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Enemigos íntimos

Jul 26 2007

Análisis de Gareth Porter*

WASHINGTON, jul (IPS) – Mientras diplomáticos de Estados Unidos e Irán se encaminan hacia una segunda ronda de diálogo diplomático sobre Iraq, el clima político en Washington conduce a una mayor agresividad en el vínculo con el régimen islamista en Teherán.

El cambio es evidente respecto de la actitud de hace unos meses y refleja el triunfo de los argumentos del gobierno del presidente George W. Bush acerca del papel desempeñado por Irán en Iraq.

Este nuevo derrotero amenaza con distorsionar la visión de la política de los iraníes respecto de Iraq, tal como la entienden los especialistas en la región del Golfo Pérsico (o Arábigo).

La estrategia de Irán en relación con Bagdad, dicen, es mucho más compatible con los intereses de Washington que la de regímenes musulmanes sunitas alineados con el gobierno de Bush.

El apoyo iraní a los chiitas de Iraq, a pesar de lo que proclama el gobierno estadounidense, no apunta a desestabilizar el país, sino que sirve al entendible deseo afianzar la alianza entre Teherán y los sectores iraquíes que profesan esa rama del Islam, según expertos.

El endurecimiento del Congreso legislativo en Washington quedó de manifiesto con la declaración del Senado, aprobada la semana pasada, que califica de «intolerable acto de hostilidad» la muerte de un militar estadounidense a manos «de un gobierno extranjero o sus agentes».

La resolución demanda al gobierno iraní adoptar «medidas inmediatas» para suspender todo apoyo a insurgentes y milicias iraquíes.

El texto fue redactado por el principal impulsor de una guerra con Irán, el conservador senador del opositor Partido Demócrata Joseph Lieberman, y resultó aprobado por 97 votos contra cero en el Senado de 100 miembros.

La votación fue la culminación de meses de acusaciones del gobierno a Irán, según las cuales el régimen islamista entrega armas a las milicias chiitas iraquíes, así como apoyo financiero y entrenamiento, con las tropas de Estados Unidos y la desestabilización de Iraq como objetivo.

Esta línea argumental de la administración de Bush ignora, sin embargo, que Irán ha tenido siempre lazos con los grupos que apoyan al gobierno del primer ministro iraquí Nouri al Maliki antes que con las milicias que se oponen a él.

Esto señala que el interés fundamental de Teherán es que Bagdad estabilice el país, según afirmó Mohsen Milani, experto en políticas de seguridad nacional iraníes de la Universidad Internacional de Florida.

El experto indicó que los intereses de Irán están más cerca de los estadounidenses que los de cualquier otro país en la región. «No puedo imaginar a otras dos naciones en el área que deseen más (que Washington y Teherán) el éxito del gobierno iraquí», señaló Milani.

Los iraníes están tan molestos con los esfuerzos de Arabia Saudita para socavar el gobierno de Iraq, dominado por los chiitas, que hasta están dispuestos a utilizar el diálogo diplomático con Estados Unidos para aportar informes de inteligencia sobre el apoyo de Riyad a la organización terrorista Al Qaeda y otros insurgentes, agregó.

Trita Parsi, experto en política iraní, también advirtió el contraste entre el apoyo de Teherán al gobierno de Maliki con la actitud de Arabia Saudita, principal aliado de Estados Unidos en Medio Oriente fuera de Israel.

«Los sauditas llaman gobierno títere a la administración de Maliki. Nadie en Teherán dice tal cosa», argumentó.

Estados Unidos e Irán comparten intereses estratégicos en Iraq, al menos si se los analiza sobre una base racional y realista, senaló James A. Russell, profesor de seguridad nacional de la Escuela de Posgrado de la marina de guerra estadounidense.

El problema, indicó Russell, es que la historia del vínculo entre Teherán y Washington y los intereses políticos en Estados Unidos plantean serios obstáculos para avanzar en la concreción de esos objetivos comunes.

Las trabas, dijo, son «el fuerte respaldo que existe para atacar a Irán» y el apoyo a Israel.

El director del Centro de Políticas de Defensa y Seguridad Internacional de la Institución Rand, James Dobbins, ex embajador de Estados Unidos en Afganistán, coincidió en Irán no trata de desestabilizar Iraq.

