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El conocimiento liberará a los países más pobres

Jul 19 2007

Por Gustavo Capdevila

GINEBRA, 19 jul (IPS) – La única tabla de salvación de 767 millones de personas que viven en los 50 países más pobres del mundo es obtener conocimiento para aplicarlo a sus economías y promover el progreso tecnológico, dictaminó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad).

Esas naciones, identificadas por la ONU como los países menos adelantados, van camino a seguir monopolizando la pobreza extrema de «un dólar por día» en 2015, cuando venza el plazo fijado por el foro mundial para alcanzar los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio.

De esos objetivos, los dos primeros convocan precisamente a erradicar la pobreza extrema, mediante la reducción a la mitad de la proporción de población con ingresos inferiores a un dólar por día y que padece hambre, y a lograr la enseñanza primaria universal.

Por ahora, los países menos adelantados (PMA) permanecen en los escalones inferiores de la economía y la tecnología, comprueba el informe anual que la Unctad dedica a ese grupo de países, concentrado en 2007 en «El conocimiento, el aprendizaje tecnológico y la innovación para el desarrollo».

Para salir del atolladero de la pobreza, los países más pobres tendrán que innovar, recomendó el secretario general de la Unctad, Supachai Panitchpakdi, al presentar este jueves el informe.

Los conocimientos, que cada día adquieren mayor importancia para la producción y la competencia, son el flanco vulnerable de los PMA pues sus empresas y sus explotaciones agrícolas carecen de avances tecnológicos, sus competencias técnicas están subdesarrolladas y no disponen de instituciones nacionales que fomenten la obtención y difusión de tecnologías.

El grupo de los PMA, según la última revisión trienal de la ONU realizada en 2006, se compone de Afganistán, Angola, Bangladesh, Benín, Bhután, Birmania, Burkina Faso, Burundi, Cabo Verde, Camboya, Chad, Comoras, Djibouti, Eritrea, Etiopía, Gambia, Guinea, Guinea-Bissau, Guinea Ecuatorial, Haití, Islas Salomón, Kiribati, Laos, Lesotho y Liberia.

Completan la lista Madagascar, Malawi, Maldivas, Mali, Mauritania, Mozambique, Nepal, Níger, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Ruanda, Samoa, Santo Tomé y Príncipe, Senegal, Sierra Leona, Somalia, Sudán, Tanzania, Timor Oriental, Togo, Tuvalu, Uganda, Vanuatu, Yemen y Zambia.

El informe se concentra en el examen de en qué medida el desarrollo de las capacidades tecnológicas de los PMA se debe a los vínculos con los mercados internacionales, en especial con el comercio, la inversión extranjera directa y la concesión de licencias.

En este aspecto, la situación de los PMA respecto de algunos índices arroja resultados decepcionantes, dijo la Unctad. Por ejemplo, esos países ocupan las últimas posiciones del índice de capacidad innovadora que prepara la agencia de la ONU.

Esa tendencia llegó al colmo en la medición efectuada en 2001, cuando la mitad de los PMA aparecían con una capacidad de innovación inferior a la que tenían en 1995.

Los PMA sólo cuentan con 94,3 investigadores científicos por cada millón de personas, comparados con 313 en los demás países en desarrollo y 3.728 en los países ricos. A su vez, la matrícula universitaria, como porcentaje del grupo de edad correspondiente, representa únicamente 3,5 por ciento en los PMA, mientras asciende a 23 por ciento en los demás países en desarrollo y trepa a 69 por ciento en las naciones ricas.

Otro dato ilustra sobre el porcentaje del producto interno bruto dedicado a la investigación y el desarrollo, que llega a 0,3 por ciento en los PMA, a 0,8 en los demás países en desarrollo y a 2,4 en las naciones opulentas.

Supachai subrayó que la ciencia, la tecnología y la innovación son elementos necesarios y no lujos para los países más pobres. La Unctad recordó el caso de un empresario de Bangladesh que a principios de los años 80 inició la industria de la confección de vestimenta para la exportación y luego fue imitado por otros.

