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La inmigración, uno de los grandes desafíos del siglo XXI

Nov 28 2006

Por Rodolfo Benito(*)
Bitacora

La inmigración es uno de los grandes desafíos del siglo XXI y hay que abordarlo con seriedad y rigor, alejado de coyunturas electoralistas y de corto plazo, porque los fenómenos migratorios actuales no son coyunturales ni afectan únicamente a nuestro país: son de medio plazo y afectan a todos los países desarrollados.

Y lo son porque en el fondo de los grandes movimiento migratorios a los que estamos asistiendo, están la miseria y la pobreza, las grandes desigualdades que existen en el planeta, que se manifiestan en el hecho de que el 80 por ciento del Producto Interior Bruto mundial pertenezca a 1.000 millones de personas que viven en el mundo desarrollado, mientras el 20 por ciento restante se reparte entre 5.000 millones de personas.

El debate en España en torno al fenómeno migratorio no puede basarse en un simplismo ramplón en torno a si existe o no «efecto llamada», que si algo consigue, más allá de un hipotético rédito electoral, es abonar el campo para el crecimiento de determinadas corrientes xenófobas, y se convierte en una auténtica falacia cuando se trata de vincular ese «efecto llamada» al proceso de normalización extraordinaria que se ha producido en nuestro país, el cual, conviene recordar, ha estado consensuado con la totalidad de los agentes sociales, esto es, con sindicatos y empresarios.

Y decimos que se convierte en una falacia porque, previamente en España y también en Europa, se han producido idénticos procesos de normalización extraordinaria. En España, en la etapa del Gobierno del Partido Popular, hasta cuatro procesos extraordinarios, que significaron la regularización de hasta un millón de inmigrantes irregulares. En Europa, países como Francia, Italia, Bélgica, Grecia y Portugal, también han tenido, y no hace mucho tiempo, procesos de regularización extraordinaria.

El reciente proceso de normalización en España no ha hecho sino regularizar situaciones de quienes ya estaban insertados en nuestra economía, ciertamente, en la economía sumergida que, hay que decirlo, es uno de los gérmenes más importantes de la inmigración clandestina. Pero, además, porque a lo que realmente estamos asistiendo es a un auténtico «efecto huída», huída, efectivamente, de la miseria y de la pobreza.

Ahora bien, un sólo país no tiene capacidad para hacer frente a esta realidad. Es preciso articular una política común en la Unión Europea en materia de inmigración; política que debe basarse en dos pilares fundamentales: equilibrio en los mercados de trabajo y transparencia en los procesos de normalización. Y se trata de un autentico reto, de carácter prioritario además, para la Unión.

Por otra parte, y como bien sostiene el profesor Vicens Otero, no deberíamos obviar el hecho de que la inmigración y el crecimiento económico evolucionan a la par: la inmigración ha facilitado el crecimiento reciente en España, tanto como el crecimiento económico ha posibilitado la inserción laboral de los inmigrantes.

En este marco y en torno al debate sobre si la mano de obra inmigrante presiona a la baja sobre los mercados de trabajo, conviene que señalar que la evolución del mercado de trabajo en nuestro país pone de manifiesto que su tendencia hacia la flexibilidad negativa, que se produce básicamente a partir de 1985, ha sido creciente y es previa a la incidencia del incremento de la población inmigrante, que se produce a partir de 1997, desmintiendo así a quienes sostienen que la mano de obra inmigrante es un factor de precarización de los mercados de trabajo.

Es a un modelo de mercado de trabajo al que se incorporan los trabajadores inmigrantes, por tanto, no es la inmigración la que modifica los parámetros de los mercados de trabajo existentes, sino que asumen esa realidad, en la misma medida que los jóvenes y no tan jóvenes y las mujeres nacidas en España no son ajenos a la misma.

Realidad que no está al margen tampoco del cauce por el que viene discurriendo la negociación colectiva, tanto en lo que afecta a su nivel de cobertura, de la que al menos un 30 por ciento de los trabajadores está fuera, como al proceso de individualización de las relaciones laborales, descentralización productiva y procesos cada vez más amplios de subcontratación que se vienen produciendo, que al final conducen a un tipo de contrato más precario y a una brecha salarial más amplia.

Se verifica así en el caso de España la evidencia empírica internacional, contrastada en distintos estudios, que no permite confirmar que el impacto de la llegada de población inmigrante sobre el tipo de empleo o los salarios sea significativo; ni tan siquiera que tal relación exista.

(*) Presidente de la Fundación Sindical de Estudios y miembro de la Comisión Ejecutiva Confederal de Comisiones Obreras (CCOO). España