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LAS OPORTUNIDADES PERDIDAS DE LOS PAÍSES POBRES

Nov 21 2006

Por Benjamín W. Mkapa (*)

ARUSHA, Nov (IPS/South Centre) Existe consenso general en el sentido de que el comercio puede jugar un importante papel como motor para el crecimiento económico y, por lo tanto, para ayudar a que los Países Menos Desarrollados
(PMD) puedan alcanzar una meta clave, el Objetivo del Desarrollo del Milenio en la reducción de la pobreza.

Pero el vínculo entre el crecimiento de las exportaciones y la reducción de la pobreza no es automático. Como subrayó la Conferencia sobre Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas (UNCTAD) en 2004, hacer que el comercio internacional sea un mecanismo más efectivo para los países pobres requiere un enfoque del desarrollo en el cual tres pilares actúan conjuntamente: 1) mejores estrategias nacionales para el desarrollo; 2) mejoras en el régimen comercial internacional y 3) una mayor y más eficaz asistencia financiera y técnica internacional para el desarrollo de las capacidades productivas y comerciales.

Es importante que tales capacidades sean desarrolladas a escala doméstica y sub-regional a fin de asegurar un enfoque a largo plazo que esté arraigado en las propias estrategias nacionales de los países, ya que los negociadores actúan bajo mandato de países individuales. Pero también deben efectuarse serios esfuerzos para construir la capacidad regional. Individualmente, los países en desarrollo son demasiado pobres en recursos para poder soportar el costo de negociaciones eficaces o incluso poder participar en el comercio global. La capacidad nacional debe buscar integrarse con la capacidad regional.

Durante la década pasada los PMD se han convertido cada vez más en participantes activos de los foros de comercio internacional, no sólo en la Organización Mundial del Comercio (OMC) sino también en el contexto de acuerdos dentro de nuestras propias regiones o en acuerdos bilaterales.

En todos los foros comerciales hemos expresado sistemáticamente la necesidad de que la comunidad internacional sostenga prácticas comerciales justas.
Hemos también exigido que se otorguen a los PMD flexibilidades comerciales, incluyendo el mantenimiento de preferencias comerciales. Durante los primeros cinco años de este milenio, la comunidad internacional ha tenido numerosas oportunidades de considerar modos de reducir el sufrimiento y la miseria producidas por la creciente incidencia de la pobreza en un mundo en el que es cada vez más amplia la línea divisoria de la riqueza entre las naciones ricas y las pobres, así como entre los individuos ricos y los pobres dentro de cada nación. Los cambios dinámicos en materia tecnológica y la creciente fluidez de las transacciones financieras a través de las fronteras ofrecen tremendas oportunidades para que los países en desarrollo puedan compartir la creciente riqueza global.

Cuando el mundo se embarcó en las negociaciones comerciales multilaterales de la Ronda Doha, el objetivo inicial era en el inyectar dinamismo a las negociaciones sobre el comercio agrícola que habían comenzado ya en 2000 bajo la agenda de la OMC. Desde el comienzo hasta el momento de la suspensión de las conversaciones, las naciones industrializadas apuntaron a vincular la liberalización del comercio agrícola con el objetivo de una liberalización profunda de los aranceles industriales y de los servicios en los países en desarrollo.

También desde el inicio, nosotros, en el seno de los PMD, reconocimos los peligros de tal estrategia y de sus objetivos inherentes e hicimos un fuerte alegato a favor de los países menos privilegiados para que las negociaciones comerciales se enfocaran en la dimensión del desarrollo. Hemos repetidamente puesto en claro que una ronda con el objetivo de realizar profundos y ambiciosos cortes en los aranceles industriales y agrícolas a través de las fronteras de todos los países no es un escenario realista si antes no se hacen esfuerzos deliberados para permitir que la mayoría de los miembros de la OMC se beneficie con tal liberalización.

Nuestra concreta incapacidad para hacer un uso efectivo de las preferencias comerciales demuestra claramente lo que hemos dicho precedentemente. Si la mayoría de los PMD es incapaz de hacer un uso efectivo de las preferencias acordadas, como las del Programa para el Crecimiento de Africa (AGOA), ¿qué sentido puede tener una negociación sobre esquemas de liberalización que puede resultar aún más contraproducente en términos del crecimiento industrial y de las exportaciones?

Para los países en desarrollo, el potencial de Doha se ha convertido en un sueño roto y en una promesa incumplida. Una vez más el mundo ha permitido que la peor característica de la humanidad, la costumbre de tomar todo lo que sea posible y dar lo menos posible, triunfe sobre el sentido común de la riqueza que viene del dar. Una vez más nuestra generación de dirigentes ha permitido que otra oportunidad se le deslice entre los dedos. (FIN/COPYRIGHT
IPS)

(*) Benjamin W. Mkapa, ex Presidente de Tanzania (1995-2005) y Presidente del South Centre, organización intergubernamental con sede en Ginebra.