General

Los Acuerdos de Asociación europeos

Ene 21 2008

Umberto Mazzei

Peter Mandelson, Comisario de Comercio de la Unión Europea (UE), hizo en diciembre una visita de dos días a Guatemala. Vino a reunirse con el Presidente electo Álvaro Colom, con empresarios de la región y con sus contrapartes centroamericanas que negocian el Acuerdo de Asociación (AA) de la Unión Europea y América Central.

Durante esa visita concedió una entrevista a Prensa Libre, que es reveladora. Afirma haber venido para apoyar el proceso de integración centroamericana, porque eso permitirá a la región competir a nivel global. Nos preguntamos si sabrá que la integración centroamericana es tan vieja como el Mercado Común Europeo (1958) y que el principal socio comercial de todos los países centroamericanos es el Mercado Común Centroamericano, donde venden productos de mayor valor agregado que los exportados fuera del área.

Mandelson fue claro al decir que la primera ronda no había sido sino “acercar a los equipos así como conocernos mutuamente”. También dijo que “fue importante para explorar las sensibilidades en ambos lados de la mesa y las posibilidades que tiene el Acuerdo…” Que las propuestas negociadoras tendrán lugar cuando en febrero se trabaje sobre textos, en Bruselas.

La experiencia ACP

La Unión Europea ha venido dando un acceso preferencial sin reciprocidad al grupo ACP (África-Caribe-Pacífico) de 79 países – antiguas colonias- que funcionaba sucesivamente bajo las convenciones de Lomé y Cotonou. Los países en desarrollo excluidos han protestado en la OMC ese trato discriminatorio y es seguro pedirán un panel al vencerse la última exención en 2007. La Unión Europea busca ahora una liberación recíproca bajo el manto de los acuerdos regionales de comercio, como los que usa Estados Unidos. Saber lo que va a proponer la Unión Europea a América Central es fácil. Basta con mirar las propuestas hechas a los países ACP y a el África.

La duda sobre la conveniencia de cambiar los acuerdos ACP de apertura asimétrica por otros de apertura mutua es justificada. Durante la vigencia de los sucesivos acuerdos heredados de la relación colonial la participación de los países ACP en el mercado europeo descendió, aunque con fluctuaciones haya subido a unos US$ 60 Millardos. En 1976 era un 6,7% y en 1999 apenas un 2,8% y del comercio europeo con los países en desarrollo bajo del 14,8% a un 4.1% en ese mismo período.

La estructura del comercio no ha variado desde la época colonial: la mayor parte de las exportaciones ACP son materias primas y productos primarios como pescado, café, cacao que pagan poco arancel en la UE (con excepción de muy pocos, como bananas) y eso explica el desplazamiento en el mercado. Las importaciones de Europa siguen siendo bienes industriales y servicios. Las exportaciones de la ACP hacia Europa son, además, desequilibradas: un tercio proviene de la próspera Sur-Africa y un quinto (petróleo y gas) de Nigeria.

El proyecto de la Unión Europea era de dividir la ACP en seis grupos que gradualmente eliminasen obstáculos a las importaciones provenientes de la Unión Europea y entre ellos mismos. La propuesta encontró resistencia, en particular por lo que concierne a una apertura en Servicios, Propiedad Intelectual y a una relación subalterna – como en CAFTA- hacia las inversiones. Se debate si esos acuerdos de apertura mutua benefician a los países ACP y si en verdad son otra cosa que instrumentos de promoción de exportaciones europeas. La principal resistencia viene del África.

La negociación africana

Desde que es Comisario de Comercio (2005) el mantra de Mandelson es “poner el comercio al servicio del desarrollo” y suena como una enmienda de culpas coloniales. No es que sus palabras siembren mucha confianza. África recuerda que sus conquistadores europeos siempre llegaron con un acuerdo de comercio en el bolsillo. Algo de esa aprensión se percibió en las reuniones que tuvieron lugar -también en diciembre- entre negociadores europeos y africanos.

El nítido prototipo de acuerdo que proponía la Unión Europea a los grupos de integración regional africanos se desintegró – los grupos y las propuestas- para convertirse en un entreverado desorden. La cobertura de la propuesta europea tuvo que ser modificada y se propuso un acuerdo transitorio que excluye servicios e inversiones y cubre sólo bienes. Tampoco hubo aceptación neta. La UE busca ahora romper los grupos regionales creando subgrupos y negociando directamente con los gobiernos.

