Humala ganó largamente: Apurimac (57,3 por ciento de los votos), Huancavelica (59,4 por ciento), Huánuco (59,4 por ciento), Junín (41,0 por ciento) y Puno (51,5 por ciento).

Si las elecciones presidenciales se hubieran efectuado sólo en esas regiones, Ollanta Humala habría ganado la presidencia del Perú sin necesidad de una segunda vuelta, como la que lo verá enfrentado el 4 de junio con el ex presidente Alan García.

«Los resultados electorales están relacionados con la visión que los pobladores tienen del ejército y de las fuerzas armadas. Si uno va a las zonas donde hubo más violencia podrá observar que, aunque se tiene conocimiento de que las fuerzas armadas violaron derechos humanos, también se reconoce que acabaron con la amenaza de Sendero Luminoso», dijo a IPS Sofía Macher, ex integrante de la Comisión de la Verdad.

«Por eso es que en esas zonas hay también un sentimiento de agradecimiento, porque el ejército logró acabar con la violencia terrorista», apuntó Macher.

Como la mayoría de los medios de comunicación respaldaron la candidatura de la centroderechista Lourdes Flores Nano, difundieron con frecuencia denuncias contra Humala por violaciones de derechos humanos, supuestamente cometidas cuando encabezó una base militar en la localidad de Madre Mía, en la provincia de Tocache, región San Martín, en 1992.

Pero el bombardeo de acusaciones no cambió la opinión de los pobladores de las zonas de guerra sobre Humala.

«En las poblaciones a donde viajé, los campesinos estaban informados de las denuncias contra Humala. Pero creían que eran acusaciones falsas, parte de una campaña de desprestigio de los ricos y poderosos», dijo Caballero. «No creen en la prensa y valoran negativamente a los medios.»

El ex comandante obtuvo 52,3 por ciento de los votos en la provincia de Tocache, donde está ubicaba Madre Mía, algunos de cuyos pobladores acusaron a Humala de haber dirigido operaciones militares que incluyeron secuestros, torturas y masacres.

Macher atribuyó parte de la responsabilidad a errores de las organizaciones de derechos humanos.

«No hemos sido capaces de generar una conciencia y una cultura de los derechos humanos en la población a pesar de tantos años de trabajo. Por eso se producen esos resultados electorales», explicó.

«Éste es un duro golpe para nosotros, porque no hay sentimiento solidario con los desaparecidos, con los torturados, con las mujeres violadas, con los muertos. Las víctimas siguen siendo invisibles», agregó.

La impunidad también es un factor decisivo.

«El juez que investigaba numerosos crímenes cometidos por miembros de la Base Contrasubversiva 313, de la que dependía Humala, ordenó archivar el caso por falta de pruebas, acogiendo los recursos y artificios de los militares acusados», refirió Macher.

Para la experta en asuntos militares del Instituto de Defensa Legal, Ana María Tamayo, durante la guerra interna los pobladores sabían que los uniformados cometían abusos. Pero como eran los únicos representantes del Estado en las zonas de conflicto, buscaban su protección de éstos.

«En la memoria reciente de esas poblaciones, las fuerzas armadas estuvieron al lado del pueblo. Los militares inspiraban temor, pero se relacionaban con ellos porque eran las únicas autoridades», dijo Tamayo a IPS.

«El candidato Humala ha evocado esa imagen que tienen los pobladores de los militares. Y la apoyan porque Humala es la posibilidad de que en sus pueblos el Estado tenga una presencia más permanente», señaló Tamayo.

La ciudadanía de las zonas de conflicto emitió un voto de protesta, según Alejandro Silva, secretario ejecutivo de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, organización que promueve las investigaciones a Ollanta Humala.

«Votaron por Humala porque son pragmáticos, porque él les ha prometido que va a resolver sus problemas cotidianos. Y porque Humala desarrolló un discurso reivindicativo», dijo Silva a IPS. «Y seguirán votando por personajes como Humala hasta que la democracia les dé de comer. Porque esas poblaciones son excluidas.»

El sociólogo Caballero constató en Ayacucho que, dos decenios después de las masacres perpetradas por militares y senderistas, las comunidades continúan sumidas en el olvido, la pobreza y la exclusión.

«Es inconcebible el abandono en que se encuentran esas poblaciones después de haber sido víctimas de una cruel y perversa guerra interna», relató Caballero.

«Los campesinos esperaban alguna forma de justicia y reparación, alguna compensación por haber derrotado al terrorismo, pero no han recibido nada. Siguen siendo los humillados de siempre. Por eso caló el discurso de Humala». (FIN/2006)