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El colonialismo de estos días: Chile reniega de sus pueblos aborígenes

Dic 18 2007

Hernán Uribe

ALAI AMLATINA, 18/12/2007, Santiago.- El 13 de septiembre pasado cuando
Naciones Unidas aprobó por vez primera una declaración sobre Los
Derechos de los Pueblos Originarios del orbe en Chile no se había
reconocido en la Constitución siquiera la existencia de nueve etnias
indígenas y en el último mes de 2007 se recrudecía el conflicto
permanente con los mapuches que caprichosamente los españoles bautizaron
como araucanos. (1)

La mencionada resolución que en la ONU apoyaron 143 países proclama los
derechos a la autodeterminación, a tierras y territorios, al respeto y
desarrollo de las culturas propias. Todas esas buenas intenciones
aparecen en Chile como utopías irrealizables pues una huelga de hambre
de cinco luchadores mapuches que ha cumplido el 10 de diciembre dos
meses es sólo el último episodio de unas discriminación y represión
permanentes en contra de esa raza mayoritaria entre los habitantes
primarios. Los huelguistas están encarcelados bajo una condena a 10
años, sentencia basada en una llamada Ley Antiterrorista heredada de la
dictadura de Augusto Pinochet.

Basta ubicarse en la historia para concluir lo difícil que es una
solución al denominado problema mapuche. Los españoles, que se
establecieron en Chile en 1540 nunca pudieron dominar por completo a los
mapuches que ocupaban la mitad de lo que Madrid llamó el Reino de Chile.
En ninguna parte de los vastísimos territorios americanos encontraron
los invasores tal resistencia. La guerra fue total y en ella murieron
dos gobernadores lo que obligó a la corona hispana a formalizar un pacto
por el cual reconocieron la exclusividad de un amplio territorio que
consignaron como el “Reino de Arauco”.

La relatada era la situación a comienzos del siglo XIX cuando se produce
la independencia de tal manera que la auténtica conquista de la
Araucanía es obra de los chilenos. En la guerra de la independencia los
mapuches pelearon junto a los españoles y singularmente lo hicieron
además en las guerrillas que siguieron a la autonomía, cronológicamente
entre 1818 y 1825. Ellos intuyeron que el trato con España
desaparecería. Es real que en 1825, el naciente gobierno nacional pactó
una tregua y reconoció como posesión araucana un territorio determinado
desde el río Bío Bío al sur. (Este río corre a unos 500 kilómetros al
sur de Santiago, la capital del país).

Sin embargo, aquel convenio fue flor de un día pues la ocupación de la
región mapuche comenzó, al mejor estilo estadounidense, apenas lograda
la derrota de España. Según relata el historiador Felipe Portales hubo
al respecto dos fases: a) ciudadanos chilenos se establecieron en
terrenos mapuches y pidieron simultáneamente la “legalidad” de la
ocupación y una protección militar; b) mediante la fuerza. La
justificación propagandística de la acción militar, anota Portales,
estaba impregnada de un fuerte racismo que describía a los mapuches como
“salvajes, bárbaros e inmorales”. (2)

Con todo, la guerra total, sindicada eufemísticamente como “Pacificación
de la Araucanía” se desarrolló entre 1860 y 1881 y se caracterizó por
una barbarie heredada de los godos. Anota José Bengoa que en tal
conflicto bélico, la población mapuche disminuyó en un 20 % y el Estado
chileno se apoderó del 90% de lo que era el territorio araucano al sur
del Bío Bío (3). Portales sentencia: que el mapuche “quedó como un
pueblo políticamente derrotado, económicamente miserable y explotado,
socialmente discriminado y marginado y culturalmente vilipendiado con
los peores estereotipos imaginables”. (4)

La táctica que se aplicó para la estrategia de la colonización fue la de
instalar fuertes militares a cuyo alrededor nacieron pueblos y ciudades.
Simultáneamente, se propició la creación de colonias (así las
denominaban las leyes del caso) para “extranjeros y naturales”. Estos
últimos eran los chilenos, pero no los indígenas. Más claro, los
mapuches no eran nada… En 1866, empero, se promulgó una ley “Sobre
radicación y concesión de títulos de merced a los indígenas” que
explicitaba requisitos a considerar para ser “radicados”. Por ejemplo,
“si sabe leer y escribir; el grado de civilización (sic) de la familia;
haber constituido la familia conforme a la ley del Registro Civil”( 5).

Aquella ley, junto con el desprecio hacia la cultura autóctona, fue una
trampa legal al instituir, para los mapuches, fracciones de tierras
llamadas (legalmente) reducciones, nombre apropiado ya que fueron
reducidos a pequeñas porciones. Para remate, en el área legal, este año
de 2007, el Senado de Chile ha rechazado la propuesta de la presidenta
Michelle Bachelet para reconocer en la Constitución la personalidad de
los pueblos primarios.

Cuando los hispanos arriban a Chile y Pedro de Valdivia funda Santiago
del Nuevo Extremo (1541) en esa región- que hoy es la parte central del
país- se encuentran con una población que no es araucana y que llamaron
picunches. Esas variadas etnias simplemente se extinguieron o emigraron,
en tanto que la mapuche, más al sur, prosigue la guerra en contra del
invasor con la bravura que líricamente relata Alonso de Ercilla en “La
Araucana”.

Regresemos al presente. En el siglo XX, los nuevos colonizadores, léase
los chilenos, perfeccionan el dominio de lo que fue territorio mapuche y
lo hacen tanto desde el punto de vista material como del legal. Se
produce, sin embargo, la reacción de los perdedores que se organizan en
entidades de defensa y recurren en veces a ciertos actos de violencia
como la destrucción incendiaria de edificios y bosques de empresas
forestales que se instalan en tierras que fueron de mapuches. La
respuesta oficial es la represión física y judicial y en ese marco hay
que situar la condena a prisión de los huelguistas que ayunan con
peligro de sus vidas.

En el siglo XXI tampoco se visualiza una solución negociada y pactada
del gravísimo problema indígena. Sucesivos gobiernos y parlamentos han
elegido el campo de la fuerza. Héctor Llaitul, uno de los huelguistas en
ayuno declaraba a inicios de diciembre 07: “El problema de no negociar,
obedece a una política de Estado de no querer resolver el conflicto,
pero si defender los intereses de los empresarios que hoy ocupan el
territorio mapuche. No hay (de parte oficial) voluntad política real y
un ejemplo de eso es la militarización del territorio walmapu “(mapuche) (6)

Después de Pinochet, Chile es en muchos aspectos un remedo de democracia
liberal y eso vale para el de área de los derechos humanos y
específicamente en lo referente a los pueblos originarios. Chile está en
deuda sobre la ratificación y cumplimiento de tratados internacionales,
afirma el profesor Leonardo Aravena, de la Universidad Central
(Santiago) Ocurre ello con la “Convención Interamericana sobre
Desaparición Forzada de Personas” que no ha sido ratificada. No se ha
adoptado, además, el convenio de la Corte Penal Internacional (Estatuto
de Roma) y como lo apuntamos antes, no hay reconocimiento constitucional
de los pueblos indígenas.

– Hernán Uribe es periodista/escritor chileno.

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1) Dichas etnias son: aimara, quechua, lican antai, kolla diaguita, rapa
nui (Isla de Pascua), mapuche, kawaskar y yagán.

2) Portales, Felipe. Los mitos de la democracia chilena, Santiago,
Catalonia, 2004

3) Citado en Portales

4) Portales, op.cit.

5) Congreso Nacional. Comisión Parlamentaria de Colonización, Santiago, 1912

6) Diario “La Nación” (Santiago) 9/12/0