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AVISO A HUGO CHÁVEZ: \»VAYA MÁS DESPACIO\»

Dic 18 2007

Por Jennifer L. McCoy (*)

ATLANTA, Dic (IPS) En el referéndum constitucional del 2 de diciembre,
los votantes venezolanos dieron un claro mensaje a su presidente:
«Vaya más despacio». Los propios partidarios del presidente Hugo
Chávez se rehusaron a hacer lo que éste les pidió: votar la reforma
constitucional propuesta como si fuera una prueba de lealtad hacia él.
Aunque lo más probable es que le sigan siendo leales, no respaldaron
su frenética campaña para decretar reformas de largo alcance que
habrían concentrado en sus manos un poder extraordinario y
fundamentalmente hubieran podido cambiar la forma de gobierno y la
economía venezolanas.

Esta fue la primera derrota electoral de Chávez en sus nueve años en
el cargo. El hecho de que aceptara los resultados y que la autoridad
electoral admitiera la derrota oficialista, sorprendió a muchos. Pero
que haya llevado nueve horas anunciar los resultados, en lugar de las
dos prometidas, no debería extrañar. En contextos extremadamente
polarizados, los dirigentes a menudo necesitan tiempo para adaptarse a
una sorpresiva derrota y para considerar de qué modo ellos y los
victoriosos presentarían los resultados a sus partidarios para evitar
choques en las calles.

Venezuela podría aprovechar de esta experiencia si todas las partes
(incluyendo a Estados Unidos) aprenden la lección y capitalizan las
oportunidades proporciona.

Al menos tres lecciones son cruciales para el Presidente. La primera
es que necesita ampliar el círculo de sus asesores y estimular el
debate entre ellos. Actualmente es un círculo cerrado, lo que
significa que los asesores pueden temer de llevarle malas noticias al
líder y que el debate saludable está siendo sofocado; todo esto lleva
a la rigidez, la falta de contacto y resultados sorpresivos como los
del reciente referéndum.

La segunda lección para Chávez es que él ha cumplido una de sus metas,
la de dar visibilidad a ciudadanos «invisibles». Los venezolanos
previamente marginados ahora parecen sentirse integrados y
representados por el Presidente hasta el punto de que muchos de ellos
pueden poner un límite a su respaldo. También quieren resultados
concretos en la reducción del 18% de inflación, en superar la escasez
de productos básicos y controlar la corrupción y los altos niveles de
criminalidad. El incremento de la eficiencia del gobierno y la
obtención de la colaboración del sector privado para hallar soluciones
a estos serios problemas parecen ser las exigencias del venezolano
medio por encima de los vagos conceptos del «Socialismo del siglo XXI».

La tercera lección es el cambio en la oposición. Tanto los nuevos
disidentes chavistas como los opositores actuaron responsablemente
después de su victoria. No se ensoberbecieron sino que llamaron al
diálogo y ofrecieron apoyar algunas de las más populares propuestas
del Presidente, como la de proporcionar seguridad social a los
trabajadores por cuenta propia. Chávez tiene ahora una oportunidad de
oro para comprobar la sinceridad de la oposición, aceptando discutir
sus propuestas en lugar en denigrarlas.

La «nueva» oposición parece haber aprendido que participar en el juego
democrático puede pagar dividendos. La carta del «fraude» utilizada
después de la fallida convocatoria a referéndum del 2004 perjudicó a
los opositores en las subsiguientes elecciones, ya que sus votantes se
quedaron en sus casas. Ello tuvo su más espectacular impacto en el
boicot de las elecciones legislativas del 2005, que dejó a Chávez con
el 100% de las bancas de la Asamblea Nacional. Por estos tiempos, las
amplias garantías negociadas pacientemente durante las recientes
elecciones llevaron a los dirigentes opositores moderados a desestimar
las inmoderadas acusaciones de que el Consejo Nacional Electoral había
maquillado los resultados para hacer que la derrota de Chávez fuera
menos embarazosa para él.

Tanto una revisión de las papeletas electorales del 54% de las
máquinas electrónicas de votación como un rápido conteo realizado por
el grupo de observadores Ojo Electoral confirmaron el resultado, que
resulta muy difícil de cuestionar por cualquiera de partes.
Seguramente el proceso de la campaña previa al referéndum dejó
bastante que desear por la poco equitativa cobertura de los medios de
comunicación a favor de la propuesta gubernamental, por el acceso del
gobierno a los amplios ingresos petroleros y por unos padrones
electorales insuficientemente auditados.

El modo en el que los nuevos actores im pulsaron el voto por el No, no
debe ser desestimado por la oposición. Un recientemente surgido
movimiento estudiantil y disidentes del propio chavismo pusieron el
foco sobre la sustancia de las propuestas en lugar de que se tratara
de un referéndum sobre el presidente. El año próximo se podrá
comprobar si estos desiguales grupos logran capitalizar el resultado
obtenido y dar mensajes políticos alternativos para quienes desean
competir contra Chávez.

El primer traspié electoral del presidente lo deja, sin embargo, lejos
de quedar derrotado. Aparentemente, la oposición no ganó muchos nuevos
votantes, mientras Chávez parece haber perdido el 40% de sus votantes
en comparación con las elecciones presidenciales del 2006. Pero el
presidente conserva un significativo apoyo popular, el control sobre
las principales instituciones nacionales, extraordinarios ingresos
petroleros, cinco años más en el cargo y seis meses más de facultad
para legislar por decreto. Continuará tratando, gracias a esas
ventajas, de llevar a cabo su agenda, pero tendrá más éxito si presta
más atención a sus conciudadanos.

La lección final es para los actores internacionales. No deberíamos
subestimar la capacidad del pueblo venezolano para poner amplios
límites a su gobierno, incluso cuando los mecanismos de controles y
equilibrio entre los poderes son prácticamente inexistentes. En tanto
Chávez siga por la senda electoral, el pueblo venezolano determinará
cuan lejos respaldará sus ideas y cuando será el momento de ponerle
freno. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Jennifer L. McCoy, académica de Ciencias Políticas en la
Universidad del Estado de Georgia y directora del Programa de las
Américas en el Centro Carter de Atlanta.