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Para los veteranos, la guerra continúa

Jul 25 2007

Por Aaron Glantz

SAN FRANCISCO, 25 jul (IPS) – Ex combatientes en Afganistán e Iraq acusan al gobierno de Estados Unidos de «errores vergonzosos» en la asistencia a decenas de miles de veteranos que sufren síndrome de estrés postraumático.

El juicio fue iniciado por las organizaciones Veteranos por el Sentido Común y Veteranos Unidos por la Verdad e intenta convertirse en una demanda colectiva en favor de entre 320.000 y 800.000 ex combatientes que padecen estrés postraumático.

El Departamento de Veteranos (VA, por sus siglas en inglés), «tiene un lema extraído de un discurso de Abraham Lincoln: cuidar del que cargó con el peso de la batalla, por su mujer y su huérfano», dijo Melissa Kasnitz, de Abogados por los Derechos de los Discapacitados, una de las organizaciones que preparó la demanda judicial.

«En lugar de hacer honor a su lema, el VA está abandonando a los veteranos y siguiendo un camino que arruinará vidas y los dejará sin techo, a un terrible costo social», agregó.

Los veteranos afirman que la burocracia de ese organismo gubernamental impide que los soldados reciban el cuidado que necesitan.

Por ejemplo, entre los 1.400 hospitales y clínicas del VA, en todo el territorio de Estados Unidos, apenas 27 tienen programas de internación para atender a pacientes con estrés postraumático.

Pero, según estimaciones, 38 por ciento de los soldados y 50 por ciento de los reservistas de la Guardia Nacional (fuerzas de defensa de los estados, cuya acción debería restringirse a territorio estadounidense) que pelearon en Afganistán o Iraq sufren estrés postraumático o lesiones cerebrales.

El VA también acumula 600.000 pedidos de asistencia sin resolver. En promedio, un veterano que solicita atención debe aguardar seis meses para obtener respuesta. Si presenta una apelación, el proceso puede llevar hasta tres años.

«El Departamento (ministerio) de Defensa fue a la guerra contra Iraq. Enrolaron a cientos de miles de soldados adicionales para concretar la invasión», afirmó el director ejecutivo de Veteranos por el Sentido Común, Paul Sullivan, quien combatió en la Guerra del Golfo (1991).

«Pero el VA no contrató más médicos, ni más empleados para trámites administrativos, así que lo que vemos ahora es el fracaso del gobierno para atender a quienes vuelven de Afganistán e Iraq», agregó.

La situación promete empeorar a medida que la guerra continúa y más soldados en servicio activo se convierten en veteranos.

La profesora de la Universidad de Harvard Linda Bilmes, que realizó el más completo estudio sobre las necesidades del VA, estima que los veteranos presentarán 214.000 solicitudes de asistencia el año que viene, lo cual elevará la presión sobre el sistema.

El problema ya había llamado la atención de un juez antes de que los veteranos presentaran su demanda el lunes.

«Hay signos alarmantes de que las solicitudes de veteranos que pueden requerir una consideración caso por caso se incrementarán pronto y de forma muy marcada», dijo el juez de una corte federal de apelaciones, Paul Michel, el 28 de junio.

«Van a inundar nuestro tribunal para fin de este año. La Corte de Apelaciones para Reclamos de los Veteranos ha recibido ahora más quejas que en cualquier otro semestre en su historia. El impacto puede ser catastrófico», advirtió.

Por su parte, el VA se negó a responder consultas sobre el juicio, pero emitió una declaración sobre el tema.

«Este Departamento está comprometido a atender las necesidades de nuestra más reciente generación de héroes», dice el comunicado.

El VA «asegura a quienes retornan del servicio en la Guerra contra el Terrorismo acceso a los cuidados de salud que se han ganado, incluidas prótesis y asistencia psicológica. También hemos dado prioridad a sus reclamos de subsidios en dinero por discapacidad», agrega.

Los veteranos, sin embargo, afirman que los burócratas del VA en Washington han presionado a funcionarios locales para negar la validez de los pedidos de asistencia o para minimizar deliberadamente la gravedad de los casos en un esfuerzo por ahorrar dinero.

El organismo, por otra parte, no pidió al Congreso legislativo una mayor asignación de fondos.

Sullivan trabajó para el VA analizando los pedidos de asistencia de los veteranos. El año pasado renunció en señal de protesta.

«En 2005, cuando estaba trabajando con ellos, advertí a altos funcionarios del VA que habría una explosión de reclamos de ex combatientes en Afganistán e Iraq. Pedí que contrataran más personal para que los pedidos de asistencia se resolvieran más rápido, pues demoraban seis meses o más», comentó.

«No hacen nada para ayudar a los veteranos, sólo ponen candado a la puerta e impiden que los ex combatientes tengan asistencia mental», dijo Sullivan.

En el juicio, se reclama que el VA tramite los pedidos atrasados para que los ex soldados reciban inmediata atención médica y psicológica.

También se exige que se examine a todos los que retornan del frente, para así detectar a quienes presentan mayores riesgos de sufrir estrés postraumático o cometer suicidio.

Se estima que unos 400.000 veteranos viven en la calle y, según el VA, 1.000 ex combatientes bajo su cuidado se suicidan cada año. (FIN/2007)