General

Democracia, de usted y de mi depende

Jul 25 2007

Ricardo Monner Sans

(CONVERGENCIA, especial para ARGENPRESS.info)

Estoy muy preocupado por nuestro país. Quizás algún lector sepa que nunca dejé de estar preocupado -ocupado, a mi modo, por los que sufren-, pero me parece que estamos de cara a una situación muy compleja. Hay gente de buena fe que entiende que, porque no hay alternativa y no quiere hacerle el juego a las formas del conservadurismo explícito, predican que hay que alinearse con el llamado progresismo. Y lee como progresismo lo que proviene de K. Con lo que el país aquel que parecía esconder en el antimenemismo la esperanza por un tiempo mejor, queda embretado. Cree en K. como el motorizante de los derechos humanos de ayer, cuando los trabajos de investigación han demostrado que mientras algunos nos preocupábamos efectivamente por los derechos humanos -y seguimos haciéndolo por los de entonces y por los de ahora desde 1984 en adelante- mientras nos preocupábamos, decía, el matrimonio acrecentaba en el derecho inmobiliario su aptitud patrimonial. Todavía en el 2006 -parece: expediente 0030/06 del Registro Municipal de El Calafate- nuevas adquisiciones de los K permitían ya sumar, sólo en esa zona, seis propiedades de singular valor.

Entretanto, el país viene asistiendo a una devaluación institucional que importa: superpoderes, haciendo añicos el origen y la razón de ser del parlamento argentino, donde el hecho de que estén sentados varios impresentables no quita que hayan sido ellos, precisamente, los que se autoaniquilaron. Entretanto, el modo de haber reglamentado el engendro de los decretos de necesidad y urgencia; entretanto, el uso de la delegación legislativa y la prórroga de la emergencia económica; entretanto, la devaluación del Consejo de la Magistratura. Se me responderá -con acierto-: pero si él, en tanto gobernador, desplegó el autoritarismo y la reelección indefinida, hasta desacatando fallos de la Corte Suprema; pero si él elogió a Carlos Saúl Menem; pero si él integró el Pacto de Olivos (permitiendo una reforma constitucional en 1994 contra la que luego se quejó, “olvidándose” que sin el ballotage entonces creado él no hubiera podido ser presidente); pero si él puso como Jefe de Gabinete al hombre enamorado de Menem y de Cavallo (Alberto Fernández en su gestión en la Superintendencia de Seguros). Sí, es cierto, pero confieso que hubo un muy breve tramo inicial donde la gestión contra la Corte Suprema de la mayoría automática permitía esperanzarme en el absurdo: de que K dejara de parecerse a sí mismo y que renegara de su pasado. Pronto iba a recibir información complicada en punto al agravamiento de la corrupción en el país y, tras cierta perplejidad inicial -mi personal lucha contra Menem, quien si padeció “cárcel” fue por responsabilidad de quien esto firma y no por la ayuda de ningún K-, desmonté el quietismo de la ilusión para profundizar lo que desde varios flancos llegaba a mi mesa. Y a poner en el tribunal lo que el tribunal no quiere que se ponga.

Empecé a entender por qué iba a no hacer conferencias de prensa, aunque sí iba a recibir al entrenador de fútbol del equipo de mis amores. Empecé a entender el cómo del manejo de la pauta publicitaria. Empecé a entender el por qué de su propio incumplimiento (el decreto 222/03) en punto al llenado de las vacancias en la Corte Suprema. La devaluación institucional no era una casualidad: era la prolongación del principio de identidad. Todos nos parecemos a nosotros mismos. Pero mientras Carlos Saúl hacía del grotesco la forma del autoritarismo, Néstor tiene un estilo más parecido al encantador de serpientes. Mientras se producía, con aliento presidencial la blumberización del Código Penal, seguía trabajando un equipo comandado por un hombre de talla -David Baigún- para labrar un anteproyecto de reforma del Código Penal que era la contracara de la mano dura y de la creencia de que el delito es “causa” y no “consecuencia”. Cuando a la luz salió el notable anteproyecto, desde arriba dijeron: no, no va. El doble discurso.

