General

No todo debe depender del rating

Jul 19 2007

Por Jürgen Habermas (*)

La disputa actual en torno del carácter particular de mercaderías como la cultura y la información recuerda aquel slogan que, en la época de la aparición de la televisión en Estados Unidos, recorrió el país pretendiendo que el nuevo medio no era más que una «tostadora» con imágenes. Lo que seguramente querían decir era que la producción y el consumo de los programas de televisión podían ser sólo incumbencia del mercado.

Desde entonces, las empresas de prensa y comunicación producen programas para los espectadores y venden los datos de sus niveles de audiencia y público a las compañías publicitarias que los requieren.

Este principio de organización, pese a su introducción generalizada, tuvo el mismo efecto en la esfera político-cultural que una tormenta de granizo en un campo de maíz. Sistemas audiovisuales como el de Alemania, por ejemplo, se esfuerzan por limitar los daños.

En todo caso, las leyes regionales sobre medios, los fallos del Tribunal constitucional relativos a estas cuestiones y los principios de programación de los establecimientos públicos reflejan todos la concepción de que los medios electrónicos masivos no deben satisfacer solamente las necesidades de diversión y distracción de los consumidores -necesidades fácilmente comerciables.

Los oyentes y los espectadores no son únicamente consumidores y por ende usuarios del mercado: son también ciudadanos que gozan de un derecho de participación cultural, de acceso al hecho político y de participación en la formación de la opinión. Sobre la base de esta exigencia jurídica, los programas que garantizan a la población esa «provisión de fondo» no pueden volverse dependientes de su eficacia publicitaria y del apoyo de patrocinadores.

De hecho, el canon que se paga en Alemania, que autoriza la financiación de esos programas de fondo, y que deriva de una decisión política, tiene que poder incluso quedar al margen de los altibajos de la coyuntura económica, a la manera de los presupuestos de las regiones.

(*) Filosofo. Alemania. En «Bitácora», Montevideo.