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La Habana en pie de guerra

Ago 18 2006

Por Dalia Acosta

LA HABANA, 18 ago (IPS) – – Cuba elevó de «manera sustancial» la capacidad y disposición combativas de sus tropas para enfrentar cualquier agresión proveniente de Estados Unidos, tras el anuncio de la enfermedad del presidente Fidel Castro y de su retiro temporal del poder.

«No podíamos descartar el peligro de que alguien se volviera loco, o más loco todavía, dentro del gobierno norteamericano (estadounidense)», aseguró el ministro de las Fuerzas Armadas de Cuba, Raúl Castro, en sus primeras declaraciones desde que el 31 de julio asumió «provisionalmente» la Presidencia de este país.

«Siempre he sido discreto, esa es mi forma de ser, y de paso aclaro que pienso seguir así», afirmó el general tras asegurar que, hasta ahora, no había sido «necesario» aparecer en los medios de comunicación.

En una entrevista publicada este viernes por el diario oficial Granma, el sustituto «temporal» de Fidel Castro explicó que la orden de movilización fue dada «a las tres de la madrugada del primero de agosto», de acuerdo con los planes «aprobados y firmados desde el 13 de enero del 2005 por el compañero Fidel».

Castro añadió que decenas de miles de reservistas y milicianos fueron movilizados en todo el país y que tanto las tropas regulares como las especiales recibieron orientaciones sobre «las misiones que exigía la situación político militar creada».

«Todo el personal movilizado cumplió o cumple en estos momentos un importante ciclo de preparación y cohesión combativas, parte de él en condiciones de campaña. Estas tropas se irán rotando, en cifras aproximadamente iguales, según se alcancen los objetivos propuestos», añadió el ministro de Defensa y hermano del mandatario enfermo.

Aunque la presencia militar se hizo notar en las carreteras de esta isla caribeña en los últimos días, el llamado a los reservistas se realizó de manera discreta y apenas trascendió en este país que vivió días de mucha incertidumbre, pero también de tranquilidad ciudadana, garantizada por el pleno control del gobierno.

«Si nos guiáramos únicamente por la situación interna, no exagero al afirmar que no hubiera sido necesario movilizar ni un pionero (escolar menor de 15 años) de los que custodian las urnas en las elecciones», comentó Castro.

Una proclama firmada por el presidente cubano la tarde del 31 de julio y dada a conocer esa noche, informaba a la población de la designación «provisional» de Raúl Castro al frente del gobernante y único Partido Comunista de Cuba, del Consejo de Estado (máximo órgano de gobierno) y como comandante en jefe del ejército.

El mandatario que cumplió 80 años el domingo 13, informaba a la población que, tras ser sometido a una operación quirúrgica por «una crisis intestinal aguda con sangramiento (sic) sostenido», se veía obligado a enfrentar varias semanas de reposo y abandonar por primera vez sus funciones.

Además de delegar sus cargos en su hermano Raúl, Castro traspasó a un grupo de altos dirigentes sus funciones como «impulsor principal» del Programa Nacional e Internacional de Salud Pública, del Programa Nacional e Internacional de Educación y del Programa Nacional de la Revolución Energética en Cuba.

Ya en ese primer mensaje, el mandatario aseguró que la decisión había sido tomada porque el país «se encuentra amenazado» por el gobierno de Estados Unidos. En un mensaje posterior, el 1 de agosto, Castro añadió que los planes estadounidenses convertían su salud en «un secreto de Estado».

La enfermedad del hombre que ha dirigido el régimen cubano durante los últimos 47 años, en enfrentamiento permanente con Washington, sucedió a la aprobación por el gobierno de George W. Bush de un documento ampliatorio de un plan para una transición democrática en Cuba, de mayo de 2004.

Más allá de los fondos millonarios para apoyar a la oposición interna y las medidas para cortar aún más los flujos financieros hacia esta isla, previstas en ese plan, La Habana ha insistido en su preocupación por un anexo del mismo, mantenido en secreto por Washington por razones de «seguridad nacional» y «para asegurar su efectiva realización».

Según el ministro de Defensa cubano y actual presidente interino, «el gobierno de los Estados Unidos no revela el contenido de ese anexo porque es ilegal. Hay que exigir su divulgación, sobre todo ahora que han hablado de su existencia para amenazar a Cuba».

Castro añadió que las medidas para enfrentar los planes estadounidenses se vienen adoptando «hace tiempo».

«Estas se reforzaron especialmente cuando el actual gobierno de los Estados Unidos inició la desenfrenada política guerrerista que mantiene hasta el presente, incluido el anunciado propósito de atacar sin aviso previo cualesquiera de los que ellos llaman ‘sesenta o más oscuros rincones del mundo'», afirmó.

La Habana se ha opuesto abiertamente a la política de la guerra preventiva aplicada por el gobierno de Bush desde el ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 contra Nueva York y Washington, señalando que Cuba se encontraba preparada para enfrentar cualquier agresión.

Unas 12.000 firmas se habían sumado hasta el 17 de agosto, según fuentes oficiales cubanas, a un llamamiento de personalidades de la cultura de más de 100 países, entre ellos varios premios Nobel, para evitar la injerencia de Estados Unidos en los asuntos internos de Cuba.

La posibilidad de una invasión militar estadounidense fue descartada por la secretaria de Estado (canciller) Condoleezza Rice, quien consideró «descabellada» la idea de que Washington invadiría Cuba si hubiera problemas en este país.

«Estados Unidos quiere ser socio y amigo del pueblo cubano cuando atraviesa por momentos difíciles», y ahora «los cubanos tienen la oportunidad de construir una Cuba más estable y más democrática», dijo Rice en entrevista televisiva, según versiones de la prensa estadounidense.

Tras asegurar que su hermano Fidel se recupera y citarlo en reiteradas ocasiones, Raúl Castro reconoció que «hasta ahora los ataques» estadounidenses «no han pasado de la retórica, salvo el incremento sustancial de las transmisiones subversivas de radio y televisión».

«No es mi propósito exagerar peligros. Nunca lo he hecho», añadió y reiteró la decisión de La Habana de «normalizar las relaciones» con Washington «en un plano de igualdad». Estados Unidos debería «tener claro que con imposiciones y amenazas no es posible lograr nada de Cuba», afirmó Castro. (FIN/2006)