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ESTADOS UNIDOS: FRENO A BUSH

Nov 24 2006

Por Joaquín Roy (*)

MIAMI, Nov (IPS) Seriamente tocado y enfangado (como el portaviones
«Intrépido», varado en el Hudson el día de las elecciones), pero no hundido,
a Bush le queda apenas el veto presidencial. La Cámara de Representantes se
le ha escapado y deberá negociar la agenda interior que olímpicamente
desdeñó, sacrificada en la arrogancia de la seguridad nacional y la
moralidad que por designio divino creía monopolizar.

Pero el resultado de esta elección no es espectacular y presenta dimensiones
que son normales. El cambio (incluido el empate en el Senado) es el
resultado cíclico del curioso sistema norteamericano. Sorprende porque el
código electoral no es proporcional: cada distrito y escaño (en este caso,
un tercio del Senado y la totalidad del Congreso) se dirimen por mayoría
simple.

Cada doce o catorce años el conjunto sufre un vuelco sustancial, dictado por
una conciencia colectiva. Además, en el «año 6», el segundo año del segundo
mandato presidencial, la erosión del poder se traduce en voto de castigo. Se
han desmentido los temores de la inercia, el palparse el bolsillo y la
timidez en expresar el clamor contra la ocupación de Iraq.

El cambio se debe a media docena de factores, algunos simplemente atribuidos
a las características de los comicios locales y estatales. Entre los
generales, la oscilación hacia los demócratas se debe al voto de los
independientes que personal y sistemáticamente no tienen un partido adherido
a su conciencia. Unas veces votan demócrata, otras republicano, y muchas
simplemente engrosan los huestes del «partido de la abstención», la mitad
del electorado que pasa olímpicamente de este ejercicio.

Este sector, acompañado por los demócratas «de toda la vida», ha votado como
si se tratara de una elección parlamentaria al estilo europeo. Pero si
mecánicamente ha pulsado el espacio reservado a los demócratas, en realidad
ha propinado una bofetada a los republicanos.

Ligeramente diferente ha sido el voto de numerosas amas de casa que incluyen
todavía las llamadas «madres del fútbol» (por .llevar a sus retoños a juegos
post-escolares), sobretodo casadas, de clase media y media alta, que en
número notable se inclinaron por Bush en 2004 temerosas del terrorismo.
Ahora han preferido a los demócratas, a los que consideran más capaces de
arreglar tanto la amenaza terrorista como retirarse de Iraq, con la
expectativa oculta de que la eternización del conflicto no alcance a sus hijos.

La economía y los alarmantes casos de corrupción (otro escenario donde la
cantidad de barro es monumental) han completado el cuadrilátero de las
razones del cambio de voto. El sideral gasto que se ha metido en el pozo
iraquí ha hecho pensar a los votantes que sus bolsillos se resentirán en el
futuro cercano con mayores impuestos y recortes en programas sociales,
infraestructura, educación y sanidad.

En cualquier caso, el panorama global es el resultado de un referéndum sobre
Bush, más que una elección estado por estado, escaño tras escaño. De
confirmarse el empate en el Senado, por el debido e inexorable recuento
donde las virtuales tablas solamente se han dirimido por menos de tres mil
votos, el veredicto general es que Bush ha sido estrepitosamente derrotado,
pero no se ha evaporado.

La derrota, notable pero también relativa, no forzará al presidente a hacer
cambios drásticos en su política exterior, pero dejará en precaria situación
a varios de sus colaboradores obstinados y efectivos hasta ahora, que se
convertirán en chivos expiatorios. En el frente interior, el primer
sacrificado ya ha resultado Carl Rove, el estratega del doble triunfo
electoral que basó su apuesta en la agenda conservadora y moralista, que
cortejó magistralmente el voto de la «América profunda» desdeñando a los más
atentos por los temas internacionales y las complejidades de la economía.

En el escenario exterior, el que tiene todos los números para perder la
lotería es Don Rumsfeld, uno de los secretarios de defensa más aborrecidos
por el establishment liberal, identificado como el enemigo número uno en el
resto del planeta. A su lado, obsérvese lo calladita que ha estado la
secretaria de estado Condi Rice. No solamente porque tradicionalmente se
considera que la cartera de exteriores debe comportarse en las elecciones
con una actitud neutral, sino porque esconde ambiciones políticas más allá
del Departamento de Estado. El triunfo arrollador de Hillary Clinton, unido
al ascenso espectacular de Nancy Pelosi, flamante presidente de la Cámara de
Representantes, ha levantado las expectativas de que surjan mas figuras
femeninas y más minorías, sobretodo afroamericanos.

Bien, como se le dijo a Bolívar: «General: ya tenemos la independencia, ¿y
ahora que hacemos con ella?» Los demócratas se encaran a partir de ahora a
la asignatura pendiente. Después del largo examen, las notas las recibirán
en la nueva elección general dentro de dos años. Entonces estarán bajo la
presión de no solamente conseguir el doblete, sino convertirlo en triple
victoria, incluyendo la presidencia. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Joaquín Roy es Catedrático ‘Jean Monnet’ y Director del Centro de la
Unión Europea de la Universidad de Miami
(jroy@Miami.edu)