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UNION EUROPEA Y PAISES ACP, RELACIONES DESIGUALES

Dic 17 2007

UNION EUROPEA Y PAISES ACP, RELACIONES DESIGUALES

Por Luisa Morgantini (*)

BRUSELAS, Dic (IPS) El 31 de diciembre vence el plazo para la
ratificación de los Acuerdos de Asociación Económica (AAE) entre la
Unión Europea y el Grupo de Paises ACP (África, El Caribe y el
Pacífico). Si la Comisión Europea y su comisario para el comercio
Peter Mandelson hubiesen escuchado las voces críticas provenientes no
sólo de la sociedad civil sino también de los gobiernos ACP y de
algunos parlamentos, probablemente estas negociaciones se encontrarían
en una fase más avanzada y se podría pasar a seleccionar las diversas
alternativas para someter a discusión.

De esta manera, se habría evitado la actual fragmentación de los bloques regionales en los que
se han divididos los países ACP:

De los AAE se discute desde cuando, con el acuerdo de Cotonú, Benín,
de junio del 2000, se decidió revolucionar las relaciones comerciales
entre la UE y el Grupo ACP, basadas en preferencias comerciales para
el ingreso de exportaciones ACP a los mercados europeos. El cambio de
los acuerdos entre las dos partes se estimaba necesario para
adecuarlos a las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Las modificaciones, para algunos sectores, serían oportunas ya que a
lo largo de los 30 años de aplicación de este sistema asimétrico de
preferencias comerciales, los países ACP no han obtenido un beneficio
económico significativo.

Pero hay aspectos que los sostenedores de los AAE no tienen en cuenta
cuando aseveran que no sólo es indispensable adecuar los acuerdos a
las reglas de la OMC, sino que ésto sería beneficioso para el Grupo
ACP. Por el contrario, el
heeho de que el sistema asimétrico no haya sido un éxito, no basta
para demostrar que su eliminación será beneficiosa. Numerosos
estudios demuestran que el efecto de la eliminación de las
preferencias y la liberalización comercial que la Comisión Europea
desea introducir será devastador para las economías africanas. Estos
estudios, en verdad, no hacen sino confirmar lo que simplemente nos
indica el sentido común: que no se debe colocar en un plano de
igualdad a dos economías profundamente diferentes, separadas por una
enorme distancia en el grado de desarrollo y pretender que la
liberalización de «sustancialmente todo el comercio» entre ambas
partes pueda generar desarrollo.

Además, el corolario que considera ineluctables tanto a los AAE como a
las reglas de la OMC no toma en cuenta la posibilidad de intervenir en
la esfera de esta organización para modificar tales reglas. Si el
problema fuese solamente el de esas reglas, no se comprende porque la
Unión Europea presiona para negociar la liberalización, no sólo del
sector de bienes sino también del sector de servicios y los llamados
«temas de Singapur» (licitaciones, inversiones y competencia) que
fueron excluidos de las negociaciones comerciales mundiales durante
la Conferencia Ministerial de la OMC (Cancún, 2003) y se pretende
ahora introducir por la puerta trasera.

Me parece claro que los AAE no son necesarios ni convenientes, pero
¿son factibles? Hasta hace algunas semanas el comisario Maldelson
sostenía que no existía algún plan alternativo a los AAE y que muchas
regiones estaban listas para aprobarlos. Hoy en día, en cambio, parece
que, en general, se llegará como máximo a suscribir unos AAE en
versión «ligera», es decir referidos solamente a bienes y no a
servicios ni a los «temas de Sin¡gapur». Al mismo tiempo, se advierte
que las uniones regionales que los AAE debían favorecer, en realidad
se están disgregando. El proceso de fragmentación hará que en algunos
casos sólo una parte de los países que integran los bloques firmen el
acuerdo. En otros casos se podrían alcanzar acuerdos solo
provisionales. Entretanto, en Kenia, dos organizaciones han promovido
una acción judicial para impedir la firma de los AAE sosteniendo que
dichos acuerdos, por ser nocivos para el desarrollo de la nación, son
en consecuencia violatorios de los derechos humanos.

Es de esperar que la Comisión escuche los argumentos de los muchos que
desde hace tiempo pedimos que se extienda el plazo para la negociación
de los AAE, que se excluya la discusión de los «temas de Singapur» y
que los AAE se conviertan en verdaderos instrumentos de cooperación
para el desarrollo y no en meros acuerdos de libre comercio.

En la reciente declaración adoptada en Kigali, Ruanda (19-22 de
noviembre de este año) por la asamblea parlamentaria
UE-ACP, se lee que los países ACP, que están «bajo la presión de la
Comisión Europea para que firmen los acuerdos AAE» deben disponer de
un plazo mayor para poder evaluar todas sus consecuencias. Asimismo se
declara que en ningún caso un país ACP que haya firmado un acuerdo
-trátese de un AAE o de un acuerdo interino- debe encontrarse en un
situación menos ventajosa que la que tenía precedentemente. Los
parlamentarios sostienen también que los AAE deben contribuir
efectivamente a los esfuerzos de los países ACP en pos de la
integración regional, que deben ser negociados en un espíritu de real
cooperación y que la ayuda económica europea no puede ser condicionada
a la aprobación de los AAE.

Me cuento entre quienes sostienen que la firma de los AAE debe estar
vinculada a la concesión, por parte de la Unión Europea, de medidas
apropiadas para compensar las asimetrías con los países ACP y que es
indispensable garantizar que los impactos de los nuevos acuerdos sobre
las comunidades locales sean atentamente observados por los
parlamentos y por la sociedad civil de los países afectados.
(FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Luisa Morgantini, Vicepresidenta del Parlamento Europeo