General

Blanco x Negro = Negro

Ene 31 2008

Jorge Majfud

ALAI AMLATINA, 30/01/2008, Georgia..- El centro de los debates en las
internas del partido Demócrata de Estados Unidos es un caso interesante
y, sea cual sea su resultado, significará un cambio relativo. No es
ninguna sorpresa, para aquellos que lo han visto desde una perspectiva
histórica. Sin duda, el más probable triunfo de Hillary Clinton no será
tan significativo como puede serlo el de Obama. No los separa tanto el
género o la raza sino una brecha generacional. Una, representante de un
pasado hegemónico; la otra, representante de una juventud algo más
crítica y desengañada. Una generación, creo, que operará cambios
importantes en la década siguiente.

Sin embargo, en el fondo, lo que aún no ha cambiado radicalmente son los
viejos problemas raciales y de género. El centro y, sobre todo, el fondo
de los debates han sido eso: gender or race, al mismo tiempo que se
afirma lo contrario. Es significativo que en medio de una crisis
económica y de temores de recesión, las discusiones más acaloradas no
sean sobre economía sino sobre género y raza. En la potencia económica
que, por su economía, ha dominado o influido en la vida de casi todos
los países del mundo, la economía casi nunca ha sido el tema central
como puede serlo en países como los latinoamericanos. Igual, entiendo
que el desinterés por la política es propio de la población de una
potencia política a nivel mundial. Cuando hay déficit fiscal o caídas
del PBI o debilitamiento del dólar, los más conservadores siempre han
sacado sus temas favoritos: la amenaza exterior, la guerra de turno, la
defensa de la familia —la negación de derechos civiles a las parejas del
mismo sexo— y, en general, la defensa de los «valores», esto es, los
valores morales según sus propias interpretaciones y conveniencias. Pero
ahora las más recientes encuestas de opinión indican que la economía ha
pasado a ser uno de los temas principales de atención para la población.
Esto ocurre cada vez que la maquinaria económica se aproxima a una
recesión. Sin embargo, los candidatos a la presidencia temen
desprenderse demasiado del discurso conservador. Quizás Obama ha ido un
poco más lejos en este desprendimiento, criticando el abuso de la
religión y cierto tipo de patriotismo mientras Hillary ha rescatado la
breve y eficaz muletilla de su esposo que en 1992, en medio de la
recesión de la presidencia de George H. Bush, lo llevó a la victoria:
«it’s the economy, stupid». Su fácil consumo se debe a esa sencillez que
entiende la generación McDonald.

Hillary Clinton es hija de un hombre y una mujer pero, a pesar de lo que
pueda decir el psicoanálisis, todos la ven como una mujer, and period.
Barack Obama es hijo de una blanca y un negro pero es negro, y punto.
Esto último se deduce de todo el lenguaje que se maneja en los medios y
en la población. Nadie ha observado algo tan obvio como el hecho de que
también puede ser considerado tan blanco como negro, si caben esas
categorías arbitrarias. Esto representa la misma dificultad de ver la
mezcla de culturas en el famoso «melting pot»: los elementos están
entreverados, pero no se mezclan. De la fundición de cobre y estaño no
surge el bronce sino cobre o estaño. Se es blanco o se es negro. Se es
hispano o se es asiático. El perjudicado es John Edwards, un talentoso
hombre blanco que salió de la pobreza y parece no olvidarla, pero no
tiene nada políticamente correcto para atraer. Ni siquiera es feo o
maleducado, algo que mueva a un público compasivo.

Pero las palabras pueden —y en política casi siempre lo hacen— crear la
realidad opuesta: Hillary Clinton dijo hace pocos días, en Carolina del
Sur, que amaba estas primarias porque parece que se nominará a un
afro-americano o a una mujer y ninguno va a perder ni un solo voto por
su género —aquí se evita la palabra «sexo»— o por su raza («I love this
primary because it looks like we are going to nominate an
African-American man or a woman and they aren’t going to lose any votes
because of their race or gender»). Razón por la cual Obama le habla a
las mujeres y Clinton a los afroamericanos. Razón por la cual Florida y
California —dos de los estados más hispanos de la Unión— se resistirán a
apoyar a Obama, el representante de la otra minoría.

Así, mientras la costumbre ha pasado a despreciar la calificación de
«políticamente correcto», nadie quiere dejar de serlo. Los debates de
las elecciones 2008 me recuerdan a la Cajita Feliz de McDonald. Tanto
derroche de alegría, de felicidad, de sonrisas alegres no necesariamente
significan salud. La Secretaria de Estado de la mayor potencia mundial
es una mujer negra. Desde hace años, una mujer afroamericana tiene más
influencia sobre vastos países que millones de hombres blancos. Sin
embargo, la población negra de Estados Unidos —como la de muchos países
latinoamericanos— continúa sin estar proporcionalmente representada en
las clases altas, en las universidades y en los parlamentos mientras que
su representación es excesiva en los barrios más pobres y en cárceles
donde compiten a muerte con los hispanos por la hegemonía de ese dudoso
reino.

– Jorge Majfud, The University of Georgia.