Una reacción previsible, porque los países africanos – al igual que los latinoamericanos – no tienen el mismo nivel de desarrollo, ni igual capacidad negociadora, ni los mismos intereses, ni la misma estructura económica o política. La única cosa que repiten bastante al unísono es la acusación de que la Unión Europea actúa sólo en beneficio de sus exportadores, acentuado por reglas de origen que exigen insumos europeos y que la liberación que exige ahora perjudica a las grandes mayorías pobres de África.

A fines de noviembre la Unión Europea logro firmar un acuerdo con cinco países del África oriental que recortaría el 82% de los aranceles a las exportaciones europeas, el 64% del resto en dos años y el total en 15 años, con pocas excepciones vulnerables. Según Oxfam en Bruselas- citada por el Financial Times“el enfoque europeo, en esencia, fuerza a los países de África oriental a escoger entre garantizar el mercado a sus productos agrícolas hoy o mantener un grado de protección para promover un crecimiento industrial en el futuro; que es el camino que han seguido todos los países desarrollados.”

Esa opinión sobre los Acuerdos de Asociación es compartida por otros grupos europeos que luchan por la equidad comercial y por otros países en desarrollo que ven como, con el pretexto de remediar la discriminación del convenio de Cotonou, se trata de excluirlos del mercado africano mediante un trato preferencial a productos europeos, sin discriminar siquiera si son subsidiados.

Una curiosa interpretación de la llamada cláusula de la Nación –Más-Favorecida (igual trato a todos) exige que se de a la UE el mismo trato que se de a cualquier otro país con quien se firme un acuerdo preferencial. Esa cláusula básica del GATT/OMC es la que se tolera que violen los acuerdos regionales en nombre de la expansión local del comercio. Con ese nuevo criterio, el progreso de la integración entre países africanos o con otros grupos en desarrollo asocia automáticamente a la Unión Europea.

Ninguno de los grupos de integración regional africanos ha suscrito en bloque. Aquellos que la UE ha logrado hacer firmar alguna de sus propuestas cortan una línea divisoria entre esos grupos; tal como los TLCs de Estados Unidos con países del Pacto Andino o ALADI. La negociación con la UE ha dividido a los países africanos en tres grupos: los que han firmado (18 ), los que se resisten (15 con Comunidad Económica de África Occidental y Sur África) y los indefinidos. Hay dos hechos: que entre quienes se resisten están Sur África y Nigeria, los principales socios comerciales y otro es que los acuerdos provisorios firmados no son iguales.

La mentira que no se ha dicho

Cuando Eduardo Smith – Prensa Libre- le pregunta a Mandelson que se hará con los subsidios europeos a la agricultura este le responde:” La mejor forma de lidiar con esto es por medio de las negociaciones en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Espero que en el primer trimestre del 2008 pueda haber algún acuerdo en este escenario”. Sabemos muy bien que no hay en la OMC alguna propuesta europea o estadounidense para eliminar los subsidios que ambos dan a sus productos agrícolas; las propuestas que han presentado son para mantenerlos.

La respuesta de Mandelson sobre los subsidios agrícolas es la misma respuesta que dieron los negociadores de Estados Unidos a Méjico, en NAFTA y a Centroamérica en CAFTA. Hace 14 años que el NAFTA entro en vigor, hay 2 millones de campesinos mejicanos desarraigados y en este 2008 desaparecen las limitaciones para exportar a Méjico productos agrícolas subsidiados. Desde 1994 los subsidios de Estados Unidos no bajaron, se duplicaron. Desde 1995 se negocia ese tema en la OMC, sin que se vea alguna intención de eliminarlos, pero si de que se quiere aumentar las exportaciones subsidiadas

Es cierto que – a diferencia de Estados Unidos – la Unión Europea tiene un programa de reducción de sus subsidios agrícolas. Pero es uno que aún le deja unos formidables US$43 Millardos con los que ningún agricultor de África o América Central puede competir.

Conclusión.

Si en América Central o los Andes los gobiernos quisiesen negociar con la Unión Europea y no sólo tomar su dictado – como ante Estados Unidos – es posible que lograsen acuerdos adaptados a su circunstancia local. La Unión Europea esta acostumbrada a conjugar la diversidad. Otra cosa es que las preferencias valgan la pena.

Fuente: Instituto de Relaciones Económicas Internacionales (IREI), Ginebra

ALAI- AmLatina