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Foro Social Mundial, una lucha contrahegemónica, no altermundista

Ene 18 2008

Entrevista de Mario de Queiroz

Coimbra, Portugal, ene .“La movilización global contra el capitalismo, la injusticia social y la opresión exigen convergencias densas e intensas a partir de las diversidades y diferencias plenamente asumidas”, dijo el sociólogo Boaventura de Sousa Santos, quien vaticinó serias dificultades futuras para las reuniones del Foro Social Mundial (FSM).

Debido “al aumento del militarismo y de la paranoia por la seguridad que hoy caracteriza al neoliberalismo, preveo que en el futuro a muchos militantes les va a ser impedido viajar, rechazándoseles visados de entrada en otros países, porque está en marcha una nueva forma de criminalización de la protesta social”, explicó.

El catedrático de la Universidad de Coimbra, doctorado en sociología del derecho en la Universidad de Yale, es también profesor en las universidades de Winsconsin-Madison, de São Paulo y la London School of Economics, altos grados académicos que no le indujeron a encerrarse en una torre de marfil intelectual.

Muy por el contrario, en toda su vasta intervención pública, ha defendido con vehemencia que los movimientos sociales y cívicos fuertes son esenciales en la democracia participativa. En tal sentido, se ha destacado como un activo participante en el FSM.

— ¿Cree que fue buena idea no hacer un encuentro del FSM este año, sino actos locales por todo el mundo, con riesgo de dispersión, pérdida de identidad, desmovilización en los próximos años?

BSS: Toda movilización política debe caminar al ritmo de sus militantes y dirigentes. En el caso del FSM lo que verdaderamente cuenta hoy es el ritmo de las organizaciones y movimientos que integran el Consejo Internacional (CI). Ya hace años que algunas organizaciones decían que las energías invertidas en su preparación, les impedía realizar adecuadamente sus agendas especificas de acción y que sería preferible celebrarlo como evento mundial, cada dos años. Esa opción es la que ahora obtuvo el consenso del CI.

Personalmente, veo esta fórmula como una prueba más de experimentalismo de que el FSM es capaz y por eso, no la veo como mala idea, sino por el contrario, nos permitirá identificar y evaluar otra posible dimensión del FSM hasta ahora poco practicada: su capacidad real de articulación entre iniciativas muy diferentes y muy dispersas.

Además de la fecha y de algunas líneas de orientación muy generales, ¿Qué van a tener en común las miles de iniciativas?. ¿Será posible a través de ellas obtener un retrato más exacto de las preocupaciones del mundo no-conformista y del tipo de objetivos y de acciones está dispuesto a emprender? ¿Vamos a obtener un mejor conocimiento sobre el máximo de conciencia de los movimientos y organizaciones que dicen querer otro mundo posible?.

O sea, en vez de dispersión y de perdida de identidad, yo veo sobretodo una oportunidad para nuevos tipos de agregación y reinvención de la identidad. Lo importante es tener en mente que el FSM se realizará este ano, pero de manera nueva, extremamente descentralizada. Sería especialmente satisfactorio para mi si de la evaluación del Día de Acción Global (DAG) resultase la decisión de empezar a realizarlo todos los años, simultáneamente con un evento mundial ciertamente más pequeño.

Así, los militantes podrían contar con dos formas muy diferentes, pero convergentes, de participar en el FSM. Sería otra muestra de experimentalismo que, en mi óptica, ha sido una de las marcas distintivas del FSM. Pero, preveo que se abrirán nuevos desafíos al FSM a corto plazo y que el foro, aunque manteniendo su filosofía de base, pueda pasar por transformaciones más profundas.

–¿Por ejemplo?

— Articularse con otras iniciativas transnacionales y aprender con ellas. Pienso en el gran movimiento de educación popular y en “La Otra Campaña” de los neo-zapatistas. Tanto una como la otra con enormes virtudes y en el caso especifico de la segunda, representa una forma nueva de crear la contra-hegemonía, una nueva cultura política y una nueva política de alianzas.

–El CI se divide entre mantenerse solamente como foro abierto y asumir formalmente posiciones políticas como FSM, basadas en consenso. Algunos de los últimos ven un cierto estancamiento y falta de perspectivas, sin la toma de posiciones…

–Todas las iniciativas políticas nuevas, como es el caso del FSM, enfrentan dos dificultades específicas: el lenguaje que usan pertenece siempre más al pasado que al futuro, incluso cuando parece lo contrario y, sus integrantes están siempre divididos entre la experiencia pasada y la voluntad de innovar, aunque nieguen tal división.

La novedad del FSM consiste en asociar una forma de organización nueva, con la meta de crear una cultura política nueva. Por esa razón, yo siempre defino el FSM como una forma de globalización contra-hegemónica y no como alter-mundialismo. Es una lucha tanto cultural como política, donde la cultural tiene un proceso de maduración mucho más lento que la política.

