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VENTAJAS Y DESVENTAJAS DE HILLARY Y BARACK

Ene 21 2008

Por Joaquín Roy (*)

MIAMI, Ene (IPS) La imparable carrera establecida entre Hillary
Clinton y Barack Obama, para lograr la nominación del Partido
Demócrata en pos de la presidencia, refleja una prueba más del
aparente rumbo de corrección de la política de Estados Unidos y de sus
señas de identidad. Maltrecha su imagen exterior, una parte del
electorado norteamericano suficiente para desbancar a los
republicanos, ha decidido optar por la variante del cambio, aunque
esta «estrategia» esté sujeta a aclaraciones y matices.

En contraste con el perfil de sus colegas demócratas (con la
diferencia moderada de Bill Richarson, de madre mexicana) y de todos
los pretendientes republicanos, Clinton y Obama presentan como cartas
credenciales la importante novedad de su entrada en la Casa Blanca. A
riesgo de caer en el lugar común, Hillary sería la primera mujer en
los más de dos siglos de historia del país; Barack sería el primer
negro. De llegar al poder, en la superficie, ambos podrían ser puestos
como ejemplo de dos casos de «discriminación positiva» («affirmative
action»), política adoptada desde los años sesenta para elevar a
mujeres y miembros de las minorías marginadas a los puestos que la
sociedad aparentemente les había vedado.

Ambos casos, en las circunstancias actuales, pueden también leerse
como oportunidades de curarse en conciencia por el balance tradicional
de la cúspide del poder del país más poderoso de la tierra. Mucho se
ha progresado desde la lucha por los derechos civiles de los tiempos
de Martin Luther King y de las reclamaciones feministas, pero todavía
hay parcelas de influencia que aparentemente les están vedadas a
negros y mujeres. La captura de la Casa Blanca por una mujer o un
negro sería una bendición para acostarse con la conciencia tranquila.

Pero ambos cargan un lastre del que deberán desembarazarse. Para
Obama, naturalmente, paradójicamente el demérito que muchos le echarán
en cara es la otra vertiente de su origen racial. Lo que antes era
visto como una desventaja insalvable, en los tiempos confusos de
cambio se convierte en lo contrario, salir con ventaja en una carrera
en la que los inicialmente rezagados no pueden competir de la misma
manera. Obama va a ser precisamente acusado de haber llegado al lugar
que ahora ocupa, «principalmente» por ser negro. Ser senador junior y
haberse graduado de abogado son honores compartidos por otros que no
han tenido, ni tendrán, oportunidad de capturar la atención universal
que él posee.

Para Hillary el sambenito que va a sufrir, que no la va abandonar en
lo que se prevé sea un ejercicio cruel y en ciertos aspectos sucio, es
haber llegado a este nivel, gracias a su «experiencia» de ser la mujer
de un ex-presidente, y no precisamente de uno mediocre y olvidable.
Además, ella misma ya se destacó por su activismo y por haber sido en
cierta manera la víctima de las veleidades de Bill. Es cierto: Hillary
no es una novata; su expediente en el Senado ya es sólido. Pero no va
a evitar la acusación de que ambos honores (carrera senatorial y
candidatura presidencial) los debe a su marido. La sospecha de
endogamia y favoritismo (presente en la vida política de Estados
Unidos) planea en el ambiente. Recuérdese que la actual Presidenta
argentina Cristina Fernández respondió con su conocida contundencia
que ella ya tenía una experiencia parlamentaria antes de ser la
primera dama al lado de Kirchner.

Hillary y Obama se quieren beneficiar de ser la alternativa y el
cambio, para borrar el impacto de la desgraciada presidencia de Bush,
principalmente en la división anímica del país y en su destrozada
imagen exterior. Pretenden presentarse como outsiders, opuestos al
establishment. Clinton es la que más va a sufrir en demostrarlo,
aunque Obama no puede sostener que un senador provenga directamente del barrio.

Al final, si esta pareja es la que se presenta a la convención
demócrata, ya con los votos contados, la batalla pendiente es ver si
el núcleo del partido considera que lo más importante es conseguir no
únicamente elegir su candidato, sino que logre capturar el favor de
los que normalmente votan republicano o se abstienen. En un país que,
con la excepción del régimen de George W. Bush, se precia de no tener
bandos ideológicos irreconciliables y donde los partidos son meramente
coaliciones electorales, si el dúo se ofrece como la elección entre el
centroderecha (Hillary) y el centroizquierda (Obama), la ventaja es de
la ex primera dama.

Entonces solamente quedaría elegir al candidato a la vicepresidencia.
De ser rechazada como número 1, Hillary no se contentará con ser
comparsa; ése secundario honor puede ser aceptable para Obama. El
triunfo estaría garantizado. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Joaquín Roy es catedrático ‘Jean Monnet’ y director del Centro de
la Unión Europea de la Universidad de Miami (jroy@Miami.edu).