General

Los canarios mesoamericanos del calentamiento global

Nov 22 2006

Mirian Miranda

La semana pasada concluyó en Nairobi, Kenya, la doceava Conferencia de las partes de la Convención de Río y de la segunda reunión de las partes del Protocolo de Kyoto. Como de costumbre en este tipo de foros los avances en el papel superan a los logros concretos que requiere la gravedad de la problemática del calentamiento global.

Los 189 países que asistieron a la reunión, una vez más recalcaron las graves consecuencias que representa para la humanidad el calentamiento, sin embargo los Estados Unidos continúa rechazando el Protocolo de Kyoto, argumentando que pone en riesgo el nivel económico de su población.

Mientras tanto los científicos han acuñado el término canarios del cambio climático, para aquellas poblaciones localizadas en zonas de grave riesgo, usualmente localizadas en el trópico. Kenya – país anfitrión de la reunión – parece ser una de los más castigados por los embates causados como consecuencia del calentamiento global. En la actualidad hay más de un millón de pastores nómadas Turkana que padecieron una larga sequía durante todo el año, perdiendo el ganado – eje de su economía de subsistencia – y en la actualidad sufren de severas inundaciones, que ponen en peligro de desplomarse a la represa del Río Tana.

En el caso de Mesoamérica es la costa caribe la que principalmente es afectada por el incremento de la intensidad de las tormentas y huracanes, y en un futuro no muy lejano buena parte de nuestra población costera terminará como desplazados ambientales. El concepto de canarios del calentamiento global para los pueblos garífunas y miskitos es tristemente adecuado, ya que por la situación geográfica de nuestros hábitats, nos asemejamos a los pájaros portados por los mineros para señalar la presencia de gases deletéreos dentro de los socavones.

El costo económico que pagaremos por el calentamiento global excede al precio de las intervenciones y cambios requeridos en la actualidad para frenar el fenómeno. El reporte del ex economista del Banco Mundial Nicholas Stern señala el precio de las consecuencias del cambio climático y lo compara a una guerra, argumentado que la inversión requerida en este momento para frenar las emisiones de gases invernadero, traería dividendos colosales para un futuro no muy lejano. Según Stern los costos de inversión que se requieren en la actualidad e el 1% del GDP mundial, pero a largo plazo la inversión es mínima comparada con los costos de la destrucción que causará el cambio climático.

La reciente reunión de Nairobi puso en manifiesto una vez más el conocimiento de la problemática, al mismo tiempo que señala la ausencia de voluntad para los compromisos políticos necesarios para enfrentar el calentamiento global.

Mientras tanto los glaciares se esfuman y la capa de hielo del Artico desaparece, el continente africano se debate en una enorme sequía, la tundra siberiana disminuye y las tierra bajas de Bangladesh se inundan al derretirse la nieve perpetua del Himalaya. El panorama parece afectar más a los países denominados en vías de desarrollo que a los industrializados, los que de una forma u otra evaden los recortes de sus emisiones de gases invernadero.

El Comité Permanente de Contingencias, COPECO, asegura que en Honduras son tres mil millones de lempiras ($167 millones de dólares) las pérdidas causadas por los desastres naturales. Sin embargo no existe en el país una política efectiva de prevención y respuesta a las calamidades que incluya a las comunidades y mucho menos una visión de ahorro de combustibles fósiles.

La población de la costa norte de Honduras vive sometida a la zozobra de los vaivenes climatológicos. El fenómeno el niño ha frenado la presencia de huracanes y tormentas en este año, pero es de esperar que al terminar el ciclo del niño nos veamos abatidos por intensas lluvias, que asociadas con la destrucción de las cuencas hidrográficas pone en jaque a las comunidades ubicadas en zonas de alto riesgo.

Desafortunadamente nos acordamos de la problemática cuando el agua inunda nuestras casas. Las comunidades de Batalla, Tocamacho y Guadalupe no se han repuesto de las inundaciones del año pasado, mientras la destrucción de la cuenca del Río Sico y David continúa como parte de ese «desarrollo» que se viene imponiendo en el país.

Es hora que frenemos la destrucción del bosque y nos concentremos en la recuperación de las cuencas hidrográficas, al mismo tiempo mermemos el uso de combustibles fósiles. De otra manera, sólo nos queda empezar a construir el arca en que lo canarios se embarcarán.

La Ceiba 21 de noviembre del 2006

Mirian Miranda
OFRANEH
Organización Fraternal Negra Hondureña
La Ceiba, Atlántida, Honduras

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