Las lógicas de estas dos luchas a veces chocan. La idea del FSM-espacio, apunta más hacia la dimensión cultural y la del FSM-movimiento, más hacia la dimensión política. Pero la polarización de las dos ideas es una herencia del pasado del pensamiento de la izquierda, ya que no permite ver que el espacio abierto es en si mismo un movimiento, es un espacio en movimiento.

Por otro lado, ambas partes tienen concepciones euro-céntricas sobre procesos de decisión: la idea de que para asumir acciones políticas concretas es necesario decidir y eso nunca será posible por consenso. Ahora bien, los pueblos indígenas deciden por consenso y en esa base están organizando movimientos portentosos en América Latina. Sin embargo, ¿es posible imaginar lo mismo en movimientos y organizaciones creadas en el caldo de la cultura occidental aunque pertenezcan al Sul Global?

En estas condiciones, abandonar el consenso significa acabar con el FSM tal como lo conocemos. Defiendo que se tomen decisiones de acción política siempre que sea por consenso, en áreas donde se prevean bajos niveles de conflictividad.

El FSM está creando condiciones para acciones globales de confrontación política, pero no me parece que sea este que las asuma, porque estas deberán asentarse en fuertes raíces locales y nacionales y el foro no lo garantiza.

–¿No hay un problema de representatividad en el FSM, e incluso de democracia interna, con movimientos sociales que comprenden millones de activistas en muchos países teniendo la misma voz que organizaciones no gubernamentales locales de pocos miembros?

El FSM no es un parlamento o un partido. Nuestras concepciones de representatividad y democracia fueron creadas teniendo en cuenta las organizaciones. Los debates que a este propósito se realicen serán muy útiles porque así estaremos pensando en nuevas formas de organización y de legitimidad políticas. Por ejemplo, ¿Como sería un parlamento mundial o un partido global? La función histórica del FSM es abrir y no cerrar ese debate. A mi juicio, el problema del FSM es no ser mundial, ni en términos de participantes, ni de temas, ni de orientaciones políticas. Pero, la combinación futura entre FSM-evento y DAG , puede ser una solución promisoria.

–El dramatismo que ganó el cambio climático ¿no obliga el FSM a modificar sus prioridades, sus temas centrales?

–Sin duda. Lo importante es que el tema no esté en el FSM a la Al Gore, o sea, como un problema que no tiene que ver con el capitalismo global, con los movimientos indígenas y campesinos, con la cuestión de la tierra y del agua, con la discriminación contra las mujeres.

Los debates sobre el cambio climático son la nueva frontera de la construcción de la contra-hegemonía, una forma de mostrar a la ciudadanía común que la sociedad, tal como la conocemos, no sobreviviría. Es decir, obliga a pensar que si la transformación social o comienza por nosotros, en nuestras casas, hábitos y mentalidades, o nunca comenzará.

–La repercusión del FSM, después del impacto de la novedad de los primeros encuentros, parece haberse reducido. ¿Qué falta para mayor incidencia del Foro en la política, en la vida de las personas y de las sociedades?

–El FSM tuvo un fuerte efecto-sorpresa y fue lo que le granjeó popularidad, incluso ante sus adversarios. De ahí la curiosidad inicial de los grandes medios de comunicación social. El problema es que el efecto-sorpresa no es reproducible. Una vez agotado, el impacto del FSM es de larga duración y eso no les interesa a los medios y, es además potencialmente peligroso y por eso debe ser silenciado.

Pero, no hay que desmoralizarse por el silencio de los medios ni cometer el error de pensar que ese silencio es un indicador de pérdida de importancia del FSM. Por el contrario, es la importancia potencial del foro la que motiva el silencio y por eso la gran importancia de los medios alternativos e independientes.

–Las investigaciones sobre el perfil de los participantes muestra un FSM compuesto de una élite intelectual, con una mayoría de escolaridad universitaria y de las capas medias. ¿Esto no contradice los ideales de inclusión social, de cambiar el mundo?

–La transformación progresista del mundo raramente nació de acciones protagonizadas solo por los excluidos y oprimidos. Las grandes luchas fueron siempre el resultado de alianzas entre grupos sociales más oprimidos y grupos menos oprimidos y los que no siendo directamente oprimidos, se solidarizaron con la suerte de los oprimidos, al juzgar injusto que su bienestar se asentase en el malestar de los oprimidos. Así fue con el antiesclavismo y con el movimiento obrero.

El intelectual dejó de ser el detentor de un conocimiento privilegiado. El intelectual es un acompañante solidario y crítico, un facilitador en la articulación de experiencias y acciones que ocurren en las diferentes escalas, locales, nacionales, regionales y globales, que combinan diferentes agendas transformadoras, tales como la indígena, mujeres, campesinos, derechos humanos y ecología. (fin-2008)