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LA INGENIERÍA GENÉTICA LE HACE MAL AL AMBIENTE Y AL BOLSILLO

Ago 31 2006

Por Anuradha Mittal (*)

OAKLAND, Ago (IPS) El sitio web de Monsanto se jacta de que en el 2005 se cumplió una década de cultivo comercial de variedades biotécnicas y alardea de que esa «ansiosa adopción» de tecnología en la agricultura resultó «en la plantación y cosecha en ese período de mil millones de acres de especies vegetales modificadas genéticamente».

Asimismo, esa gran empresa agroindustrial celebra «los beneficios que la tecnología trae a los agricultores, el incremento en el rendimiento de las cosechas, la capacidad para reducir el uso de productos químicos en la agricultura, la oportunidad de una transición hacia prácticas agrícolas más amistosas con el ambiente y, al mismo tiempo, ahorros y ganancias monetarias.»

Esas afirmaciones de Monsanto concuerdan con la actividad de relaciones públicas de la agroindustria tendiente a evitar el debate sobre el tema mediante la creación de una falsa sensación de necesidad de los productos modificados genéticamente. Los argumentos clave utilizados en este blitz publicitario pro-industria recurren a motivaciones ecológicas- «la biotécnica creará un mundo libre de pesticidas», pero también afirman que «debemos aceptar la ingeniería genética para incrementar los rendimientos, reducir los costos y mejorar los medios de vida de los agricultores.»

Sin embargo, la realidad que surge de los campos reduce esas aseveraciones a la categoría de falsas sugerencias. Un reciente estudio, el primero que examina el impacto económico a largo plazo del algodón Bt (modificado genéticamente), realizado por investigadores de la Cornell University, concluyó que los cultivadores chinos de algodón, que estuvieron entre los primeros agricultores del mundo en plantar algodón Bt al que se le habían insertado genes del Bacillus Thuringiensis para producir toxinas letales para los gusanos del algodón y el maíz, han visto desaparecer sus utilidades.

El estudio realizado sobre 481 agricultores chinos de las cinco principales provincias productoras de algodón halló que después de siete años de cultivos tuvieron que rociar sus plantas más de 20 veces por temporada para enfrentar a insectos secundarios, lo que causó que sus ingresos fueran en promedio un 8 por ciento menos que los de quienes plantaron algodón convencional, dado que, además, la semilla Bt cuesta el triple que la semilla convencional. Los investigadores subrayaron que esta situación podría resultar aún peor en países en los que el algodón Bt es cultivado extensamente.

Uno de los investigadores autores de este estudio, el profesor Per Pinstrup-Andersen, ex director general del International Food Policy Research Institute, de Washington D.C., sin embargo, exhortó a investigadores y gobiernos a emprender acciones correctivas antes de que los agricultores dejen de usar el algodón Bt. Según Pinstrup-Andersen «el algodón Bt puede ayudar a reducir la pobreza y los problemas de la desnutrición en los países en desarrollo si es utilizado adecuadamente.»

Pero sería mejor que el profesor Pinstrup-Andersen exhortara a los investigadores a estudiar la cosecha de agricultores suicidas en India. Entre el 1 de junio de 2005 y agosto de 2006, unos 700 pequeños agricultores de Vidarbha, en la región de Maharastra, se suicidaron para escapar al endeudamiento.

En tanto que el algodón Bt continúa forcejeando para lograr la aceptación pública, también prosiguen las fatigas de los agricultores indios. Devastados por la peste del gusano del algodón y el maíz, los cultivos de Bt han sido además atacados por «Lalya» o «reddening», una enfermedad nunca vista antes que afectó al Bt más que a la cosecha de algodón convencional, lo que motivó que el 60 por ciento de los agricultores de Maharashtra no pudieron recuperar los costos de su primera cosecha de algodón genéticamente modificado. Algunos estudios muestran que esos agricultores están gastando 136,26 dólares por acre en comparación con los 11,60 dólares que gastan cuando plantan algodón convencional, dado que el algodón Bt necesita ser rociado con más insecticidas suplementarios.

Este fracaso del algodón Bt motivó que el GEAC, el organismo del gobierno central de India a cargo de aprobar el uso de la ingeniería genética, prohibió la utilización de variedades de plantas modificadas genéticamente Mech 12, Mech 184 y Mech 162 en Andhra Pradesh, mientras que la Mech 12 fue prohibida en todo el Sur de la India. El gobierno local del distrito de Warangal, en Andhra Pradesh, reclamó a Monsanto Biotech Ltd. una compensación para los agricultores que habían perdido su cosecha. Asimismo, el gobierno de Andhra Pradesh, respaldado por el gobierno central del país, denunció a Monsanto ante la comisión estatal a cargo del control de prácticas comerciales monopolísticas y restrictivas por haber recargado el precio que cobra a los agricultores por sus semillas. Pese a la evidencia de que los pequeños agricultores han soportado la carga de los problemas causados por el algodón Bt, la industria biotécnica insiste en publicitarlo como el medio para mejorar el nivel de vida de los agricultores pobres y de afirmar la seguridad alimentaria.

La ingeniería genética y el algodón Bt no revolucionarán las tareas agrícolas en los países en desarrollo ni mejorarán la seguridad alimentaria, sino que eso podrá ser logrado solamente con una nueva economía agrícola basada en el principio de la soberanía alimentaria y de los derechos del agricultor como pieza central del modelo de desarrollo económico de cada país. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Anuradha Mittal, fundadora y directora del Oakland Institute.