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PORTUGAL ES TAMBIEN UNA NACION HISPANICA

Oct 30 2006

Por Joaquín Roy (*)

MIAMI, Oct (IPS) Los portugueses pueden sentirse orgullosos de pertenecer al
estado-nación más antiguo y temprano de Europa. Desde el siglo XII, Portugal
ha disfrutado de ser una entidad geográficamente estable, con fronteras
fijas, cohesión étnica, una lengua, y una tradición cultural (incluso
religiosa, con la debida tolerancia laica) diferente de la de España. Sin
embargo, la prevaleciente corrección política y el hipernacionalismo están
amenazando también con dañar la cortesía y la civilidad del pueblo portugués
cuando uno se entromete mediante el conocimiento erróneo de las raíces
históricas de ese admirable país.

Aparentemente no satisfechos con rechazar la etiqueta de «hispánico», y
reemplazarla siempre que sea posible (y, sobretodo, si no lo es) por la de
«latino», ahora el frente se engrosa con el activismo de algunos portugueses
en los Estados Unidos, que se arrogan una representatividad que no les han
dado urnas algunas, para encabezar una estrategia que consiste en negar su
herencia hispana, y por lo tanto exigir que no se les incluya en las
celebraciones (por otra parte, un tanto folclóricas y culinarias) del
llamado «mes de la Hispanidad». Quieren ser simplemente reconocidos como
«lusitanos», exclusivamente descendientes de uno de los tantos pueblos
prerromanos de la Península Ibérica.

La verdad es que Portugal es desde luego «hispana» en origen, y los
portugueses debieran estar encantados con este hecho. A los que deniegan
esta evidencia, se les debiera recordar el verdadero y riguroso sentido
histórico e etimológico de la palabra «hispánico».

Las palabras «Hispania» y «Lusitania» no son opuestos. «Hispania» es la
acepción en latín (de origen púnico cartaginés, significando «conejos», por
la aparente superpoblación existente entonces). En griego la palabra era
Iberia, de origen oscuro. Todos los documentos romanos sistemáticamente usan
la palabra «Hispania».

«Hispania» fue el nombre dado por Roma a toda la Península Ibérica, no
solamente a una fracción territorial que ahora está ocupada por España.
«Hispania» fue el nombre compartido por dos provincias diferenciadas,
fundadas por Roma: Hispania Citerior (cercana, oriental) e Hispania Ulterior
(lejana, occidental). La Hispania Ulterior fue más tarde dividida en otras
dos provincias adicionales, Bética aproximadamente la actual Andalucía) y la
Lusitania (que incluía no solamente el Portugal de hoy, sino también una
gran porción de España, y de ahí el nombre sinónimo para la nación portuguesa.

Sin embargo, la capital de esa «Lusitania» no estaba localizada en Lisboa o
en otra moderna ciudad portuguesa, sino en Mérida (de Augusta Emerita), en
la actual Extremadura española. La Hispania Citerior fue rebautizada
Tarraconensis. Además, la parte más noroccidental de la Tarraconensis fue
también redefinida como Hispania Nova, y finalmente Callaecia (de ahí el
nombre de la Galicia moderna), que comprendía aproximadamente el resto del
occidente de Iberia, excepto la mayor parte del norte de Portugal.

La inclusión de Portugal en las celebraciones hispánicas del mes de octubre
no debiera considerarse como una muestra imperialista de España. Portugal
tuvo su oportunidad de capturar el honor del descubrimiento americano, pero
los monarcas lusos rechazaron la petición de Colón para financiar su sueño.
Entonces, el almirante se tornó hacia la protección de Isabel de Castilla, y
el resto es historia. Sin embargo, recuérdese que cuando el Papa dividió el
globo entre las dos monarquías católicas de Iberia, el Tratado de
Tordesillas no reparó que el meridiano escogido cortaba la parte más
nororiental del continente luego llamado «americano», hoy noreste del
Brasil. Los despiertos navegantes portugueses entonces aprovecharon este
desliz para beneficio de Portugal.

Pero parece que preferimos enterrar la historia bajo motivaciones entre
populistas y oportunistas. «Hispano», una respetable etiqueta que tenía
simplemente una connotación cultural e histórica como referencia, se ha
convertido en el objetivo favorito de un sentimiento anti-español. Ahora
todo es «Latino/a», en inglés. Causa estupefacción comprobar cómo alguien
cuyo origen es visiblemente indígena americano (de Bolivia, Guatemala, o
Chiapas) prefiere (o es presionado) llamarse «latino» en lugar de «hispano».
Reclamar que «hispano» denota presión colonial española y dominio imperial,
y preferir en su lugar «latino» es perder la misma perspectiva histórica que
rechazar llamar a Portugal una nación hispánica.

Para ser rigurosamente justos desde el punto de vista histórico y cultural,
solamente los nacidos en lugares colonizados por Roma (entre ellos los
actuales romanos) debieran tener el derecho (¿el copyright?) de llamarse
«latinos», una palabra que simplemente deriva de Lazio, la región que rodea
Roma. Las personas con raíces identificables en ciudades como Marsella,
Barcelona, Lisboa y Génova, o incluso Bucarest, Bath, Trípoli y Colonia,
entre docenas de lugares europeos, debieran asociarse y fundar una agencia
de franquicia para el uso de la palabra «latino». Entonces podrían cobrar un
peaje por el uso. «Hispánico», por otra parte, podría ser de dominio
público, gratis, fruto de la generosidad de España (y Portugal, claro).
(FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Joaquín Roy es Catedrático ‘Jean Monnet’ y Director del Centro de la
Unión Europea de la Universidad de Miami (jroy@Miami.edu).