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¿EN VÍSPERAS DEL APOCALIPSIS?

Dic 12 2007

Por Leonardo Boff (*)

RIO DE JANEIRO, Dec (IPS) Armagedón, según el libro del Apocalipsis,
es el mítico valle en el que tendrá lugar el enfrentamiento final
entre Dios y los espíritus malignos. ¿Nos estamos encaminando hacia
Armagedón? Los sombríos escenarios actuales hacen posible que
biólogos, bioantropólogos y astrofísicos sopesen la posibilidad de la
extinción de la especie homo sapiens/demens, aún en este siglo.
Aducen argumentos que merecen ser ponderados. El más robusto nos
parece el de la superpoblación, articulada con la dificultad de
adaptación a los cambios climáticos. En la escala biológica se
verifica un crecimiento exponencial. La humanidad necesitó un millón
de años para alcanzar en 1850 una población de 1.000 millones de
personas. Los espacios temporales entre los índices del crecimiento
poblacional disminuyen cada vez más y se prevé que hacia el 2050 habrá
10.000 millones de personas. ¿Es un triunfo de la especie o un
perjuicio para toda la humanidad?

Lynn Margulis y Dorion Sagan, notables microbiólogos, en su conocido
libro Microcosmos (1990) afirman en base a datos de los registros
fósiles y de la propia biologia evolutiva que una de las señales del
colapso que afectará a una especie es su rápida superpoblación. Esto
puede ser comprobado con microorganismos colocados en la cápsula Petri
(placa redonda con colonias de bacterias y nutrientes). Poco antes de
que lleguen a los bordes de la placa y de que se agoten los
nutrientes, las bacterias se multiplican de manera exponencial. Y
repentinamente, mueren. Para la humanidad -comentan los autores- la
Tierra puede resultar semejante a una cápsula Petri. En
efecto,ocupamos casi toda la superficie terrestre y sólo dejamos libre
el 17%: desiertos, floresta amazónica y regiones polares. Estamos
llegando a los bordes físicos de la Tierra. ¿Es una señal precursora
de nuestra próxima extinción?

El Premio Nobel de Medicina Christian de Duve sostiene en su libro
Vital Dust (1995) que se están verificando síntomas que en el pasado
precedieron a grandes exterminaciones. Anualmente desaparecen 300
especies vivas naturalmente, porque llegan a su clímax evolucionista
Pero debido a la presión industrialista global sobre la biosfera el
total de desaparición de especies está llegando a 3.500 anuales.

¿Esta destrucción progresiva no amenaza también a nuestra especie?

El astrofísico Carl Sagan, ya fallecido, veía en el intento humano de
explorar la Luna y enviar naves espaciales como el Voyager 1 fuera del
sistema solar una manifestación del inconsciente colectivo que
presiente el riesgo de una extinción próxima. La voluntad de vivir nos
induce a imaginar formas de sobrevivencia más allá de la Tierra. El
astrofísico Stephen Hawking concibe la posibilidad de una colonización
extrasolar con una suerte de veleros espaciales impulsados por rayos
laser. Pero para llegar a otros sistemas planetarios tendríamos que
recorrer billones y billones de kilómetros, harían falta siglos.

¿Qué piensa la teología cristiana de esta eventual desaparición de la
especie humana? Digo sucintamente que si el ser humano frustra su
aventura planetaria esto significará, indudablemente, una tragedia
innominable. Pero no sería una tragedia absoluta. Cuando el Hijo de
Dios asumió nuestra humanidad fue amenazado de muerte por Herodes.
Durante su vida fue rechazado, encarcelado, torturado y, finalmente,
asesinado en la cruz. Sólo entonces se formalizó el pecado original,
que es un proceso histórico de negación de la vida. Mayor perversidad
que matar una criatura, quitarle la vida, es matar al Autor de la
vida, el Dios encarnado. Pero los cristianos testimonian que la última
palabra no es la muerte sino la resurrección, que no es la reanimación
de un cadáver. Es la plena realización de las potencialidades del ser
humano, una verdadera revolución dentro de la evolución. Quizás
acontecerá un salto en la dirección que ya en 1933 anunciaba Pierre
Teilhard de Chardin: una irrupción de la noosfera, vale decir, de
aquel estado de consciencia y de relación con la naturaleza que
inaugurará una nueva convergencia de mentes y de corazones y de allí
una nueva era de la condición humana.

En esta perspectiva el escenario actual no sería de tragedia sino de
crisis. La crisis es purificación y maduración. Preanuncia un nuevo
inicio, el dolor de un parto promisor y no las penas del naufragio de
la aventura humana.

Lo que puede acabar no es la vida humana sino esta vida humana
insensata que ama la guerra y la destrucción en masa. Tenemos que
inaugurar un mundo humano que respete la vida, desacralice la
violencia, que prodigue amor y cuidado a todos los seres, que
practique la justicia verdadera, que venere el misterio del mundo al
que llamamos Fuente originaria o Dios. O simplemente, que aprendamos
a tratar humanamente a todos los seres humanos y con compasión y
respeto a toda la creación.

Todo lo que existe, merece existir. Todo lo que vive, merece vivir.
Especialmente el ser humano. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Leonardo Boff, teólogo brasilero, miembro de la Carta de la Tierra.
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