El informe citó también a un empresario de Mauritania que en la década de 1990 comenzó a exportar queso de camello a la Unión Europea, y a los pequeños campesinos de Malawi que se lanzaron a ensayar con nuevas variedades superproductivas de maíz.

El documento expone de manera taxativa que la protección rigurosa de la propiedad intelectual obstaculiza el progreso tecnológico en los países pobres del mundo, un enfoque novedoso tanto para la institución como para su secretario general, en particular con respecto a las posiciones que Supachai asumió cuando fue director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), entre 2002 y 2005.

La Unctad sostiene que en las actuales condiciones no es realista esperar que la mayoría de esos países consigan una base tecnológica sólida y viable en el año 2013, como prescriben las normas del acuerdo de la OMC sobre Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio, conocidos como Trips por sus siglas en inglés.

La agencia de la ONU recomienda que el periodo de transición reconocido hasta 2013 para que los PMA para que apliquen el acuerdo sobre los Trips, sea extendido. El mismo Supachai demandó «un poco más de flexibilidad» para los PMA en cuanto a la propiedad intelectual.

Los autores del informe estimaron de igual manera que no debía exigirse a los PMA que actualmente están en proceso de adhesión a la OMC, que concedieran una protección acelerada o más rigurosa que la prevista en los Trips.

El documento se refiere al tipo de protección, denominada «Trips plus», que los países industriales, en especial Estados Unidos, exigen a las naciones en desarrollo para suscribir acuerdos bilaterales de comercio.

Un ángulo saliente en la cuestión del empleo de la tecnología para la expansión económica de los PMA es la fuga de cerebros que sufren esas naciones y afecta su progreso.

Cinco de esos países, Haití, Cabo Verde, Samoa, Gambia y Somalia, perdieron en los últimos años más de la mitad de sus profesionales universitarios que marcharon a naciones industrializadas en busca de mejores condiciones, mencionó la Unctad.

Supachai, que aludió a los casos de enfermeras y enfermeros que se han trasladados a algunos países europeos, aclaró que no juzgaba esa tendencia como negativa para los países pobres, pero «merece ser seguida con atención», dijo.

En 2004 se calculó que cerca de un millón de personas capacitadas en los PMA vivían y trabajaban en naciones industrializadas, lo que equivalía a un éxodo intelectual de 15 por ciento, pues el número estimado de población con formación de ese grupo de países se elevaba a 6,6 millones. En las demás naciones en desarrollo, esa fuga de cerebros era inferior pues sólo llegaba a ocho por ciento.

Con relación a las remesas que envían los emigrantes, la Unctad admite que se han convertido en una fuente importante de divisas para algunos PMA. Sin embargo, observa que en general se invierten en el consumo, gran parte del cual es de bienes importados. Esas entradas de dinero no parecen contribuir mucho al crecimiento económico de largo plazo de los PMA, concluye.

El informe examina por último el comportamiento de la ayuda oficial extranjera destinada al desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación en los PMA. Ese aporte ha sido mucho menos efectivo de lo que debiera porque no reconoce la función esencial que el cambio tecnológico desempeña en un crecimiento económico sostenible, deduce la Unctad.

Supachai compartió esa crítica del documento. La ayuda oficial externa ha sido provechosa en el plano social, sostuvo. Sin embargo, objetó que entre 2003 y 2005, los PMA hayan recibido 1.300 millones de dólares para mejorar su gobernanza, mientras en forma simultánea y por los mismos canales sólo llegaron 12 millones de dólares para proyectos de extensión agrícola.

Por ese motivo, el secretario de la Unctad reclamó a las naciones industriales que otorguen una ayuda más balanceada.

A todo lo largo del informe, la Unctad desarrolla su idea de que a menos de que los PMA adopten políticas de convergencia para recuperarse de su retraso tecnológico, seguirán rezagados en esa materia y afrontarán una marginación económica aún más marcada.

La Unctad relató que desde la década de 1990, la mayoría de los PMA liberalizaron de manera acelerada y profunda el comercio y las inversiones. Pero la liberalización sin aprendizaje de la tecnología acabará en un aumento de la marginación, previene. (FIN/2007)