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Todos tras la meta del hambre cero

May 18 2006

Por Daniela Estrada

SANTIAGO, may (IPS) – Pese a la enorme producción alimentaria de América Latina y el Caribe, en la región hay hambre. Pero cada nación tendrá que trazar su propio plan para combatirla pues las dimensiones del problema y los avances alcanzados varían considerablemente de país a país.

Con miras a cumplir y superar el Primer Objetivo del Milenio de reducir a la mitad la proporción de población que padece hambre en 2015, 28 países de América Latina y el Caribe, participantes de la Conferencia Regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), acordaron erradicar el hambre en 2025.

Para alcanzar el compromiso adquirido por las naciones de la región reunidas hace un mes en Venezuela, se requiere aprobar leyes de seguridad alimentaria e implementar políticas específicas, advirtió la Oficina Regional de la FAO.

«El principal desafío de los países es crear políticas sociales específicas para combatir el hambre, programas ubicados territorialmente, que creen oportunidades de generación de empleo e ingreso para la gente más pobre», dijo a IPS José Graziano Da Silva, jefe de la oficina regional, con sede en Santiago de Chile.

«Para eso hay que dimensionar a la población hambrienta, ver dónde está. Muchos países todavía no tienen estadísticas, cifras. Dibujar el plan es muy importante», añadió el experto, quien presentó el día 17 las conclusiones de la vigésimo novena Conferencia Regional de la organización, realizada en Caracas, Venezuela, del 24 al 28 de abril de este año.

Da Silva destacó la gran asistencia de autoridades gubernamentales a la reunión que se realiza cada dos años para revisar las actividades realizadas y formular recomendaciones, sugerencias y desafíos a los gobiernos en materia agrícola, forestal y pesquera.

Veintiocho países de un total de 33 –se excusaron Guyana, Antigua y Barbuda; Paraguay, Belice y Barbuda– acordaron la erradicación de la desnutrición en 2025, según la propuesta planteada por los gobiernos de Brasil y Guatemala durante la Cumbre Latinoamericana sobre Hambre Crónica, celebrada en este último país en septiembre de 2005.

Según los últimos datos de la FAO, en América Latina y el Caribe hay 53 millones de personas desnutridas, lo que equivale a 10 por ciento de la población, con enormes diferencias entre países.

Mientras en siete naciones de la región la desnutrición fluctúa por encima de 21 por ciento de la población, en otras se ubica por debajo de nueve por ciento. Paradójicamente, América Latina y el Caribe es la principal región productora de alimentos del mundo.

La oficina regional fue encargada por los países para promover, a partir del segundo semestre de 2006, un programa enfocado en tres aspectos fundamentales: mejoramiento del acceso a alimentos, aumento de la producción y la productividad de la agricultura familiar, e impulso de políticas de seguridad alimentaria urbana.

En su primera acción, la entidad recomendó a los 28 países adoptar las 19 «Directrices Voluntarias» que FAO aprobó en 2004, las cuales van «en apoyo a la realización progresiva del derecho a una alimentación adecuada en el contexto de la seguridad alimentaria nacional».

La organización considera que estas orientaciones deberían estar contenidas en leyes de seguridad alimentaria, que establezcan constitucionalmente el derecho a la alimentación en cada país, materia en que Guatemala lleva la delantera.

El 6 de abril de 2005, el congreso legislativo de esa nación centroamericana promulgó la Ley de Seguridad Alimentaria, que estableció el Sistema Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional y la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Presidencia. En estos momentos, el parlamento brasileño discute un proyecto similar.

En América Latina y el Caribe la principal causa de la desnutrición radica en el insuficiente acceso a los alimentos: buena parte de su población no cuenta con los ingresos suficientes para adquirirlos o no tiene los recursos necesarios para producirlos en un sistema de autoconsumo.

Entre 1992 y 2002, el número de personas desnutridas en la región se redujo de 59,5 a 52,9 millones de personas, es decir, de 13 por ciento a 10 por ciento de la población total.

Pero este avance no ha sido suficiente y la tendencia decreciente parece haberse estancado, lo que puede impedir que muchos países alcancen el Primer Objetivo de Desarrollo del Milenio.

De mantenerse la curva actual, la desnutrición en la región afectará a 40 millones de personas en 2015 y a 31,2 en 2025. América Central y el Caribe serían las regiones con las peores cifras y habría nueve países que no alcanzarían la Primera Meta del Milenio.

Si se examina el progreso en la reducción del hambre en la última década y las posibilidades de erradicarla en 2025, se puede clasificar a los países en cuatro grupos. El primero incluye a Argentina, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador y Uruguay, que están en condiciones de lograr este objetivo si se mantienen los actuales esfuerzos y recursos.

Más atrás están los países que requieren esfuerzos adicionales a los planes y proyectos actualmente en curso, entre ellos, México, El Salvador, Jamaica, Trinidad y Tobago, Brasil, Guyana y Suriname. El tercer grupo, integrado por Bolivia, Colombia, Paraguay, Perú y Venezuela, tiene «necesidades medias de inversión», según la FAO.

Y por último están los países que demandan esfuerzos e inversiones masivas para alcanzar la meta de erradicar el hambre en 2025, entre los cuales destacan Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, República Dominicana y Haití.

Según Da Silva, el momento político de la región es favorable. «Estamos pasando por cambios en muchos países. Al 2007, 15 países van a cambiar de presidente. Pero lo que hemos visto hasta ahora es que los nuevos gobiernos le están poniendo mucho más énfasis al combate del hambre y la pobreza extrema. Aunque con algunas dificultades, está creciendo la integración latinoamericana», dijo el experto.

De todas maneras, Da Silva estimó que no basta con el compromiso político sino que son necesarios programas concretos, que entre otras cosas deberían desarrollar la capacidad local para hacer sostenibles los cambios al interior de los países.