Algunos tenemos ganado el mote de obcecados antiimperialistas. Mote que me suena como elogio, debo reconocerlo. K buscó que se le creyera que también él lo era. Las fotos con Lula, con Chávez y con aquel inicial Tabaré Vázquez iban a generar esa impresión. Bastó que el “padre” de la democracia -Bush- impusiera a la Argentina oficial la penalización de lo que él entiende como terrorismo, como para que desde la obsecuencia se dictara la llamada ley antiterrorista, toda una afrenta a la democracia, a los derechos humanos. Es el más intenso retroceso que, desde el punto de vista democrático se haya podido gestar. (Sospecho que Baigún habrá pegado un salto de estupor).

De manera que al meterme yo con el caso Greco, imputando penalmente al Procurador del Tesoro de la Nación y a la Ministra de Economía (la que entiende que su baño es para usos varios) iba a tener la pista concreta de lo que estaba sucediendo. Al promover, entre otras, la investigación penal en veinticinco carillas sobre el Secretario de Transporte, la CNRT y la gravedad del tema del ferrocarril en mi país, iba a ser fiel conmigo mismo. (Escribo esto un sábado 30 de junio, por lo que si al aparecer esta importante revista usted supiera que me he involucrado en más cosas, sépase que puede ser así. Otros temas me aguardan: hay gente comprometida que no deja de proveer información espeluznante. Por ello no hemos abandonado la lucha judicial en punto a las responsabilidades penales respecto del corralito, del megacanje, del “curro” del gas, -cordillera de los Andes de por medio-).

Cuando ayudamos en el tema Skanka -otro eslabón en el mantenimiento de la cadena de la corrupción- encontramos en el malabarismo de K otro costado: “es un tema entre privados” desdiciéndose luego cuando tiró por la ventana a un par de funcionarios. Lo cualitativamente más grave es que K pudo creer que el auditorio es idiota: aunque hubiera sido una corrupción entre privados (que no lo ha sido), el efecto es siempre sobre el conjunto de la economía argentina, la que recibe el impacto de diferente manera: a mayor pobreza de un sector social, mayor impacto.

Cuando hace una semana atrás se nos proponía la alternativa de Macri y su pasado frente a Filmus y su pasado, mi nivel de preocupación aumentó. ¡Cuánto ha retrocedido la esperanza para que la opción fuera ésta! Los negocios del ganador, frente a la insoportable chatura de un Ministro de Educación como el que hemos terminado por conocer. ¡Cuánto ha retrocedido la esperanza de cambios, cuando la mediocridad de K pasaba por la discusión de quién iba a entrar segundo para la ronda final, en donde el peronismo de la Capital permite a Alberto Fernández mirar hacia otra parte! ¡Cuánto ha retrocedido la calidad democrática cuando un Presidente se pone a torear a un futuro Alcalde, haciéndolo así subir peldaños en la escalera! Claro: luego la imprescindible torpeza explicativa. La Capital siempre fue esquiva, se decía, mientras en Tierra del Fuego el hartazgo frente a la prepotencia gestaba una esperanza local. Nadie quería recordar que en Misiones la “piña” había sido importante. Tanto, como para que el rey de la reelección saliera a decirle a Solá y compañía que se bajaran de las tesis reeleccionista. Todo un mamarracho, para utilizar el castellano gráfico y en horario de protección al menor.

Escribo al cierre de una semana donde intuyo que las “coincidencias” entre el Alcalde y el Presidente dejan al progresismo discutiendo entre sí. Me hace cosquillas en la espalda estar escuchando que la mejor norma que hay en la Argentina -la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires- va a ser “tocada”. Sospecho la indignación de Zaffaroni, eje de una convención que dio acabada muestra del Derecho al servicio de la Democracia. ¿Que mucho no se ha cumplido de ella? Sí, pero eso también depende de usted y de mí. Mientras creamos que la construcción de la esperanza pasa sólo por el quietismo del domingo electoral, los de a caballo seguirán. Mientras nos solacemos con la mentira “del ingeniero” desentendiéndonos de la mentira del INDEC, las hojas nos impedirán ver el bosque. Un mundo mejor y una Argentina mejor son posibles. Se trata de no comprar lo que el mercado ofrece, sino desde la actividad concreta dejar de apostar a la coyuntura, construyendo de manera unida ese tiempo mejor. ¿Que hay para mucho? Claro: pero el que baja los brazos sepa que se complica con lo dado y renuncia a lo querido.