«Han apoyado al gobierno de Bagdad y esperan que tenga éxito», afirmó. Los iraníes no ven ningún modo de capitalizar la principal fuente de inestabilidad en Iraq, el conflicto entre las facciones musulmanas chiitas y sunitas, dijo Dobbins.

Los lazos de Teherán con las milicias chiitas no son nuevos, a pesar de lo que diga el gobierno de Bush. Han sido una constante en la política iraní desde que la caída del régimen de Saddam Hussein, que abrió en 2003 el camino para el retorno de esas milicias hasta entonces radicadas en Irán.

En agosto de 2005, la revista estadounidense Time señaló que los iraníes estaban brindando apoyo a «insurgentes chiitas». Pero al mismo tiempo citó a diplomáticos occidentales que los veían en «una actitud más defensiva que ofensiva».

Las mismas fuentes destacaron que la asistencia iraní a los chiitas se veía «empequeñecida por la cantidad de dinero y suministros que los países vecinos a Iraq entregan a los rebeldes sunitas».

Expertos en Irán y la región del Golfo coinciden en señalar que los lazos de Teherán con las milicias que atacan a las fuerzas de Estados Unidos y Gran Bretaña y al gobierno iraquí constituyen, esencialmente, una señal para asegurar que mantendrá una buena relación con cualquier régimen que tome el poder en Bagdad en el futuro.

«Están tratando de cubrir sus apuestas porque no saben quién se impondrá finalmente», dijo Dobbins.

Russell coincidió con la idea de que Irán no está embarcado en un intento de desestabilización, sino que desarrolla una estrategia para establecer buenas relaciones con todas las facciones chiitas. «Es un paso lógico para proteger sus intereses», afirmó.

La presencia militar de Estados Unidos en Iraq es un obvio punto de discrepancia entre Washington y Teherán. Irán mostró en el pasado un nivel de tolerancia relativamente alto hacia la ocupación estadounidense del territorio de su país vecino, pero se ha vuelto progresivamente más crítico en el último año.

El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Manoucher Mottaki, dijo en mayo que las tropas estadounidenses son una causa de inestabilidad más que una solución para el problema.

«Creemos que más tarde o más temprano tendrán que retirar sus fuerzas de Iraq, porque esa es la causa por la que continúan las actividades terroristas», afirmó.

La cambiante posición iraní sobre la presencia militar de Estados Unidos puede reflejar un debilitamiento relativo del gobierno de Maliki y la irrupción como fuerza política dominante de Moqtada al-Sadr, ferozmente nacionalista. Sadr convirtió la demanda de un cronograma para la retirada de Estados Unidos en el centro de su estrategia.

En vista del incierto futuro político de Iraq y frente a las demandas de apoyo de las milicias chiitas para sus acciones armadas contra las fuerzas ocupantes, Irán siente que probablemente no lo queda otra opción más que responder positivamente frente a ellas.

Aunque el portavoz del comando militar de Estados Unidos en Iraq sugirió que Irán ha apoyado a «elementos forajidos» contra las tropas internacionales, los servicios de inteligencia estadounidenses confirmaron en noviembre que unidades insurgentes fueron entrenadas por la milicia libanesa Hezbolá, aliada de Irán, y que Sadr estaba al tanto de lo que ocurría.

Pero Irán puede incluso compartir el interés del gobierno de Maliki para que Washington continúe ofreciendo asistencia para el desarrollo de fuerzas de seguridad chiitas. «Teherán no está necesariamente a favor de una retirada completa» de Estados Unidos de Iraq, dijo Russell.

El grado de convergencia entre los intereses de Washington y Teherán respecto de Iraq puede ser un elemento importante en las negociaciones bilaterales. Incluso a pesar de la determinación del todavía poderoso vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney, en asegurar que esas conversaciones fracasen.

*Gareth Porter es un historiador y experto en políticas de seguridad nacional de Estados Unidos. «Peligro de dominio: Desequilibrio de poder y el camino hacia la guerra en Vietnam», su último libro, fue publicado en junio de 2005. (FIN/2007)